El efecto Gibraltar

La ley de Unidad de Mercado era una vieja petición de la CEOE y tiene tanto de real (ahorro de costes), como de psicológico (las autonomías como fijación generacional). El Gobierno, sin presentar memoría económica, cifra el efecto en el PIB en 1,5%  en diez años. Al no haber memoría, podría haber sido un 1,25% o un 3,1416%, 10% o más. Incluso, un portavoz gubernamental podría haber salido diciendo: gracias a la ley de Unidad de Mercado, se podrá follar en Bilbao y tomar una buena caña en Sevilla. Es posible que, si sumamos el efecto economico previsto de todas las leyes, España debería ser la primera potencia económica mundial. Da igual. Nadie lee; ni siquiera los escritores.

El Gobierno, en la rueda de prensa, ofreció varios ejemplos concretos, un acierto comunicativo con pocos precendentes y de aire alaoeste. Una constructora ya no tendrá que estar domiciliada en la comunidad autonóma de marras para presentarse a un concurso. Es interesante que el Gobierno esté apoyado por el mismo partido que defiende que una persona sí tiene que estar empadronada (y muchos años) para optar a servicios municipales. Tampoco es para alarmarse, la globalización financiera y la reclusión ciudadana es una característica de toda la legislación en los últimos. Es la base de los tratados de libre comercio o del de Mastrich.

El ejemplo me hace pensar si un efecto no deseado será la acumulación de empresas en lugares con fiscalidad ventajosa, como País Vasco y Navarra, o si la norma provocará una subasta impositiva entre comunidades para no perder empresas que, como en el caso de Madrid, se traducirá en aumentos de impuestos directos a los ciudadanos en forma de tasas o precios de los servicios municipales. Es probable que también ocurra con los profesionales. No de forma alarmante, tampoco es esperable un Gibraltar, pero es posible que, dentro de unos años, descubramos que Extremadura tiene un fontanero por habitante gracias a su ley de registro y su tributación.

Puede ser que no y que todo sea como dice el Gobierno, que no se produzca el efecto Gibraltar y que tengamos un 1,5% más de PIB, pero esa cifra sale de un axioma falso: las empresas reinvierten. La norma reducirá costes de tramitación o distribución, pero que ese dinero vaya a dedicarse al sistema productivo es algo que solo se sostiene con una fe nunca probada. Los beneficios pueden reivertirse en investigación o empleo, pero también en adquisiciones corporativas o en mayores dividendos o bonus o en yates más grandes o en follar en Bilbao.

Que las empresas tengan más dinero, a pelo, no quiere decir nada. Se necesita un marco legal y, sobre todo, mental, que beneficie el sistema productivo frente al extractivo. Durante años, España ha tenido cientos de miles de empresas con beneficios desmesurados que nunca se dedicaban a tejido productivo. Estábamos en los primeros puestos en coches de lujo, yates, putas o consumo de cocaína. También, en centros de cultura contemporánea y rotondas cultivadas.

Y, lo más importante, para que la empresa embotelladora citada por la vicepresidenta funcione necesita una cosa: vender. Y esto es un acto que se produce significativamente cuando hay grandes grupos de población con excendentes de renta. Si no se revierte la devaluación social y se convierte en empobrecimiento, seguiremos hacia el modelo maquila.

PD: Intuyo, subrayo el verbo, que no es una ley de los empresarios para los empresarios, sino de los abogados del estado para la CEOE. Las hostias ente administraciones serán finas.

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