Las cosas no son inmortales

Hace treinta años, un día como hoy, todo el mundo sabía quién había ganado el Giro, quién había sido el triunfador de San Isidro y quién era el campeón del mundo y de España en las principales categorías del boxeo. No creo que más de dos o tres personas supieran quién lideraba la clasificación del mundial de Fórmula 1.

Las cosas pasan. No pasan tan rápido como para adaptarse a los formatos televisivos, pero pasan. Todo análisis de cualquier situación debe partir del hecho de la posibilidad de cambio y la ausencia de inmortalidad. El baloncesto no es inmortal, el PSOE no es inmortal, España no es inmortal o la democracia no es inmortal.

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