Imperio Europeo

En su libro Armas, gérmenes y acero, Jared Diamond explicaba por qué Europa había conquistado el mundo y no, por ejemplo, Australia o Sudamérica. Para él, había varios factores, pero el decisivo era la ausencia de un poder central tras la caída del Imperio Romano.

China o cualquier otro sistema, como los imperios americanos, tenían un poder centralizado que, cuando caía, provocaba un colapso general. Todo se iba al carajo. Basta leer un poco de la historia de China para entenderlo. Por ejemplo, el detalle del emperador que hizo destruir la flota para centrar los esfuerzos bélicos en las amenazas terrestres.
En Europa, en cambio, la existencia de muchos centros de poder ha evitado esa situación. Si España flojeaba, estaba Francia; si las ciudades italianas decaían, emergían las de la Hansa. Todos los países competían comercialmente y eso quiere decir guerras, pero también negociaciones políticas y avances científicos y artísticos. Si alguien cometía una estupidez, como prohibir las autopsias para estudiar el cuerpo humano, otro seguía con las investigaciones.
Recordé el libro hace semanas cuando leí que alguien sostenía que la política económica europea debía unificarse aún más. Habrá que leer la historia de China para intuir qué será de nosotros.

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