La Comunidad de Madrid y el modelo soviético de empleo

Cuando existíamos, los rojos acostumbrábamos a argumentar que una de las cosas buenas de los países del socialismo real era la ausencia de paro. Siempre salía alguien con jersey de pico diciendo que ese dato era mentira porque el estado empleaba a los parados para maquillar las cifras. Acabados los estudios, los rojos, que éramos unos vagos que no queríamos trabajar, nos dedicamos a buscarnos la vida y los liberales del jersey de pico se metieron en la administración pública para vivir de los demás, que es lo que siempre han hecho los liberales españoles.

Un ex jersey de pico ha diseñado la nueva ocurrencia contra el paro de la Comunidad de Madrid que, inconscientemente, reproduce la estrategia de los países del socialismo real: que el estado contrate a los parados (lo que demuestra que la evolución de la política actual no tiene nada que ver con el capitalismo o con el liberalismo). Tampoco es solo una devalución para ahorrar costes: la administración echa a gente a la que después recupera pagándole menos dinero. Tiene que ver con la minusvalorización del trabajo, la culpabilización del desempleo o la alienación del trabajador.

La disminución de la lista del paro (y de los subsidios) vendrá con la gente que no pueda aceptar esos trabajos. Tener que desplazarte ocho horas a, quizá, otra localidad puede significar unos gastos inasumibles. Si una persona de Móstoles (Sur de la Comunidad) tiene que estar a las ocho de la mañana en Alcobendas (Norte de la Comunidad), debe salir de su casa antes de las siete y asumir el gasto en gasolina o en abono transporte (en una casa donde ya es posible que no se coma carne). Si tiene hijos, debe coger el horario ampliado o la ruta y, también, dejarlos al comedor, donde las becas han desaparecido. Es decir, para conservar la prestación de 800 euros tiene que gastarse 600, estar todo el día fuera de casa y joder a sus hijos levantándolos a las seis de la mañana. Y el de Móstoles-Alcobendas es un caso normal. De Aranjuez (muy al Suroeste) a Alcalá (muy al Noreste) no hay menos de dos horas.

Cuando salgan estos casos (Aranjuez-Alcalá), la Comunidad de Madrid dirá que son casos aislados. Cuando salga que hay una orden interna de colocar a la gente lejos de su casa, dirá que es un plan piloto. También dirá que lo importante es que se está dando una oportunidad a las personas que quieren trabajar de verdad, a la vez que se está controlando a las que quieren vivir del subsidio.

Ese subsidio, conviene recordarlo porque nadie lo tiene en cuenta, no es una limosna de la Comunidad, sino dinero que el trabajador ha cotizado previamente. Es decir, la administración me pide condiciones para devolverme un dinero que era mío y, si no las cumplo, se lo queda. Sucederá con las pensiones que, insisto, serán el gran timo de este siglo.

Además de que los trabajadores no sientan el dinero de la prestación como propio (cuando lo han pagado durante su etapa laboral) también se trata de que los trabajadores luchen entre ellos por una pequeña cantidad de recursos y asuman que el resto, casi la totalidad, aunque lo paguen con sus impuestos, está fuera de su alcance.

Es un sistema importado de Estados Unidos y que tiene que ver con el mito de la madre soltera negra, esos batallones de mujeres que antes de la llegada de Reagan vivían a cuerpo de rey con las ayudas públicas mientras sus numerosos hijos rodaban por la delincuencia atemorizando a las honradas familias blancas de clase media. En realidad, las principales receptoras de ayudas sociales eran las familias blancas golpeadas por la primera desindustrialización.

Pero este mito fue el marco mental de un edurecimiento del acceso a las ayudas que, por ejemplo, obligaba a los parados a desplazarse cientos de kilómetros para trabajar. Si no aceptaban todas las ofertas, quedaban excluidos de cualquier tipo de ayuda pública. Ese mito fue el marco mental del desmantelamiento del estado del bienestar en EEUU, donde no había seguridad social, pero sí un razonable ascensor social.

Lo importante, sin lo que después no se pueden hacer estas políticas concretas de culpabilización del desempleo o apropiación de las cotizaciones, es la base ideológica y la que tenemos separa al trabajador de su fuerza de trabajo y del fruto de su fuerza de trabajo. Los trabajadores no se reconocen como tales y, por tanto, no existen. No perciben de su poder como trabajadores y, por tanto, tampoco como ciudadanos. No son conscientes de lo que producen y cómo ese producto es revendido y, por tanto, se puede incautar.

Conviene leer a Marx (y a Engels) de vez en cuando.

Deje un comentario