Asume tu culpa y páganos más

Todo se jodió cuando dejamos que nos quitaran las bolsas de plástico. Rodeados de cadáveres de osos polares, focas y leones marinos, todos atragantados por residuos de plástico, aceptamos pagar por lo que antes era gratis; es decir, aceptamos que un servicio se convirtiera en un producto más. Después llegó la sanidad, la educación, etc. y vendrán las pensiones, pero todo comenzó con las bolsas de plástico.

El objetivo de la empresa era económico, ahorrarse la tasa de basuras y ganar dinero con las bolsas grandes, como hacía Ikea, pero necesitaba un componente emotivo que, sobre todo, trasladase la culpa al consumidor: pájaros atragantados, pingüinos asfixiados, delfines moribundos, bosques enteros secándose, glaciares derritiéndose… todo por culpa esa bolsa de plástico que derrochabas sin pudor.

En el almacén, el supermercado tiraba toneladas de comida en envases de plástico, comida que llegaba en grandes cargueros que producían toneladas de desperdicios, comida producida gracias a deforestaciones y matanzas de animales, pero eso era algo inevitable y que era muy difícil modificar porque dependía de muchos factores. Déjalo. No se puede. Es imposible.

El cambio, decían, está en tu mano. Renuncia a la bolsa de plástico y di sí a las ballenas, los glaciares y los bosques. Asume tu culpa y páganos más.

Es un sistema parecido al que ahora se está utilizando con la deslocalización. La culpa no es de los gobiernos, ni de las empresas, sino del consumidor, que quiere productos de bajo precio. Este sería un razonamiento correcto si, por ejemplo, las camisetas valieran un céntimo y medio en lugar de 20 ¤. Ese es el valor de los costes laborales. Hay más, claro, pero no llegan ni a la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de los 20 ¤. Una camiseta no debería pasar de los dos euros.

¿Dónde está la pasta, qué pasa con los 18 pavos? El beneficio neto de Inditex fue de 2.361 millones (las ventas llegaron a 15.946), un 22%, y aumentó su dividendo en la misma cantidad. Amancio Ortega recibió 813 millones solo por este concepto y Rosalía Mera, 95,9 millones. La desigualdad en el reparto de los recursos, en todas las especies, se logra con violencia. El hombre es el único animal en el que el exceso de desigualdad no provoca el colapso del colectivo.

Puede que veamos campañas parecidas a las de las bolsas de plástico. Nos mostrarán fotos de los talleres del sudeste asiático y nos dirán que tenemos que pagar algo más de los 20 ¤ para mejorar las condiciones de vida de esos trabajadores. El margen de la empresa, como el almacén del supermercado, es inevitable y es muy difícil de modificar porque depende de muchos factores. No se puede. El cambio está en tu mano. Asume tu culpa y páganos más.

Y ni si te ocurra pensar en cambiar nada. Por ejemplo, fijar un margen máximo de beneficio o obligar a tributar en el país de venta. Déjalo. No se puede. Es imposible. Piensa en las ballenas.

Deje un comentario