El cóctel alemán

Comienza a haber un cambio. Poner el foco en Alemania (y en el resto de países ahorradores) ya no es paranoico. Ya lo hace la prensa y algunos dirigentes políticos. Sin embargo, en sus análisis, falta perspectiva, contexto y, sobre todo, política. Alemania no actúa así por una cuestión ideológica; es decir, no defiende la austeridad porque crea en ella (ojo, su clase trabajadora, sí). Alemania (y en el resto de países ahorradores) actúa así porque le conviene a nivel práctico.

Alemania (y en el resto de países ahorradores) sufrieron un grave problema de activos tóxicos que obligaron a los gobiernos a poner en marcha rescates que mutualizaron la deuda privada. Conviene echar un ojo a la tremenda erección que sufren los datos alemanes aquí. Antes de la la crisis periférica, pudo estallar la austro-húngara, pero se detuvo con un rescate decidido en menos de un mes. Grecia fue una oportunidad para Alemania (y en el resto de países ahorradores). Se dejó pudrir políticamente meses y meses para que la crisis de activos tóxicos del Norte se transformara en una crisis de deuda pública de países del Sur. Conviene echar un ojo al destrempe de los datos alemanes desde que la crisis mutó de forma y mudó de lugar.

El problema es que la solución no es una solución y, en Alemania (y en el resto de países ahorradores), se dan las condiciones para que la crisis vuelva a estallar allí de una manera mucho más virulenta. Es decir, para que no se quede en el sistema financiero y afecte a la estructura política y social del país.

Primero, el problema financiero no ha desaparecido completamente. Los bajos tipos de interés han permitido a Alemania financiarse a costes negativos y mitigar el problema de la mutualización de las deudas entre 2008 y 2010, pero se trata de una burbuja. Ese flujo externo de capital buscaba solo buscaba refugio y puede encontrarlo en otros lugares. Esos bajos tipos de interés también han limpiado parte del prolema de activos tóxicos, pero siguen ahí y pueden ser contabilizados al 100%, aunque no pasen los mismos exámenes que el resto. Pero, insisto, siguen ahí.

Pero el problema, esta vez, es probable que no se quede en el sistema financiero. El PIB alemán ha pasado del  4,2 en 2010 y el 3 en 2011 al 0,7 en 2011 (con dato negativo en el último trimestre). El Sur ya no compra porque ya no tiene con qué. Esta bajada puede afectar al débil equilibrio de la estructura laboral alemana: menos del 7% de paro, pero con entre siete y nueve millones de ciudadanos con trabajo precario. Y el cóctel se completa con la inmigración: más de un millón de personas en 2012, un 13% más. Se dan las condiciones para que pase algo.

Es improbable que pase nada antes de las elecciones. No solo porque el gobierno se preocupará de mantener la calma, sino porque las urnas son un horizonte psicológico importante. El problema, si llega (la política tiene la capacidad de cambiar las cosas), será el año que viene. 2014 será aún más jodido.

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