Los cambios sociales no se adaptan a los formatos televisivos

Es complicado terminar un día sin oír que va a pasar algo. Algunas veces, la frase se dice con pasión ciega, a ver si de una puta vez… Otras, con un susurro que no esconde cierta resignación histórica.

Pero, ¿qué es ese algo? ¿Coches quemados, saqueo de tiendas, enfrentamientos raciales o disturbios nivel Tottenham? Es probable que lo veamos este verano en alguna ciudad mediterránea. Si es en Barcelona, no pierdan de vista este mapa de Clara Blanchar. Todo lo que brota, tuvo una semilla, mucha tierra y algo de abono. Después de ese alivio, no sucederá nada, excepto que el grupo dirigente quedará legitimado para todos esos proyectos legislativos para recortar derechos fundamentales.

¿Ese algo es un proceso parecido a la primavera árabe?, ¿un proceso acelerado, más o menos violento, que acabe con el régimen? Muy improbable. Primero, perdón por la gris obviedad, la mayoría de la población aún tiene muchas cosas que perder y la propiedad vuelve conservador a quien la posee (sí, por eso los gobiernos de derechas promueven burbujas inmobiliarias). Los que disponen de algo sólido, trabajo, casa, algún subsidio o pensión, tienen miedo a perderlo y, a los que ya no poseen nada, les puede la inercia, la tranquilidad de la rutina. Caminamos entre las ruinas de lo que fue, pero aún no hace falta mapa. Estamos en la intranquilidad, no en la incertidumbre. Tenemos más certezas de las que pensamos.

Segundo, perdón por el marxismo, porque no existe ninguna organización aglutinadora que lidere el proceso. Las organizaciones que tienen la infraestructura, como la social-democracia, carecen de voluntad. Piensan, por lo que dicen, que es posible desandar el camino. En política, en historia y en la vida en general, no se desanda nada (piensen en los desastre que anuncia la frase “todo vuelve a ser como antes” en cualquier película). Nada vuelve. El keynesianismo es una etapa cerrada que ya no regresará y, al modelo actual, hay que proponer otra alternativa en positivo. No sirve control + zeta. A la social-democracia, esa alternativa, cualquiera de ellas, le produce pánico. Los que sí tienen voluntad, una parte de IU (no toda, ni mucho menos) o las CUP, aún no tienen infraestructura. La tendrán. Alberto Garzón o David Fernàndez son lo mejor de sus respectivos hemiciclos.

Por último, perdón por el pragmatismo, porque carecemos de la costumbre de la violencia. La mayoría de nosotros, no hemos tenido un arma en las manos, no sabemos cómo se organiza un golpe de estado, ni siquiera sabemos hacer un cóctel molotov. Por ejemplo, los mineros sí saben hacer cohetes o quemar neumáticos. Es una cuestión de saber hacer, de tener los recursos prácticos y que la mente asuma ese camino como el único. No sabe la suerte que ha tenido el sistema con la enorme voluntad positiva de todas las formas de protesta que se han dado.

Algo pasará, sí, pero será más lento e irremediable. En la mayoría de ocasiones, por debajo de ese deseo de estallido reluce, como he comentado, el deseo de que todo vuelva a ser como antes. Imposible. No se puede deshacer el camino iniciado en mayo de 2010. Las consecuencias se verán poco a poco. Por ejemplo, el recorte en I+D afecta a la capacidad innovadora de las empresas, pero es un proceso lento, de un par de años, demasiado para los formatos televisivos.

También, el descrédito de la política. El proceso será lento (del Caracazo, conviene mirar la historia latinoamericana de los 80-90, hasta la victoria de Hugo Chávez pasaron nueve años; casi una década en un lugar tan convulso). No se dan las condiciones objetivas para una gran coalición de izquierdas porque la social-democracia aún cree que está viva, aún cree que puede deshacer un camino en el que ha particiado con fruición durante muchos años, y la alternativa, desde la nacionalización del sector energético a la denuncia del concordato, le produce pavor. Es otro idioma. Ahora, es tiempo de oportunismos y oportunistas.

Esa amplia coalición de izquierda se producirá cuando la social-democracia se desgaje. Una parte, como sucedió con los partidos liberales tras 1868, se unirá, aún más, al bloque conservador, mientras que la otra ofrecerá su infraestructura, mueble e inmueble, a algo que se parecerá a las Candidaturas de Unidad Popular. Será un partido en red (he visto el futuro y es una red de cosas pequeñas).

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