Dejando de existir

En España, tendemos a pensar que estamos aislados. Probablemente, se deba a que, desde el XVI hasta mediados del XX, España cerró sus fronteras. No es una exageración. El último condenado a muerte por la Inquisición fue posterior a las Cortes de Cádiz y, hasta hace 40 años, tener un libro extranjero en casa te podía costar un problema; unas hostias o caerte por la ventana, dependiendo del turno de guardia. España estaba aislada; el resto, no. Ponerse un saco en la cabeza niega los propios sentidos, pero no los ajenos.

Ese es el problema. Dan igual todas las explicaciones, conspiraciones o soluciones judiciales. Es indiferente si la cantidad no llega a delito o si este ya no es perseguible. En todo el mundo se ha leído el titular: El primer ministro español, acusado de cobrar comisiones. Y ya. Fuera, no caben los eufemismos de donaciones y sobresueldos. Empresas pagaban y políticos cobraban. Son comisiones. No hay más. No caben matices.

El jueves, el tema más importante debería haber sido Iberia. No es solo turismo, sino, precisamente, conseguir que España sea algo más que turismo. Antonio Ruiz del Árbol lo ha explicado bien: «España como país debe aspirar a acrecentar sus posiciones en un negocio como el turístico en el que aún es una potencia y debe pelear por mantenerse como puerta de conexión entre la mitad sur del Nuevo y el Viejo Continente» […] «Latinoamérica está en expansión y que las cifras demuestran que una de las fortalezas que puede sacar a España de agujero es el crecimiento de las exportaciones, y la inversión nacional en el exterior, muy centradas todas en el Nuevo Continente».

Evidentemente, ha salido cruz. La aerolínea contempla la supresión de unos 4.500 empleos, la reducción de salarios y de la flota de aviones, entre otras medidas. Esto se une a «la reducción dramática de vuelos operados por Iberia, la supresión de rutas con Latinoamérica, el hundimiento del tráfico en el aeropuerto de Barajas, principal hub de Iberia, o el desvío del negocio de carga de la española a los aviones cargueros de British». España debería haber dicho algo. Bankia es el primer accionista de IAG, la compañía resultante de la fusión entre British Airways e Iberia. Cuando se produjo, Iberia se iba a comer a BA; después, fusión entre iguales; ahora, la realidad. La realidad es que España no puede decir nada.

España, se diga lo que se diga dentro, ya no puede decir nada fuera. Ya no puede ir a una cumbre europea a exponer su posición, a exigir nada o buscar alianzas. Lo que ha pasado hoy se ha leído en todo el mundo y, además del apetito por los aviones, los trenes u otros sectores, ha despertado preocupación. España está dejando de existir. Nadie del gobierno fue el jueves al desayuno con el embajador estadounidense. En los próximos días, habrá que hacer pública la cifra de déficir que, seguro, será más elevada que la prevista. ¿Con qué ojos se mirará?

Nos hemos ido a tomar por el culo. Es la expresión que más se ajusta a la realidad. No hay más. No caben matices.

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