El marxismo no sirve para nada, salvo para entender las cosas

Publica Àlex Gubern en ABC:

Un investigador del CSIC construye desde hace años modelos matemáticos que sirven para explicar, y predecir, por qué en un país estalla una guerra civil 

¡Tomá!

Dice este señor:

«La visión marxista de que el choque de clases, la desigualdad económica, explican la conflictividad ha fracasado por completo. Nunca se ha podido demostrar científicamente», precisa Esteban, cuya investigación ha determinado, en cambio, que es el «choque étnico y religioso» y, sobre todo, el grado de «polarización» entre los distintos grupos, lo que explica el origen de las guerras.

Y también, en el párrafo siguiente:

Los resultados empíricos demuestran que los conflictos étnicos no tienen su origen en diferencias culturales profundas u odios irracionales, sino cuando se conjugan con la abundancia de recursos apropiables». De alguna forma, una reformulación de la superada visión marxista. «En el fondo detrás de todo hay una racionalidad implacable, beneficio económico y político, que acaba siendo lo mismo», asume el profesor Esteban.

Pero, por Engels, ¿en qué quedamos?, ¿ha fracasado o todo es economía?

Lo que quiere decir este señor es que, en la mayoría de casos, hay cuestiones sociológicas que se superponen a las económicas y que estallan por azar, por ejemplo, un atentado en Sarajevo. Magnífico, es un consenso bastante extendido entre los historiadores.

Falta la predicción, ¿dónde?, ¿cuándo?

Pedro sostiene que ese trabajo necesita una serie mucho más larga, como sabe cualquier lector de Pinker. No basta con 138 países en el periodo 1960-2008, sino que hay que remontarse al inicio.

También me dice que ya se ha hecho la película:

La película trata sobre Maximillian Cohen, un matemático muy reservado, bastante paranoico y aquejado de fuertes migrañas, quien cree que toda la naturaleza puede ser representada mediante números. Max pretende descubrir el modelo matemático de la bolsa a través de cálculos y programas propios que introduce con su ordenador Euclides. Después de una inspiración provocada por la cábala, que le enseñan un grupo de místicos judíos, Maximillian crea un programa con el que consigue unas pocas predicciones impresas en un papel, pero a costa de fundir el ordenador y los datos, debido a un bug (error de software) que hace que aparezca un número de doscientos dieciséis dígitos después de las predicciones. Decide tirar el papel de las predicciones y el bug pensando que se trataba de un fallo en el programa.

Más tarde, su mentor (que estudiaba el número PI), le cuenta que él también había sufrido varios bugs en su estudio, y que aparentaba haber detrás algo más que un simple error de software.

A partir de ese momento Maximillian se ve envuelto en una persecución, por una parte de una empresa que consigue el papel con las predicciones, que han resultado muy exactas, y el grupo de judíos estudiantes de la Torá que quieren el número de 216 dígitos, ya que representa el verdadero nombre de Dios, que se perdió en la destrucción del segundo templo de Salomón.

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