No toquéis las pequeñas propiedades

Hace unos días explicaba el porceso de privatización de los talleres culturales del Ayuntamiento de Madrid. Decía:

Llega la crisis. El Ayuntamiento contrata a nuevos cargos de confianza, sin filtro, para la racionalización de los servicios. Esos cargos de confianza contratan a su vez, por concurso de urgencia, a una consultora que elabora un plan de racionalización de los servicios. La conclusión imaginativa es echar a gente. El Ayuntamiento despide a los docentes y saca a concurso la concesión. A diferencia de la oposición, filtro abierto y transparente, el concurso es un filtro cerrado y opaco: no todo el mundo tiene acceso.

El proceso en Telemadrid ha sido el mismo. La consultora ha resuelto que sobra el 85% de la plantilla. Todos, menos la redacción erótica, designada a dedo para hacer trabajos orales, y los directivos, cuyo salario medio es de 108.750 euros y representan el 30% de la masa salarial. La reforma laboral ha facilitado el ERE. Dentro de unos meses, la Comunidad sacará a concurso la concesión, filtro cerrado y opaco, que irá a una empresa afín que, posiblemente, contrate a los mismos trabajadores con una quita a partir del 100%, la mitad, y ningún derecho laboral. La transferencia de renta ya establecida entre los impuestos a los productores madrileños y las élites extractivas, como Enrique Cerezo, se acentuará.

El proceso es imparable porque está asumido por toda la sociedad. No es una cuestión de partidos políticos, sino de pensamiento global. Todo el mundo cree que cada sector es un caso aislado y que tiene una explicación aislada: los profesores, los médicos, los bomberos, los profesores de talleres culturales, los conductores de autobuses, los mineros, los ganaderos, los trabajadores de Telemadrid o, su precedente, Canal 9.

Pues, no.

Es un modelo de sociedad. Se basa en la disolución de las clase media, en la desaparición de todo tipo de ascensor social, en la sustitución de los impuestos redistributivos directos por tasas directas extractivas, en la eliminación de todo tipo de instrumentos colectivos, desde los convenios a los derechos, en la extensión del miedo y la miseria.

La solución pasa, siento repetirme, por la eliminación de zonas impunidad, la desaparición de espacios ajenos al sufrimiento, la extensión de la crisis a todos los ámbitos y revertir las transferencias de renta. El proceso actual se produce, como todos en los primates, por un desequilibrio en la capacidad de coerción. Los productores la han perdido, mientras que las élites extractivas, gracias a la globalización económica y, sobre todo, a su hegemonia cultural, la han acumulado. Se trata de compensar la violencia que las élites ejercen con la misma contundencia y sistematicidad.

Es posible que esta violencia sea explícita, pero no es inevitable. La formación en el arco mediterráneo de nuevos bloques de la izquierda que, sin miedo, construyan una alternativa que no sea desandar el camino puede que ya sirva para que los productores recuperen su capacidad de coerción. Los sistemas tienden al equilibrio.

PD: “No toquéis las pequeñas propiedades porque se volverán contra vosotros”, Las uvas de la ira, Steinbeck. Citado hoy por Gaspar Llamazares.

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