El club del castor

A cuenta de un artículo de Antonio Orejudo donde se dice:

No son sólo los catalanes quienes claman por la independencia. Somos muchos lo que, sin haber nacido en Cataluña o en el País Vasco, quisiéramos estar lejos de esta España arruinada y castiza, patética como el personaje del hidalgo en el Lazarillo de Tormes.

¿Qué son sino manifestaciones independentistas aquellas que hicimos contra la Guerra de Irak o las que organizamos contra los recortes o la marcha sobre Madrid del próximo día 15 o la que rodeará en Congreso el 25 de este mismo mes? La multitudinaria manifestación del otro día en Barcelona y las multitudinarias concentraciones y acampadas del 15-M están alimentadas por la misma fuerza, por la misma ira, por idéntica frustración, por el convencimiento de que este no es nuestro país, el país donde nos gustaría vivir. ¿Acaso no se están independizando también —y de qué manera— los miles de estudiantes, artistas, becarios e investigadores que se marchan de esta nación abortada en busca de otra menos obtusa, menos medieval y más civilizada?

La manifestación de la Diada interpretó en clave independentista un sinfónico malestar de clase, el mismo que alimenta todas la movilizaciones ciudadanas desde el 15-M. No es un conflicto entre naciones, sino el penúltimo episodio de esta renovada lucha de clases.

Mi amigo Manolo me envía este sensacional panfleto documental de Pierre Falardeau. Es el Beaver Club de Montreal, pero el podría ser el Orfeó Català, el Círculo del Liceo, la tribuna del FC Barcelona… Esos lugar donde los que tienen sus cuentas en Suiza hablan de banderas.

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