Pornografía institucional

Como aficionado a la pornografía, hace tiempo que no me sorprende nada, ningún número, ningún agujero, ningún fluido, ningún especimen. Con el tiempo, incluso, prefiero las escenas sosegadas, con poca gente, pocos primeros planos y algo de relato, humor o belleza. Me aburre la tensión competitiva del hasta el infinito y más allá. Como aficionado a la pornografía, decía, hace tiempo que no me sorprende nada, pero, hace unas semanas, encontré algo que me recordó al cosquilleo que sentía al encontrar las revistas de mi tío en sus tintines. Gracias a la página sueldospúblicos.com, he revivido el maremoto que se produce cuando ves por primera vez lo que pueden dar de sí los números, los agujeros, los fluidos o los especímenes; saber, por ejemplo, que el ministro Arias Cañete cobró el año pasado 6.494 euros en concepto de trienios de antigüedad como Abogado del Estado a pesar de que lleva 30 años sin ejercer porque se encuentra en excedencia voluntaria o que un jefe de Gabinete del Alcalá de Henares cobra 42.000 brutos y un varible máximo de 8.400 o que el alcalde de Castellanos de Moriscos ha superado el ratio Lola Flores porque, con 1.812 vecinos, cobra 2.490 euros netos al mes. Esperar el twitter de SP con un dato nuevo me produce la misma morbosa descomposición que las primeras escenas de bukkake o doble anal que pude ver.

El cuestión es la ausencia de alivio. La pornografía, como cualquier consumo, se basa en la creación de miniciclos. Un proceso breve, aunque maleable, de excitación, erección y eyaculación. Los centros comerciales están basados, y no sólo estéticamente, en el mecanismo impulso-satisfacción de la pornografía. El problema de la desazón provocada por lel contenido pornográfico institucional de SP es la ausencia de alivio. Tras saber que el consejero delegado de la Ciudad de las Lenguas de Castellón, algo que existe tanto como la torre de Isengard, se lleva 55.000 euros todos los años mientras que, en la misma provincia, se cierran las urgencias por la tarde necesita de un alivio, una descarga. Las manifestaciones ya no sirven porque el porno, ya lo saben, precisa de una escalada. De momento, lo reconozco, me alivia ver al personal bañarse en la piscina de la mansión de la prima del Rey. Pero no sé hasta cuándo. Me apetece hacer con el despacho del consejero delegado de la Ciudad de las Lenguas, que poseía un patrimonio neto de 3,7 millones en 2010, lo mismo que los ents con Isengard. No sé a qué están esperando para prohibir ya esa página. Ya, por favor.

PD: La industria del porno ha anticipado todo lo que ha ido pasando a la industria cultural; perdón, al resto de industrias culturales. Fue la primera donde se planteó el debate entre bajo coste o calidad, gratis o de pago y profesional o amateur (no como contenido). Fue la primera industria donde la ñapa ganó como sistema de producción; la prensa, por ejemplo, llegó después. A nivel de contenidos, fue la primera industria donde copularon abiertamente realidad y ficción dando lugar al verismo, donde profesionales hacen lo de siempre en situaciones inhabituales ante una cámara temblorosa. Que parezca que es verdad. Si mantiene ese nivel de anticipación, el consumo cultural es probable que se parezca a páginas como xvideos, donde la portada almacena el contenido y, después, se acumula internamente mezclando criterios de patrocinio, consumo y voto popular. La calidad es indiferente; sólo se busca el fogozano. Un proceso de excitación, erección y eyaculación que no dure más de un milquinientos. Almacenamiento, acumulación y, como ya se ha dicho, fogonazo son también los criterios de los buscadores o de las redes sociales. Y, también, de la política o la cultura. El yes we can fue una gran paja colectiva, lo mismo que todas las campañas de promoción. Lo peor, siempre, es limpiarse y no saber qué hacer con el pañuelo.

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