Por qué era probable que pasaran las cosas que han pasado

Un conocido me recuerda una entrada del 13 de octubre en la que se hablaba de la mutualización de la deuda autonómica y privada, de la reforma laboral con 20 días y sin convenios, de la subida del IVA, de la amnistía fiscal o de la reforma de la ley del aborto. No había que ser muy listo; bastaba con leer. Si uno leía a la CEDA en la oposición, la política o la periodística, llegaba a la conclusión de que habían interiorizado su palabrería taumatúrgica; es decir, estaban convencidos de que todas las tensiones financieras desaparecerían con su llegada al poder. Esto quería decir que no se habían preocupado de conocer la situación y que cualquier problema pillaría descolocada a la parte política, el PP, que se vería obligado a acudir a la parte ideológica: Faes, CEOE, servicios de estudios de bancos y cajas, etc… Para saber lo que iba a pasar, bastaba con leer lo que proponían en sus informes. Si uno se interesaba por el funcionamiento del PP, veía que era un partido con un líder que no quería serlo, que se había rodeado de gente de confianza sin más criterio que la confianza, y que ese grupo carecía de programa común. Por lo tanto, era sencillo prever que muchos de ellos, o todos, acabarían acudiendo a la parte ideológica de la CEDA.

Los problemas iban a seguir porque, en 2009, el directorio franco-alemán había decidido sacrificar la periferia para salvar al Este (y salvarse ellos mismos). Recordemos:

El dos de marzo de 2009, nueve países del Este de Europa (Chequia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania), todos fuera del euro, solicitaron mercanismos de ayuda a la UE en una cumbre de urgencia convocada por el presidente checo, Topolanek. Todos estos países habían tenido su propia burbuja financiera (e inmobiliaria) financiada con dinero centroeuropeo, Austria, Alemania y Benelux. El directorio franco-alemán se negó inicialmente a la petición, pero cedió en menos de un mes. El 21 de marzo, la UE movilizó 50.000 millones para las economías del Este, sin intervención, ni mecanismos de control. Probablemente, en la mente del directorio estaba la quiebra del banco austriaco Creditanstalt en 1931, suceso que provocó un fatal efecto dominó en Alemania y el Este de Europa. En octubre de ese año, Grecia pidió ayuda, pero su crisis se dejó pudrir para que afectara al resto de la Periferia, Portugal, Irlanda, Italia y España. Se trataba, salvo el caso de Italia, de una explosión más controlada porque no provocaba efecto dominó. Tras meses y meses de discusiones, cumbres, reuniones, planes de ajuste y llamadas de auxilio, el 25 de marzo de 2010 (19 días - seis meses) Francia y Alemania acordaron un plan para rescatar las finanzas griegas. Un plan con mucho menos dinero, con intervención de otros actores, como el FMI, con intervención y mecanismos del control y con condiciones que condenaban a Grecia al desastre.

Como era de esperar, la Periferia se contagió y nadie planteó dudas sobre cómo una crisis de activos tóxicos que afectaba a países ahorradores centroeuropeos se había convertido en una crisis de deuda pública de países gastadores. El marco mental de perezosos mediterráneos trabajando poco y evadiendo impuestos cortó cualquier debate. El hundimiento de la Periferia significó un alivio para el Este y un gran empujón para el Centro, lo que terminó de completar el círculo vicioso. Mientras la Periferia se freía en medio de tensiones de deuda, Alemania se financiaba a costes, incluso, negativos y tenía cifras récord de empleo (una situación con todo el aspecto de una burbuja). El marco mental de Periferia derrochadora y perezosa permitía a Alemania establecer normas para garantizar el hundimiento económico de la Periferia. Por ejemplo, el 23 de octubre de 2011, la UE admitía que los activos tóxicos, de la banca centro-europea, pudieran valorarse al 100%, mientras que se recortaba el valor de la deuda soberana periférica, donde había invertido la banca periférica. El rescate de la banca española se convertía en inevitable y, probablemente, también el de la italiana. Era el objetivo alemán: sacrificar a la Periferia para salvar al Este.

Volvamos a España. Como era previsible, la CEDA ganó las elecciones y la única cuestión que quedaba por ver era la velocidad del desastre. El PP optó por aumentarla con varias decisiones propias que, se mire como se mire, no se pueden achacar a nadie más. Por ejemplo, el aplazamiento de la presentación de los presupuestos hasta la celebración de las elecciones andaluzas y, sobre todo, la circense gestión del proceso de déficit culminada el dos de marzo de 2012, el día en el que España firmó caer al abismo. Recordemos:

España protagonizó este viernes la gran historia del día, y puede que una de las grandes historias del año, en la Cumbre de la Austeridad de Bruselas: se enfrentó abiertamente a las reglas de la Unión, como nunca lo había hecho en más de 25 años, y tras dos días de indisimulado silencio, de perfil bajo, el presidente Mariano Rajoy anunció ante la prensa lo que no quiso decirles a los 26 jefes de Estados y de Gobierno presentes en la reunión: que el déficit de 2012 será del 5,8% y violará así, de largo, lo pactado con Bruselas. Ese órdago tiene un presente y un futuro inciertos: provocó una sacudida en los intereses que paga España por su deuda (lo que anticipa problemas en los mercados) y, sobre todo, un choque de trenes en la UE (más problemas, esta vez con las instituciones, que tienen la última palabra). (El País, 3 de marzo)

Mariano Rajoy también incurrió ayer en la táctica de tierra quemada, y dejó Bruselas sembrada de enemigos. Diversas fuentes comunitarias aseguraban ayer que sus socios de la UE se enteraron con estupor de que Rajoy anunció, en una rueda de prensa al término de la cumbre europea de este jueves y viernes, que los presupuestos españoles contemplaban cerrar 2012 con un déficit público equivalente al 5,8 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), en lugar del 4,4 por ciento que prometió el Gobierno Zapatero bajo las exigencias del resto del Viejo Continente. Para más inri, el presidente español alardeó de no haber comunicado la cifra a sus socios durante la cumbre por ser una decisión soberana.

Esa misma mañana, acababa sin embargo de firmar un pacto que, como el grueso de las negociaciones desde que se desencadenara la crisis de la zona euro, supone una cesión de soberanía en materia presupuestaria. En los pasillos comunitarios se aseguraba que el desplante de Rajoy era un desprecio y una provocación innecesarios. Que con un poco más de mano izquierda, en mayo o en junio hubiera logrado la bendición de sus socios porque mantenía la parte más importante del compromiso: cerrar 2013 con un déficit del 3 por ciento.

Ahora bien, como advirtió públicamente el conservador belga Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, el Gobierno Rajoy corre el riesgo de subestimar la mala imagen internacional de su precipitación, y de que los beneficios para el crecimiento económico y el empleo de retrasar la contención del déficit se diluyan por una subida de los tipos de interés que los mercados demanden a la deuda pública española.  (El Economista, 3 de marzo)

Han leído bien: “Ese órdago tiene un presente y un futuro inciertos: provocó una sacudida en los intereses que paga España por su deuda (lo que anticipa problemas en los mercados) y, sobre todo, un choque de trenes en la UE (más problemas, esta vez con las instituciones, que tienen la última palabra)”, “Mariano Rajoy también incurrió ayer en la táctica de tierra quemada, y dejó Bruselas sembrada de enemigos”, “el desplante de Rajoy era un desprecio y una provocación innecesarios” y “el Gobierno Rajoy corre el riesgo de subestimar la mala imagen internacional de su precipitación, y de que los beneficios para el crecimiento económico y el empleo de retrasar la contención del déficit se diluyan por una subida de los tipos de interés que los mercados demanden a la deuda pública española”. La CEDA se empeña en decir que todo es culpa de los demás, la derrota en Andalucía, la herencia recibida, Almunia, el BCE o Alemania, pero la película de hoy se escribió ese dos de marzo.

Desde entonces, lo previsible era que los problemas crecieran, que descolocaran al Gobierno y que éste, sin programa, ni liderazgo, tuviera que echar mano de la parte ideológica, Faes, Patronal, servicios de estudios, y convertir en leyes sus informes: mutualización de la deuda autonómica y privada, reforma laboral con 20 días y sin convenios, subida del IVA, la amnistía fiscal, privatización y copago de todos los servicios públicos. La situación irá a peor porque son medidas ideológicas; es decir, que no tienen en cuenta la realidad. Estamos en manos de la Guardia Roja de Esade que, como Mao, dejará morir a la gente al lado de los silos de trigo sólo para conseguir que se cumplan sus previsiones (es una metáfora: las pymes morirán al lado de bancos llenos de liquidez del BCE que no usan). La recesión se agravará y seguiremos en la espiral de la deuda; deuda para pagar deuda. De la deudocracia sólo se sale dejando de pagar. Todo lo que tardemos, será más hundimiento.

La situación irá a peor porque somos una explosión grande pero delimitada; incluso, geográficamente, lo que quiere decir mentalmente. España es un país con un gran botín en forma de empresas que, en los últimos años, se han internacionalizado con tanto éxito que el mercado nacional es una rémora. Lo lógico es que muchas de ellas, muy baratas por las bajadas del Ibex, sean compradas y dejen de ser españolas. Habrá rescate, se profundizará en la intervención y habrá nuevas medidas que serán las que se han negado, como la reducción de las pensiones. En marzo, añadí que esperaba equivocarme. Ya no lo sé. Quizá Zizek tenga razón y sea necesario que las cosas vayan muy mal para que haya una toma de conciencia y todo cambie.

Deje un comentario