Estructura pornocorporativa

La defensa de las políticas basadas en la dilatación del ano, como las aprobadas el pasado viernes, tiene tres posibilidades intelectuales. La primera, abundante en los medios de comunicación, es el margen de mejora, es decir, la expectativa de lograr un cargo o prebenda, una vez que el trueque ha caído en desuso. La mayoría de firmas y voces que reclaman aguantar mediante palabras como sacrificio, modestia, dignidad, etc… lo hacen desde la razonable perspectiva de, por ejemplo, llenar los espacios ya libres en el ente público, lograr un ascenso interior provocado desde un resorte gubernamental o conseguir un Schwartz.

La segunda es el partidismo, que no la ideología, porque una de las características fundamentales y fundacionales de la derecha española es la ausencia de tronco de pensamiento; nada más allá de la defensa de las tradiciones propias y las propiedades tradicionales. Sólo así se entiende que el presidente de la valenciana Mercadona, Juan Roig, diga que los ciudadanos han vivido por encima de sus posibilidades sin hacer ninguna mención al partido que ocupa todos los espacios de poder de su Autonomía y que contabiliza más de 300 cargos públicos imputados, 100 sólo en el Alicante y sólo en caso Brugal. La tercera es la estupidez que, relacionada con la anterior y complementaria de la primera, tiene su base en la falta de lectura, el exceso de tertulias y en esa extraña convicción española de que lo que sucede aquí no tiene nada que ver con lo que ha sucedido antes en otros lugares, aunque se parezca mucho.

A estas tres debemos añadir una cuarta, aunque sólo a modo de hipótesis: el abuso de la pornografía.

No es que se produzca una extensión de los gustos alemanes, siempre basados en la desmesura y la humillación, fluidos en el rostro, sado-maso (en bruto, nada de bondage best-seller) y fist-fucking, introducción del puño en los orificios. Su industria ha quedado al margen de la edad de oro centroeuropea, localizada en Chequia, Eslovaquia o Hungría, por cuestiones económica, pero también estéticas. Es feista. Pese al mito, el gusto por la pornografía no conlleva la pérdida total de sensibilidad.

El problema de los opinadores de los medios españoles nace de los contenidos tipo gonzo o falsos amateurs. En ellos, una cámara en mano sigue a un grupo de tipos que, tras una conversación y, a veces, una subasta monetaria, convencen a una mujer para que yazca con ellos. A partir de la bajada de pantalones, todo va rodado, incluso el sexo anal. Ahí está la trampa. Cualquiera que haya disfrutado de está práctica, sabe que se necesita una precisa preparación culinaria, limpieza y maceración, para que todo sea disfrute. Un cierto tipo de consumidor, sin interés por el género y acostumbrado a relatos con suspensión de la veracidad, como la religión o la portada de La Razón, puede pensar que la escena es real y que, no sólo hay un mundo de pecado donde se folla mogollón, sino que hay gente capaz de cualquier cosa por un dinero convenido en el momento y con anos limpios y elásticos. Es el tipo de trabajador y, sobre todo, de ciudadano que se propone: emprendedor, flexible, productivo, sacrificado y autónomo; callado, salvo para gemir; pasivo, salvo para felar y, siempre, agradecido.

No todo es chiste. La filósofa Beatriz Preciado indicó que la actual estructura económica, basada en los servicios de bajo coste, tiene un modelo laboral que se inspira en el de la prostitución. La contratación es directa y flexible; no hay horarios, ni lugar de trabajo; no hay relación laboral, ni contractual, ni emotiva; no hay posibilidad de defensa legal o física, más allá de la contratada directamente por el trabajador y no hay sentimiento colectivo porque esa situación laboral se considera transitoria. El modelo coloniza el resto de comportamientos e, incluso, el propio cuerpo. En su libro Pornotopia, Preciado señala, a través del ejemplo de la empresa Playboy, cómo el universo laboral se introduce en el resto de ámbitos vitales a través de la ocupación del espacio y el tiempo. Los empleados de la revista trabajaban en la casa del editor, donde también comían, bebían, jugaban, bailaban o follaban; incluso, pasaban temporadas viviendo allí. Las conejitas tenían que hacerlo y acostarse con el editor era un privilegio, sólo superado por el matrimonio. Fue el nacimiento de la cultura corporativa, después llego el ‘allí donde estés, está tu oficina’ y lo que ella llama mundo farmacopornográfico. Para entendernos, dejar que el cuerpo sea ocupado por Mercadona.

Era previsible que ese modelo laboral, propio del sector servicios, empresas de limpieza o seguridad, o de los centros comerciales, diseñados como barrios rojos, se trasladara a la ciudadanía. Es el proceso en el que estamos. Los sistemas políticos se adaptan a las necesidades de la realidad socio-económica y la que tenemos, con grandes áreas de miseria y precariedad que trasladan su capital a pequeñas islas de bienestar y lujo, requiere un sistema autoritario basado más en el uso extensivo del entramado burocrático que en el intensivo de la fuerza. Por ejemplo, a través de palabras como sacrificio, modestia o dignidad que toman el relevo o complementan a conceptos como nación o religión, los históricamente usados como lenitivo para que los grupos productivos aceptasen financiar a los improductivos, como ahora.

La magnitud de las transferencias de renta desde el sistema productivo, funcionarios, asalariados, autónomos, pymes y empresas, hacia el improductivo, sistema financiero o rentista, provocará una depresión a la que seguirán nuevos pasos como privatizaciones, venta de empresas y deslocalizaciones o la entrega del capital acumulado de las pensiones. La periferia, como otras veces en la historia, quedará descolgada de Europa, rearmada por las transferencias de capitales a través de la deuda pública y las previsibles políticas de desglobalización. Era previsible. En 2009, Alemania tomó la decisión de sacrificar el Mediterráneo para salvar al Este.

También, es un suicidio social. Las decisiones tomadas desde el inicio de la crisis conducen al acuartelamiento del grupo directivo y su red social, familiares, amigos, militantes, afines, etc… y la precarización del resto de la sociedad a través de la transferencias de renta. Por ejemplo, un trabajador mileurista cuyos hijos van a la precaria escuela pública no tendrá acceso a becas de estudios, ni de libros, ni de comedor, ni de transporte, pero sí financiará con sus impuestos, a través de las deducciones fiscales, la escolarización en un centro de élite de los hijos de un miembro del grupo directivo. Un desempleado puede dejar de recibir la prestación por desempleo con la sospecha de fraude mientras que los defraudadores son invitados a lavar su dinero. La lista de ejemplos de políticas basadas en la dilatación del ano sería demasiado pornográfica.

La solución, como en cualquier crisis pasa por un sacrificio generacional. La cuestión no es de qué generación, sino de cuántas. Es decir, si optamos por creernos las palabras de sacrificio, modestia, dignidad y asumimos la consolidación de un corte social similar al que dejó la Guerra Civil o, modestamente, aceptamos con dignidad nuestro sacrificio, incluso penal, para lograr un cambio económico, político y social. De nosotros depende.

1 comentario sobre “Estructura pornocorporativa”

  1. noos dijo:

    Pasada la fase de fist-fucking. Creo que la coprofagia se ha impuesto ya.

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