Nace la Unión Soviética Europea

Sostenía Gramsci que el sistema político deviene del cultural y el económico. El colapso del comercio y su sustitución por grandes núcleos agrarios autárquicos fue previo a la Edad Media, lo mismo que, del sistema económico basado en el mercado abierto, nació lo que hemos llamado democracia occidental. Este sistema político está siendo sustituido por algo que todavía no tiene nombre pero que, mirando el sistema económico del que procede, podemos deducir que será algo cerrado, ¿neofeudalismo?, ¿despotismo corporativo? Por tomar un modelo existente, se parece bastante al modelo chino: autoritarismo burocrático y alta productividad basada en la explotación.

La crisis de 2008, tal y como nos dijeron, refundó el sistema económico, pero no en la dirección anunciada, sino en la prevista: consolidó el sistema neo (neoliberal / neoconservador). Hasta el momento, el capitalismo se basaba aún en la economía de mercado (propiedad privada o la libertad de iniciativa, empresa y comercio), donde los mejores triunfaban y se hacían ricos (aumentaban su propiedad en bienes o inversiones). El sistema que esta crisis está consolidando se basa en la eliminación del mercado. La economía del capital, basada en la transacción de cifras, ha sustituido a la economía de mercado, basada en la inversión, producción y comercialización de bienes y servicios. El nuevo sistema elimina el mercado porque la competencia no es útil para su objetivo: el aumento de las transacciones. El mercado, al ser real, divide entre ganadores y perdedores y reajusta periódicamente los actores y las cifras. El nuevo sistema antimercado busca huir de estos reajustes obviando la competencia a través de la presión política que le permite salvar las malas gestiones con flujos de capitales públicos que no discriminan entre ganadores y perdedores y, sobre todo, crear sistemas económicos cerrados donde se garantice la rentabilidad sin inversión.

El sistema político que está naciendo transforma la principal institución de participación política abierta, el sufragio, en un mecanismo periódico de legitimación. Para garantizar el carácter cerrado, se crea un segundo nivel burocrático y de elección indirecta, que es donde recae el poder decisorio. Es el sistema que suelen emplear las dictaduras. Puede llamarse democracia orgánica, como el franquismo, o democracia popular, como en los países socialistas. Ayer, por ejemplo, se publicaba el proyecto de creación de un superministerio de finanzas con capacidad para controlar los presupuestos estatales. Es decir, del Soviet Supremo de la Unión Soviética Europea saldría un buró económico para limitar la soberanía y que ésta se adecúe al proyecto político global.

El carácter cerrado nutre y se alimenta de otras dos características autoritarias. La primera es la división social rígida y jerarquizada, donde el acceso a la élite no se consigue por los mecanismos de ascenso social característicos del mercado, sino por el uso de las redes de conocimiento personal. Como el principal valor es la fidelidad, incluso se recuperan los vínculos familiares. Este nuevo sistema elimina impuestos de sucesiones y becas, mecanismos de ascenso social establecidos por la democracia occidental. También se produce, como en cualquier sistema autoritario (China, por ejemplo), una igualación de los puestos públicos y privados, por los que se mueven los miembros de la élite. Alguien pasa de directivo de un banco a ministro y, de ahí, a directivo de una aseguradora. Todo es la misma estructura.La otra característica autoritaria es la ausencia de alternativa. En la democracia occidental, todo proyecto político-económico-social tenía una alternativa y el consenso nacia de esa confrontación. Ahora, el consenso es previo y los partidos políticos se alternan, sólo, en la gestión de los usos sociales y la seguridad pública.
Los anteriores cuatro párrafos tienen mucho de exageración distópica, pero están basados en hechos reales. Lo más importante es entender el primero. Para cambiar el sistema político, no basta con enfrentar una alternativa electoral, sino tratar de cambiar el sistema económico y, sobre todo, la hegemonía cultural. Cerrar una cuenta del banco, comprar en un mercadillo o a través de un grupo de consumo y, sobre todo, las palabras serán las palancas del cambio. No de la resistencia porque ya está bien de mirar atrás; no se trata de volver a lo que había, sino de sustituir lo que hay.

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