El problema de Andalucía

El problema de Andalucía no es el déficit porque el problema de España no es el déficit. Al menos, las medidas que está tomando el Gobierno no van encaminadas al control del déficit, sino a su estabilización y pervivencia (deudocracia). Son medidas ideológicas que no prentenden solucionar la situación económica, sino cambiar la estructura de la sociedad. Si se quisiera resolver el problema económico, por ejemplo, se recuperarían impuestos con escasa o nula incidencia en la actividad económica, como sucesiones, donaciones, transmisiones o grandes fortunas, para evitar subir otros que sí afectan, IRPF, IVA, sociedades o especiales. El reparto de la riqueza depende de muchos factores pero el de la miseria es siempre ideológico. Revisar el concordato, por ejemplo, supondría una variación, entre nuevos ingresos y gastos eliminados, de hasta 10.000 millones de euros. Una cantidad parecida podría sacarse de suprimir las diputaciones.

El problema de Andalucía es ideológico. Por ejemplo, nos podemos encontrar con que la sanidad andaluza tiene una carta de servicios superior a la del resto de España; con que los dependientes andaluces tienen mejores servicios; con que es más accesible entrar en la universidad andaluza; con que el banco público reparte el dinero entre las pymes de una forma más eficiente que el ICO (esto no parece muy complicado); con que no se recorta en I+D+i, con que etcétera. De ahí, la prisa por la intervención. En mayo, anunciaba ABC, La Razón o Mundo Ovni (los confundo). El golpe que puede provocar el que los cojos andaluces no se tengan que pagar la muletas o que un grupo de investigación de la Politécnica de Barcelona se vaya a la Pablo Olavide de Sevilla será duro. Son hechos fácilmente reproducibles tomando café o en Twitter; no, cifras, que siempre confunden.

El problema de Andalucía puede ser la puntilla. No parece que montar un pollo de dimensiones desconocidas sea la mejor manera de recuperar la confianza internacional. Un conflicto institucional (entre las dos naciones legalemente existentes, España y Andalucía) recuperaría en el extranjero todo el marco mental, charanga y pandereta; sangre y polvo, que hemos logrado borrar estos últimos 30 años (y que, al menos la primera parte, Wert-Lassalle se empeñan en recuperar). Si se opta por el choque, el pollo es previsible porque la docena de ministros de economía que hay (Guindos, Montoro, Beteta, Margallo, Nadal, Rato, etc…) lucharán por liderar la intervención y, como todo desde hace tres meses, no habrá plan ni cosa que se le parezca. Sólo, velocidad.

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