Hago huelga porque no soy idiota

Idiota, etimológicamente, quiere decir el que sólo se ocupa de sus asuntos. En las ciudades democráticas griegas, los idiotas eran los ciudadanos que no asistían al ágora para debatir los problemas comunes y se quedaban en sus casas. El término adquirió tono despectivo cuando esa asistencia comenzó a estar remunerada. Había que ser poco inteligente para no participar en el debate y, además, perderse la parte proporcional de, por ejemplo, la producción de los campos o minas comunales. La reforma laboral aprobada por el Gobierno me afecta muy poco porque soy autónomo pero mañana haré huelga porque me gusta vivir en sociedad, porque no soy idiota.

Hace unos meses, podían ver en este blog un banner de apoyo a la lucha de los profesores de la enseñanza pública madrileña. Me preguntaron muchas veces si era profe. Se sorprendían al saber que no y, mucho más, al saber que mis hijos no van a un colegio público (es una historia larga). Siempre respondía que uno no debe preocuparse sólo por lo que le afecta directamente porque, cuando lo hace, suele ser demasiado tarde. Normalmente, tenía que defenderme: si defiendes la educación pública, ¿qué pasa con tus hijos? La ejemplaridad vital es algo relacionado con algunas religiones, no con el pensamiento racional. No creo que tenga que tener un hijo con una enfermedad rara para defender que existan instituciones que se ocupen de esos casos. Insisto, la santificación por las obras es una cuestión religiosa, no intelectual.

Añadía que uno debe interesarse por todo lo que conforma la forma de relacionarnos llamada sociedad: la educación, la sanidad, la atención a los dependientes, a los enfermos crónicos, a los ancianos, las infraestructuras, los cuerpos de seguridad, etc… Y la medida no puede ser cómo me afecta directamente o la rentabilidad, sino cómo ayuda al buen funcionamiento de la sociedad, a la integración de todos. No soy ciego y no tengo intención de serlo, pero creo que debe haber centros donde puedan desarrollarse aunque no sean rentables. No soy toxicómano y no tengo intención de serlo, pero creo que debe haber centros donde se les atienda y centros donde puedan desarrollarse aunque no sean rentables.

Creo en la sociedad como una red; cada uno puede extraer la metáfora que quiera, analógica o digital, ambas son válidas. Gracias a esa red, cada persona puede desarrollar su vida y ejercer su libertad. Sin la sociedad, queda la del esclavo: elegir el modo de suicidarse.

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