El Gobierno de los 100 días

Ante un problema, un buen español no se rendirá nunca hasta encontrar un culpable. La CEDA ya lo tiene: Andalucía. Pedro Jota dijo el mismo domingo: “Lo ocurrido en Andalucia complica mucho la política de ajuste de Rajoy y acerca a España a un escenario de rescate y economía intervenida”. Cinco Días (Prisa es el ala liberal de la CEDA) titula hoy: La alianza de PSOE e IU en Andalucía dificulta el objetivo de déficit del 5,3%. Ya estaba lista la escenografía del auto de fe presupuestario en el próximo consejo de ministros (Viernes de Dolores en el calendario católico). Caras largas, voces graves y muchos números rodeando el acróstico: TINA (There is no alternative). Con la que nos han dejado y la que está cayendo, esto es lo único que se puede hacer.

No hay que ser muy avispado para intutir que los recortes iban a alcanzar todas las áreas sociales y que iban a tener un componente más ideológico que económico. Por ejemplo, el coste del acceso a la universidad tendría un ascenso notable (aumento de tasas, reducción de becas y desaparición de algunas facultades e, incluso universidades) mientras que no se tocarían las subvenciones a los actos relacionados con los toros: 564 millones de euros al año, casi el recorte el I+D+i, 600 millones. El coste político de esas medidas quedaría disuelto entre las diversas administraciones gracias al TINA. Con la que nos han dejado y la que está cayendo, esto es lo único que se puede hacer. La oposición quedaría reducida a algunos artículos en prensa y, como afirmó hace meses el sabio Manolo Portela, a una cuestión de orden público.

La no-victoria en Andalucía complica ese escenario (es muy probable que haya un efecto dominó que afecte a Extremadura). Muchas medidas necesitan de la unanimidad para ser aprobadas porque España, como suele recordar el maestro Juliana, tiene interiorizado el ‘nadie es más que nadie’. Si hay dos autonomías, que no son lás más ricas, que cuadran las cuentas a base de tasas progresivas (impuesto de sucesiones, donaciones o grandes fortunas) y no aprueban el repago (o tripago en las autonomías donde hay céntimo sanitario) o la reducción de becas y aumento de tasas universitarias el plan se complica. Recordemos, no se trata de medidas económicas (bastaría con dejar de subvencionar a la Iglesia Católica y controlar el fraude fiscal), sino ideológicas cuyo objetivo no es la recuperación económica o evitar el previsible rescate, sino realizar el cambio social que, por ejemplo, Aguirre ha hecho en Madrid.

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