La UE estaba al borde del abismo y España dio un paso al frente

Leo esta semana en El Economista:

“España tiene peores problemas que Grecia”, según la CNBC

En un artículo publicado en la web de la cadena de televisión CNBC se cita a un analista que reconoce que los problemas de España son “significativamente más graves” que los de Grecia. Al menos eso piensa Sony Kapoor, director del think tank, Re-Define. “España cuenta con riesgos muy grandes y hay que andar con mucho cuidado, el país se encuentra en una situación muy frágil”, aseguró.

El nombre (aquí tienen una entrevista con él) importa poco. La reacción era esperada y es indiferente que sea mentira. La circense gestión del proceso de la cifra de déficit no sólo diluye su resultado, quizá positivo (de un 4,4% a un 5,3%), sino que dibuja un escenario en el que España se sitúa bajo el foco, el peor de los posibles. Desde su inicio, en 2007, la crisis ha sido de confianza (pervive por los mismos instrumentos financieros basados en la especulación que la provocaron) y lo peor que uno puede hacer en una crisis de confianza es levantar la mano.

Lo más probable es que se desate una espiral de profecías autocumplidas: informes, como el que abre esta entrada, que dicen que todo va a ir mal, que sustentan decisiones que hacen que vaya mal, que refuerzan los informes que señalan que irá peor, que bla, bla, bla. Los relatos, periodísticos o políticos, abundan en esa espiral al juntar en una línea las cosas que suceden, como si fueran causa y consecuencia, sin fijarse en la naturaleza de los sucesos. Mezclar decisiones especulativas con hechos políticos, sociales o económicos es el mismo pensamiento mágico que movía (y moverá) a nuestros antepasados a sacar imágenes para hacer que lloviera.

Levantar la mano, además, cataliza la principal estrategia de la respuesta política a la crisis, la estrategia de ‘joder al vecino’ (práctica económica recuperada del 29), porque marca a todo el mundo a qué vecino hay que joder. EEUU tuvo éxito en el traslado de la crisis a Europa en 2008 y Alemania consiguió en 2009 rebotarla desde el Este hacia el Mediterráneo. ¿Cómo es posible que todo el mundo haya asumido como normal que una crisis del sistema financiero estadounidense se haya transformado en una crisis de deuda europea? Porque los buscadores sólo dan noticias de la última semana y porque ese marco mental se basa en la figura de Papandreu levantando la mano en 2009.

Merece la pena recordar el proceso. No todo, claro. El periodo 2007-2008 está perfectamente explicado en Inside Job. Situémonos en la calma chicha de finales del invierno de 2009, que sucedió al convulso verano-otoño de 2008. Veníamos de la época de los hundimientos y los rescates, cuando cada mañana podía saltar por la borda un nombre importante. Recordemos algunos: Northern Rock, Lloyds y RBS (RU), Hypo Real Estate, IKB, Sachsen Landesbank y WestLB (Alemania) y Dexia, Fortis e ING (Belelux). Predominan los alemanes y escaseaban los mediterráneos. En aquella época, Angela Merkel se montó en un avión diciendo que no se podía dar dinero público a los bancos y se bajó del mismo soltando hasta las telarañas. La UE, el directorio franco-alemán, había puesto en marcha mecanismos de rescate que llegarían a alcanzar los 1′6 billones de euros.
Se vivía una relativa calma pero la desconfianza recorría el sistema financiero europeo. Nadie sabía si las cifras que había en sus ordenadores eran reales o eran tóxicas. Todo el mundo intuía, por el nivel de circulación y ahorro, que los bancos más dañados serían RU-Irlanda, Alemania, Benelux y Francia y que sólo era cuestión de tiempo que estallaran. El Mediterráneo estaba tranquilo. En esas, llegó una alarma del Este. Todos esos países habían tenido su particular burbuja de crédito y la extensión de la contracción estadounidense había afectado a su balanza de pagos y a su economía interna. A finales de febrero, la presidencia checa de la UE (Topolanek, el simpático señor que salía desnudo en las fiestas de Berlusconi,) convocó una cumbre de urgencia para pedir ayuda. La respuesta fue una negativa.

El dos de marzo leímos en El País:

La UE niega más ayudas a Europa del Este

Los dirigentes rechazan la petición de los nuevos socios de fondos frente a la crisis

[…]
Los nueve paí­ses del Este mantuvieron una reunión antes de la cumbre en la que mostraron su preocupación por el deterioro de su sistema financiero, pero en la que no prosperó la idea de un Programa Europeo de Estabilización e Integración, presentado por el primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany. El dirigente húngaro solicitó una ayuda de hasta 180.000 millones de euros para sanear los bancos y reactivar la economí­a de los paí­ses del Este. La iniciativa fue rechazada por varios paí­ses de la región como República Checa, Polonia y Estonia.

Se publicó este gráfico (en El País):

este

Y este otro en ABC.
abc

Parecía que la caída del Imperio Austro-Húngaro era inminente y que, como en 1929, EEUU había conseguido exportar su crisis a Europa a través de su corazón. Las previsiones no contaban con la realidad: no eran países muy grandes para caer pero sí, peligrosos. Recordemos la lista de acreedores. Según la información, los bancos belgas tenían una exposición crediticia en Europa central y del Este, así­ como en Turquí­a, de casi 100.000 millones, una cantidad que equivalía a una tercera parte del Producto Interior Bruto (PIB) de Bélgica. Y Bélgica era el quinto paí­s de la lista (en la que no estaba España). Podemos especular sobre Francia, Italia, Alemania y, sobre todo, Austria, cuyo PIB era de muy poco más del pille. Y, claro, además de los acreedores directos, el impago desencadenaría un carajal imprevisible.

Volvamos a mirar los gráficos para fijarnos en la devaluación de las monedas. Todos ellos, aunque muy vinculados al euro, disponían de soberanía fiscal y su moneda se había depreciado. La devaluación es una de las medidas clásicas en las situaciones de crisis de deuda. La teoría dice que beneficia las exportaciones y facilita el crédito interno; también, aunque no suele decirse, es una advertencia. Si tengo deuda, pública o privada, en, por ejemplo, sextercios y el sextercio se devalúa un 15% tengo un 15% menos y el problema, que estaba en el tejado del deudor, puede pasar al mío, sobre todo, si he elaborado esos complejos productos secundarios. Esta advertencia iba acompañada de una cuestión psicológica importante: eran estados muy jóvenes. Ese grupo de países podía pulsar el botón de reinicio en 2009 porque lo habían hecho sólo 20 años antes. Si lo hacían, podían provocar una nueva sacudida.

Y no todo es economía, claro. La caída del Este podía provocar una reescritura de los mapas en beneficio de una Rusia de la que todos dependían energéticamente.

La negativa duró muy poco. El 21 de marzo leímos:

La UE duplica las ayudas a las economí­as del Este

Bruselas ofrece hasta 50.000 millones en fondos para paliar la crisis

[…] En esta lí­nea, la UE acordó duplicar, hasta llegar a la cifra de 50.000 millones, el lí­mite máximo del mecanismo comunitario de ayuda financiera a la balanza de pagos.

Mirek Topolanek, primer ministro de la República Checa, que ostenta la presidencia de turno de la Unión, precisó que “el dinero se destina a los paí­ses que están especialmente golpeados por la crisis”, y que no cuentan con el escudo protector del euro. A finales del año pasado, el Consejo Europeo acordó un primer aumento de estas ayudas hasta 25.000 millones. Los primeros beneficiarios han sido Hungrí­a y Letonia con 6.500 y 3.100 millones de ayuda respectivamente. Rumania también ha solicitado apoyo.

Aunque quedaba un remanente de 15.400 millones, Bruselas ha querido enviar un mensaje claro a los mercados para evitar tentaciones especulativas contra cualquier paí­s que pudiera tener dificultades financieras.

“Evitar tentaciones especulativas”. Hubo convulsiones políticas. Topolanek dimitió el 26 de marzo de ese año y también lo hizo el presidente de Hungría. En este último país, se eligió al tecnócrata Gordon Bajnai, ministro de Economía, hasta la celebración de elecciones en 2010. El Este dejó de estar en el foco. Ni siquiera cuando, en junio de 2010, el gobierno presidido por Viktor Orban anunció que sus predecesores, Gyurcsány y el tecnócrata Bajnai (sí, el tecnócrata), habían manipulado las cuentas. El foco ya estaba en otra parte.

En octubre de 2009, había cambiado el gobierno de Grecia y el nuevo, dirigido por Papandreu, levantó la mano para anunciar que las cuentas se habían manipulado. Con la asesoría de Goldman Sachs (Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo, era vicepresidente para Europa de Goldman Sachs), se habían usado derivados complejos o se había emitido deuda en divisas diferentes al euro, operaciones que no debían pasar por Bruselas. Conocidas las cifras reales, las agencias de calificación bajaron las notas y los mercados, ya salió la palabra, comenzaron a pedir más rentabilidad por la deuda pública. Los emisores de CSD comenzaron a pedir más a cambio de asegurar la deuda. La relación este estas tres cosas no fue tan directa. En diciembre, las agencias bajaron la nota de la deuda. Por ejemplo, Fitch y S&P, al BBB+. El 4 de marzo, Atenas, en medio de un carajal social y político y con calificaciones de deuda por los suelos, lanzó una emisión de bonos a 10 años de la que obtuvo 5.000 millones de euros a un interés del 6,3 %, después de haber recibido ofertas por 15.000 millones de euros. Para situarnos, España colocó en diciembre bonos a diez años al 7,088 %. Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch califican actualmente a España con un nota entre A1 y AA+. Sin embargo, el relato periodístico y político no sólo relacionaba esas tres cosas, sino que las vinculaba colocando en la misma línea hechos reales y decisiones especulativas.

A pesar de los posibles problemas, Grecia era una explosión más controlada. El directorio franco-alemán no repitio el esquema del Imperio Austro-Húngaro. Tras meses y meses de discusiones, cumbres, reuniones, planes de ajuste y llamadas de auxilio, el 25 de marzo de 2010 (19 días - seis meses) Francia y Alemania acordaron un plan para rescatar las finanzas griegas con la participación del FMI y los países de la eurozona. Sin embargo, sólo se trataba de un plan de último recurso para rescatar a Grecia si se encuentra en situación de suspensión de pagos. El paquete de rescate totalizaría 23.000 millones de euros, menos de la mitad de lo acordado un año antes para el Este y con muchísimas más condiciones que condenaban a Grecia al desastre. También conviene recordar que, mientras el Mediterráneo se freía en medio de tensiones de deuda, Alemania se financiaba a costes, incluso, negativos y tenía cifras récord de empleo. Estábamos financiando la campaña electoral de Merkel.
Hace días, Rajoy levantó la mano. El problema no es que lo hiciera como un adolescente, con insinuaciones en los cara a cara y directamente sólo diez minutos antes de marcharse, ni tampoco, que no hubiera concertado apoyos (aunque ambas cosas son preocupantes y revelan la poca solidez, esperada, del presidente y su gobierno). El problema tampoco es la cifra concreta porque los números sirven para explicar una cosa y su contraria y, al final, todo el mundo se lee la nota de prensa y casi nadie se fija en la letra pequeña. El problema es levantar la mano. Tampoco, como ya hemos visto, importan las cifras ni la realidad porque estamos hablando de movimientos especulativos que no tienen nada que ver con el sistema productivo. El problema es levantar la mano. Desde entonces, Italia ha dejado de estar en el foco. Era el país del que todo el mundo hablaba porque las convulsiones ya habían provocado un cambio de gobierno y la espiral de profecías autocumplidas estaba comenzando a moverse. Ha parado y el foco está ahora sobre España, un país con un gran botín en forma de empresas que, en los últimos años, se han internacionalizado con tanto éxito que el mercado nacional es una rémora. Lo lógico es que muchas de ellas, muy baratas por las bajadas del Ibex, sean compradas y dejen de ser españolas.

Las semillas del problema ya estaban ahí pero ahota tienen abono. Los ajustes de abril y la aplicación de la reforma laboral provocarán una contracción mayor de la economía porque la práctica totalidad del dinero que se mueve en España está a tres grados de separación de alguna administración pública. Los bancos y las empresas han hecho acumulación de efectivo reduciendo inversión y crédito, respectivamente. También, ha habido salida de depósitos. Quizá, porque nadie se quiere ver empantanado con productos como preferentes o convertibles; quizá, en previsión de problemas; quizá, por algo que no tiene nada que ver. El problema es que la noticia se unirá a la espiral. También, la política del Gobierno de cargar sobre el estado la deuda del resto de administraciones públicas vía ICO o hispabonos empeorará las cifras que eran buenas y catalizará la espiral. La peor noticia no ha salido muy destacada. El Bundesbank ha criticado la política de dinero fácil del BCE que permitía que España e Italia se financiaran a bajo coste. Si el dinero fácil se acaba, comenzarán de nuevo las tensiones. Sin conspiranoia, la tentación de concretar en España la política de joder al vecino es muy grande. Somos una explosión atómica pero delimitada. Incluso, geográficamente, lo que quiere decir mentalmente. España es un país con un gran botín en forma de empresas que, en los últimos años, se han internacionalizado con tanto éxito que el mercado nacional es una rémora. Lo lógico es que muchas de ellas, muy baratas por las bajadas del Ibex, sean compradas y dejen de ser españolas. Espero equivocarme.

PD: Hoy leo en Expansión:

Crece el número de analistas que ven a España en recesión también en 2013

Entidades nacionales como Ceprede o Repsol, internacionales como Ernst&Young, Citi o Goldman, u oficiales como el FMI esperan que la contracción de la economía se prolongue otro año más

Las espirales de profecías autocumplidas.

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