Quiebra y autoritarismo

Hungría ha sido un país pionero en muchas cosas durante estos años. Fue uno de los primeros países, no institución financiera, en contagiarse de la crisis subprime. Debutó en la tendencia de tener un tecnócrata al frente del gobierno y también, abrió la veda de las herencias ocultas. El actual presidente, Viktor Orban abrió su legislatura diciendo que su predecedor, el tecnócrata, había manipulado las cuentas. Primero, le mandarón callar y, después, llegó Grecia y ya no hizo falta. Hungría está ahora caminando hacia la quiebra y el autoritarismo; quizá, las nuevas tendencias para 2012. Grecia, que siempre ha sido la segunda, tiene previsto celebrar elecciones esta primavera pero ¿y si los sondeos no son claros?  La suspensión de unas elecciones nos parece una línea roja complicada de cruzar pero seguro que hace año y medio también hubiéramos considerado increíble tener en la UE presidentes no elegidos.

Hay tres razones para ser pesimista. Los neoliberales siempre han situado el programa económico por encima de la democracia, la posibilidad de un presidente sorpresa que rompa los acuerdos puede convulsionar el sistema financiero y, por último, la dirección fáctica de la UE (Merkel) ha demostrado estar dispuesta a sacrificar cualquier cosa por su reelección. 

La principal razón para ser optimista es que, en estos casos, siempre se ha optado por el pucherazo.

  

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