Nunca pisaron la universidad

Leo:

La Associació Catalana d’Universitats Públiques (Acup) pone énfasis en la función que han desempeñado en los últimos lustros los centros públicos para permitir esa compactación de estratos sociales. La referencia más clara es que un 40% de los estudiantes que cursan un grado universitario en Catalunya provienen de familias que nunca pisaron la universidad, un porcentaje que cobra relevancia al estar en lo más alto de la media de la OCDE. Asimismo, la universidad se ha convertido en un lugar donde se ha formalizado como en ningún otro la paridad de géneros: en 1973 sólo un 37% de los alumnos eran mujeres mientras que ahora lo son un 54%.

Ahí esta la clave. No puede haber una única vía para la formación en la que entren en juego el talento y el esfuerzo. Hay grupos sociales que no quieren correr el riesgo de que sus hijos caigan aunque, para conseguirlo, haya que limitar la movilidad social, es decir, carcomer la sociedad.

Escribí hace un mes:

En la próxima legislatura, la universidad pública va a sufrir (cierres, asfixia económica y subida de tasas) por tres causas.

La primera es económica. La universidad pública tiene prestigio gracias a su historia, buenos profesores, correctas instalaciones y, en algunos casos, grandes posibilidades de investigación. La privada no suele tener nada de lo anterior y acostumbra a ser una escoba de gente que se ha quedado fuera por la selectividad o busca un título rápido. Hay que eliminar ese prestigio (lo que lo produce) mediante reducción del presupuesto, cierres (en algunos casos) y la creación de crispación (no hay que ser muy listo para prever que la subida de tasas provocará movilizaciones).

La segunda razón es socioeconómica. La universidad era (aún es) un elemento clave de ascenso social y no hay para todos. Hay que reducir el número de licenciados para que mejoren los sueldos. Actualmente, los master cumplen esa función de cuello de botella pero el cupo sigue siendo grande. Además de que es necesario que las universidades públicas pierdan prestigio para que los títulos de las privadas sirvan para algo, también hay que reducir el número que entra en la universidad pública (las cosas no pasan de un día para otro, salvo los impuestos de los liberales).

La tercera razón es ideológica. El fondo es insistir en que lo público es desastroso, que está mal gestionado, que está lleno de vagos y que no sirve para nada (lo público para todos, claro, no será usted tan ingenuo como para creer que las universidades privadas no reciben dinero público). Y, para que haya más fondo, hay que crearlo. Hay que  descabezar un lugar de producción intelectual que, habitualmente, suele estar vinculado a la izquierda (impuestos redistributivos, regulación estatal, sociedad, ciudadanos, clase media) y sustituirlo por otro que diga las cosas en las que se basa nuestro proyecto (libertad individual, esfuerzo, emprendedores, propietarios, creación de riqueza).

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