GTA, Mortal Kombat y problema generacional

Hace tres años, Ignacio Escolar era director de Público y abrió con la noticia del lanzamiento de la cuarta entrega del GTA. En su blog publicó una entrada que decía:

Es sólo un videojuego violento, amoral y sexista, pero me gusta. Es una ficción, una novela negra. Y, como tal, no tiene por qué ser políticamente correcta. No es apto para menores de 18 años –lo pone bien claro en su etiquetado–, como tampoco lo es una película de Tarantino o de Scorsese. La confusión viene del nombre: videojuego. El juego se relaciona con la infancia y en el nombre de los niños, en su defensa, se justifica la censura.

Yo no compraría GTA a un menor del mismo modo que no le llevaría a ver Kill Bill al cine. Pero los videojuegos ya no son sólo cosa de niños: la edad media de los que jugamos cada vez es más elevada y hoy ronda los 25. El videojuego es cultura, es mi cultura y la de muchos como yo. Los que crecimos con el Spectrum o Mario Bros seguimos viendo en ellos un excelente entretenimiento, una expresión artística comparable al cine o a la literatura, una nueva narrativa.

Hoy se publica una nueva entrega de Mortal Kombat. La noticia sale en la sección de ciencia y dice:

Mortal Kombat es todo carne violada, llamas, cadenas, cuerpos retorcidos y torturados por el dolor. Con el sadismo por bandera, la violencia explícita es la constante de un videojuego cuya verdadera diferencia se resume en la palabra Fatality: un movimiento final y fatal, propio de carniceros, con el que los jugadores despachan a sus oponentes de forma espectacular, despedazándolo y mostrando la casquería sin censura.

El problema generacional.

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