ZP vintage

En la sociedad de consumo hay dos momentos de efervescencia: la expectativa y la recuperación. Los picos no dependen del producto y su uso, sino el acto de la compra y sus consecuencias psicológicas. Se crea una ilusión que se concreta en la adquisición; después, llega el estreno, la novedad, la presentación a los demás y, poco después, todo comienza a deshincharse. Llega la desilusión, o la frustración, sin llegar a la sepultura del olvido. La sociedad de consumo no entierra, recicla. Lo viejo vuelve a ser consumido no como novedad, no se repite el binomio expectativa-desilusión, sino como refugio, ofrece el calor de algo conocido e inofensivo. Es un momento dulce para los lanzamientos y los veteranos y malo para las carreras artísticas. Es un momento dulce para los candidatos (must) y los ex (vintage) y malo para los activos (fondo de armario).

Zapatero fue el primer presidente-consumo (o líquido). Después, han llegado Obama, Sarkozy o Cameron. La expectativa provocada en la campaña no puede materializarse, aunque la acción sea buena, como Obama, o no pare de descargar aplicaciones, como el iSarko. No es una cuestión del producto, sino del hambre de novedad. Zapatero ha tenido una suerte de la que los demás han carecido, un contrario disney, tonto, lento y exagerado, que no sólo ha retrasado la siembra de la frustración, sino que la ha hecho relacionarse con cosas reales, las medidas anticirisis. Y, en la posmodernidad, las cosas reales siempre son más maleables que las imaginarias.

Hoy comienza el relato de Zapatero que será más o menos así: un presidente joven cuyas ambiciones de modernizar socialmente el país fueron combatidas por una derecha reaccionaria o prepopulista (depende de cómo evolucione) y cortadas definitivamente por la crisis. Habrá algunos adjetivos que se repitan como moderno (matrimonio gay), social (ley de dependencia), astuto, humilde, independiente, feminista o democrático. No ha sido el primer presidente de izquierdas de la democracia pero sí el primer presidente democrático. No ha querido controlar los medios ni los otros poderes, externos o internos, lo que siempre le ha traído problemas que ahora podrán convertirse en pequeños hitos hagiográficos: nombró a un conservador presidente del CGPJ y del Supremo, dejó hacer a TVE o defendió las primarias. 

Ha sido el segundo presidente, tras Suárez, cuya ascensión ha traído un cambio generacional. Y ése ha sido el gran motivador de odios. Rubalcaba provocará incendios en las portadas (como ya está haciendo) pero no la mala baba desatada. La presencia de un tipo de 40 años decía a los de 60, los que hicieron la transición, que ya estaban mayores y éso es algo insoportable (en 2016, cuando Rajoy o Rubalcaba acaben el primer mandato, tendremos un problema generacional grave con millones de personas de 30-40 años frustradas por no poder desarrollar su proyecto individual inmediato).    

Otros adjetivos irán decayendo. Las acusaciones de frivolidad o improvisación, las más extendidas, se apagarán porque siempre lo hacen cuando los actos se sitúen en línea recta desde un origen a un final. El gran frívolo e improsivador de los últimos tiempos, Gorbachov, ha pasado a la historia como un héroe porque todo fue bien pero su laxitud podría haber provocado guerras civiles en algún país satélite o un conflicto a mayor nivel. No se juzgan sus actos, sino el resultado: la primera caída incruenta de un imperio. 

Sobre las críticas de la actuación de Zapatero ante la crisis, es probable que también se reestructuren. Esta semana, la Fundación Ideas ofrecía un relato: ante el golpe, inversión (plan E); ante la recesión, reformas; ante la recuperación, cambio de modelo. Todo depende de cómo acabe la cosa. Si la recuperación continúa, auque sea lenta, se dirá que su sacrificio impidió el rescate de España. Es novelesco pero el periodismo y la historia han metido el relato en su sistema operativo.

Zapatero comienza a ser un ex, un refugio que ofrece el calor de algo conocido e inofensivo. El relato lo tejerán los periodistas que hoy tienen 30-40 años (no digo tenemos porque ya no soy periodista y, además, los comunistas ya nos cansamos del culto a la personalidad; de hecho, ahora abusamos del culto a la despersonalidad). Cuando lo hagan, no sabrán distinguir la hagiografía elaborada de su propia nostalgia biográfica; ZP será parte de la escenografía de lo que recordarán como mejores años de su vida.    

Deje un comentario