La Vanguardia está a punto de hacerse madridista

Una de las prácticas más habituales de la prensa madrileña es la esquizofrenia. En la del bloque de la derecha, la sección de sociedad suele tener reportajes terribles sobre las consecuencias de las medidas económicas que siempre son consideradas escasas en las páginas de economía, política u opinión. Zapatero tiene la culpa de que el niño de Fulano no pueda tener regalos de Navidad porque a su padre le han quitado los 480 euros pero, unas páginas más adelante o atrás, Zapatero es un irresponsable por haber aprobado esa ayuda y debería reducir aún más cualquier tipo de prestación. Zapatero tiene la culpa de que hayan expulsado a madre de Mengano pero, en otro lugar, se dice que hay que tener más mano dura con la inmigración.

Es algo que no había visto en La Vanguardia.
Leo:

La crisis condena a más de 50.000 familias en Catalunya a quedarse sin casa al no poder pagar la hipoteca

El no de Zapatero condena al fracaso la petición del Parlament para que el Gobierno estudie la dación en pago de la hipoteca

Es una medida bastante razonable pero, ahora mismo, tal cosa mandaría al carajo los balances de las entidades financieras españolas, bajaría su calificación y expondría aún más la deuda española, pública y privada. Y es algo que el resto del diario no aprueba. El reportaje es extenso, 10 párrafos y un destacado. Sólo dos son de información. El resto son terribles historias personales de las que, como dice el subtítulo, tiene la culpa Zapatero. El inicio es demoledor:

Jaime hace meses que no puede dormir. Tiene pesadillas. Le echan de casa y se queda en la calle con sus cuatro hijos y un nieto de dos años y medio sin nada que comer. Este sueño se repite cada día y no sabe qué hacer para borrarlo de su mente, porque se ha convertido en una amenaza real. Sobre sus hombros pesa una deuda de 175.000 euros y un aviso de desahucioque tarde o temprano se hará efectivo. Él lo sabe, pero afirma que no se irá de casa hasta el final: “Sólo si me echan”. Su caso no es distinto al de Elisa, Napoleón o María. O de las más de 50.000 familias catalanas desahuciadas (250.000 en toda España) que desde que empezó la crisis (2007) han perdido su hogar por no poder pagar la hipoteca.

¡Zapatero! Cuatro hijos y un nieto de dos años y medio, ¿no te encojen el alma, en el caso de que la tuvieras? Y ni una explicación de por qué se ha rechazado o sobre las medidas suplementarias anunciadas ayer o una estimación de lo que afectaría a los balances. Nada. Recordemos a Lenin:

En cambio, el agitador, al hablar de esta misma cuestión, tomará un ejemplo, el más conocido y más destacado de su auditorio -pongamos por caso, el de una familia de parados muerta de inanición, el aumento de la miseria, etc.- y, aprovechando este hecho conocido de todos y cada uno, dirigirá todos sus esfuerzos a inculcar a las masas una sola idea: la idea de lo absurdo de la contradicción entre el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la indignación contra esta flagrante injusticia, dejando al propagandista la explicación completa de esta contradicción. Por eso, el propagandista procede, principalmente, por medio de la palabra impresa, mientras que el agitador actúa de viva voz.

La Vanguardia se prepara para el nuevo ciclo político, el de la nueva CEDA. Sólo le queda hacerse madridista.

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