¿Por qué el Gobierno no hace política?

Hace unas semanas, PP, PNV y CiU (la nueva CEDA) introdujeron una enmienda en la Ley de Economía Sostenible por la que los fabricantes de automóviles estaban obligados a recomprar todo el material (coches y piezas) servido a los concesionarios. Tal cosa provocó una guerra entre ambos sectores, representados por Anfac (fabricantes) y concesionarios (Faconauto) y los primeros incluso echaron un farol apocalíptico: la enmienda iba a provocar el cierre de las plantas establecidas en España. Era un farol porque, desde el primer momento, se estableció un consenso bastante amplio sobre la enmienda: era una cagada y no debía salir adelante. Era algo asumido incluso por los concesionarios para quienes lo único bueno del escenario era una ventana de oportunidad para negociar un nuevo marco. No el de la enmienda, claro, pero mejor que el existente. El Gobierno celebró reuniones con ambas partes para buscar un acuerdo que no llegó por que los fabricantes no quisieron y, al final, la cagada se ha solucionado con un parche en ese gran parche llamado Senado.

El desarrollo de esta enmienda es interesante porque refleja el modo de actuar del Gobierno y que provocará sus próximas derrotas electorales. Ante cualquier problema, deja a un lado la política y se centra en buscar una solución primando el sentido de estado y el consenso. Tal cosa implica desgaste. El que sale en las fotos es el que recibe todos los palos y las negociaciones siempre implican cesión de terrenos complicados de recuperar (si uno busca cronología sobre el problema, se encuentra fotos del ministro de Industria; no hay fotos del PP). Cualquier fin de semana, puede salir Rajoy, Cospedal o Pons diciendo que el Gobierno es un irresponsable por montar un lío en el sector del automóvil. Y, si no lo hacen, da igual. Como no ha habido discurso político sobre el tema, para todo el que no esté informado es “otro lío del Gobierno”.     

En un escenario como el creado por la enmienda, el Gobierno tenía que haber simultaneado la acción legislativa y la política. Tenía que haber llamado la atención de los electores sobre la cagada a través, por ejemplo, de dos acciones. La primera, pidiendo la dimisión de Soraya Sáenz, como responsable del grupo parlamentario. Es algo desmedido pero se centraría en una de las pocas bazas que tiene el Gobierno para ganar: Rajoy no se entera. La otra acción, más audaz, precisa asumir el farol de los fabricantes sobre el cierre de plantas y recorrerlas todas (Vigo, Valladolid, Vitoria, Zaragoza, Valencia, Barcelona, etc…) celebrando reuniones con los comités de empresa lanzando el mensaje de ’la irresponsabilidad del PP, donde Rajoy no se entera, ha puesto en peligro miles de puestos de trabajo; vamos a arreglar esta cagada’. Esos actos, aunque tuvieran poca repercusión nacional (madrileña), sí harían que el tema entrase en la agenda autonómica y local, el próximo escenario electoral.  

Además de negociar y legislar, un Gobierno debe hacer política porque no puede olvidar que ’nace’ de la victoria electoral de un partido político. Si lo olvida de dónde viene su legitimidad y cuál es su campo de actuación, es sustituido por otro. Perdón por el funcionalismo pero es así.    

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