El problema del periodismo es el periodismo (no la literatura)

Hace unos días, Francisco Rico, fumador, escribió una columna sobre el tabaco en la que decía que él no fumaba. Arcadi Espada, gran defensor del rigor periodístico (siempre que sea fuera de su propio periódico, El Mundo), protestó. Javier Cercas, que ya tuvo una controversia con Espada hace años, defendió a Rico y Espada escribió en una columna que Cercas había sido detenido en una redada contra la explotación sexual. No vale la pena entrar a discutir sobre esta anécdota concreta porque se explica sola pero sí en el fondo.

Periodismo y literatura no son lo mismo, aunque se parezcan. El periodismo se basa en la información o análisis sobre hechos y tiene por objeto informar, formar y entretener (no siempre a la vez ni en este orden); la literatura se basa en la ficción y tiene por objeto divulgar, emocionar e instruir (no siempre a la vez ni en este orden). Periodismo y literatura no son lo mismo, aunque tengan puntos de encuentro y tránsito. Sin hacer historia, el periodismo usa recursos literarios en algunos géneros y la literatura usa recursos del periodismo para algunos formatos y lenguajes. Cada mundo establece un pacto diferente con el lector y distinguirlos, sobre todo cuando usan formatos ajenos, depende de que el autor y el editor aclaren el pacto especificando el formato y, claro, de la inteligencia del lector.

La columna de autor, en España, siempre ha usado recursos literarios e, incluso, ha habido autores que han hecho de ella un género (Larra, Umbral o Millás). Francisco Rico, escritor, escribió una columna usando la primera persona como recurso para argumentar su opinión sobre un tema; recapitulemos: ni es periodista, ni era un género informativo, ni aportaba hechos, ni ofrecía información. Parece bastante estúpido fijarse en si fuma o no fuma; lo mismo que cuestionar si el ‘yo’ que aparece en los artículos de Larra era Larra de verdad de la buena o si Umbral echó todos los polvos que contaba(bueno, ya hemos visto que siempre hay alguien a la altura de los pensamientos más estúpidos).

Pero quizá, no. Es posible que esa demanda de rigor periodístico al texto de un escritor que publica en las páginas de opinión sea un síntoma de que damos el resto del diario por perdido. El problema del periodismo no está en los géneros literarios, sino en los informativos; no está en las páginas de opinión, sino en las de información; el problema del periodismo no son los escritores, sino los periodistas. Asumimos (creo que lo sigo siendo) que los compañeros no tienen tiempo para hacer todo lo que les piden y que reciben presiones de sus superiores. Asumimos que los diarios manipulen las cifras de manifestantes o el sentido de las palabras; que aplaudan unos abucheos y critiquen otros; que se silencien unos temas y se potencien otros. Asumimos que buena parte de la información va a estar manipulada o sesgada. Lo asumimos porque asumimos que nuestros compañeros han hecho lo que han podido o lo que les han dejado.  

Sin entrar en el periodismo basura, del que aquí tienen una buena colección, veamos dos ejemplos, uno más burdo que otro. El pasado sábado, una manifestación de agricultores en Valladolid pedía ayudas a las administraciones; para La Razón, sólo se dirigían al Gobierno. El lunes, un artículo de El País afirmaba que había discriminación hacia las mujeres en la selección de músicos para las orquestas profesionales (un proceso bastante controlado porque todas son públicas o semipúblicas). Su base era comparar las tituladas con las seleccionadas sin darnos el dato clave: cuántas se presentan al proceso. 

Estos son los textos que no se pueden pasar por alto (Josu Mezo no lo hace) porque necesitamos información, análisis, periodismo. Si Francisco Rico fuma o no fuma es atrezzo para la galería.

PD: Los pesimistas dirán que es la peor época para el periodismo, que nunca ha habido más desinformación, que los medios que garantizan el flujo de información veraz están desapareciendo, que unas cuantas corporaciones lo controlan todo,   y que unos chalaos con móviles o un priápico con un ordenador no pueden desafiar el totalitario control sobre la información. Mentira. Y no hay que leer muchos libros de historia para demostrarlo; basta con mirar alrededor. Una buena época no quiere decir que no haya problemas.

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