Cómo la SGAE lava el canon

Se está haciendo habitual que los artistas que portavocean las estructuras de poder culturales comparen sus obras con productos alimentarios. Javier Bardem hablaba del tomate y Serrat, del chorizo. Poco se quieren y valoran aunque no les falta razón y, en la mayoría de los casos, salen perdiendo. Podría vivir sin la filmografía de Bardem pero no, sin pan con tomate. Serrat me hace dudar. Su problema es que las situaciones absurdas hacen que la gente inteligente (Serrat) diga cosas absurdas. Si alguien quiere un argumento rápido: en la carnicería no me cobran a la entrada por si les robo algo. 

 El canon, un impuesto privado y preventivo al uso medieval, sale de los bolsillos de cualquier ciudadano que compre un objeto susceptible de ser usado en la piratería. Con el dinero que le sobra tras el reparto (algún juez debería entrar algún día a investigar esto), la SAGE tiene que hacer inversiones y compra teatros, teóricamente, para promocionar la cultura. En ellos, actúan artistas pertenecientes a esa estructura de poder: Victor Manuel, Jarabe de Palo, Miguel Bósé, Los Pekenikes, etc…  Círculo cerrado.

Sin ser un experto en imagen, insultar, amenazar y sobrecobrar a los clientes potenciales no parece una medida muy inteligente. La cuestión es que hay una parte de estructura de poder cultural que no necesita público porque éste es una parte pequeña de su facturación. ¿Qué pasará después? Da igual; a ellos no les interesa.

sgae

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