Higiene II

Un lector, el lector de guardia, afirma que en la entrada anterior he mezclado “churras con merinas” porque alguna diferencia tiene que haber entre un tipo que se insúa a otro en un lavabo y el edil que se exhibe ante niñas de nueve años. Sí­, claro que hay una diferencia y el código penal español la recoge: lo segundo es un delito y lo primero, no.

El lector también indica que, en el caso del republicano pilonero, el único problema son sus explicaciones: “suele orinar con las piernas muy abiertas y que se agachó para recoger un papel en el suelo”. Como padre que está enseñando a su hijo a mear de pie, es lamentable que un servidor público no dé ejemplo de la postura correcta para llevar a cabo la mingición y, además, coja cosas que suelo, aspecto que todos los educadores nos dejamos la lengua insistiendo; sobre todo, en los lavabos.

Las explicaciones son lo peor pero no es lo único. Si, como dice el lector, el resto fuera “alegrí­a concupiscente”, perfecto. Me da exactamente igual que la gente se insinúe en los lavabos o en otro lugar público a otras personas mayores de edad pero este tipo es que los que piensan que no y, desde una mentalidad reprimida, antihigiénica y porculera, aspecto que no tiene nada que ver con la opción sexual, apoyan leyes que coartan la libertad de otros que viven su vida con esa “alegrí­a concupiscente” que, personalmente, me gustarí­a se extendiese más las casas que por los lavabos de todo el mundo.

Sobre el concejal exhibicionista, me asombra que la vecina que explica “todo esto se sabí­a” sea, precisamente, la mujer del alcalde. Aunque, en fin, soy de pueblo y sé cómo funcionan las cosas en esos agujeros de gusano.

PD: Besos al lector. Con los pies juntos.

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