El sentimiento, la clave es el sentimiento

Leemos en La Vanguardia este apunte de Dolores García:

Campaña sin promesas

La izquierda ha acabado recetando tiritas para el mercado o exorcizándonos de la derecha diabólica

El estado de decepción que aqueja a la sociedad catalana tuvo su origen en unas expectativas exageradas. La izquierda, de la mano de Maragall, prometió un salto en el bienestar y otro en el encaje en España que se han diluido en la crisis y en el Constitucional. En estos años, además, la clase política no ha sabido acompasar su discurso con las dificultades que se iban imponiendo en la vida cotidiana de los ciudadanos. No es sólo que Zapatero creyera que esto se arreglaba con cuatro rotondas y dos bordillos, sino que las actitudes de los políticos reflejaron durante meses una clamorosa falta de agilidad ante la realidad.

La reacción a ese súbito y profundo cambio de escenario por parte de la derecha y la izquierda ha sido reclamar para sí el voto de protesta, la fuerza para frenar los males que encarna el contrario. En Catalunya se ha echado mano de ese recurso con fruición: el voto contra el PP, contra la independencia, contra el tripartito, contra el neoliberalismo… Desnudos de cheques bebé o sonotones gratis, nos hemos quedado con el anti como único resorte para movilizar al votante.

Mas apela al cambio, pero apostilla que lleva “siete años picando piedra”, como si gobernar tocara por riguroso turno. Y el PSC se erige en “garantía de progreso” cuando el futuro se ha vuelto demasiado frágil y hace aguas la idea del ascensor social, cuando muchos jóvenes se saben con peores perspectivas que sus padres.

El líder del PSOE madrileño, Tomás Gómez, confesaba hace unos días que su partido ya no podía buscar sólo el apoyo del obrero y que los ideales de justicia también lo son de la clase media. “Hoy la derecha es optimista y la izquierda, pesimista –dice Daniel Innerarity–; la izquierda es melancólica y reparadora, ve el mundo actual como una máquina que hubiera que frenar y no como una fuente de oportunidades”. La izquierda catalana ha acabado recetando tiritas para curar las heridas del mercado o exorcizando al votante tentado por la derecha diabólica.

En la sociedad de consumo, en la sociedad posmoderna, en la sociedad líquida, la clave es emocional. Las promesas son productos y se dirigen a un sitio del cerebro donde las cosas se examinan. La emoción, no.

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