El problema de las líneas (cuándo se jodió Catalunya)

El maestro Juliana se preguntaba el domingo cuándo se jodió Catalunya. La cuestión supone considerar que hubo un momento en el que todo iba bien y se torció; es decir, que las cosas se sitúan en una línea recta que, en un punto concreto, se quiebra cambiando el rumbo esperado y deseable por el sitio donde estamos. En las biografías personales, es algo que suele hacerse y conduce a lo que Richard Ford consideraba el Gran Arrepentimiento, un estado de serena desesperación. En las biografías colectivas, el proceso es algo más complicado porque la decadencia de unos suele ser el auge de otros y, en donde unos piensan que todo se jodió, otros sitúan el mejor momento de sus vidas. Volvamos a la pregunta y a la respuesta suponiendo que existe ese momento. Juliana situaba la desviación de la recta en los años siguientes a los Juegos del 92, cuando la lucha entre CiU y el PSC impidió a la sociedad catalana leer los cambios que se producían a nivel estatal y global. En el texto, hay nostalgia del timón fuerte empuñado por el President Pujol, una figura agigantada por la sensación de casa de barrets sense pianista de los gobiernos posteriores y por la distancia temporal. Como también sucede en las biografías personales, el paso del tiempo lima los picos de las crisis. El artículo nos hace deducir que, con una buena mayoría, Pujol habría encarado de otra forma el momento y, quizá me paso, nos invita a no convertir la próxima Generalitat en un revival de la I República Italiana: ojo, no pasemos del tripartito al pentapartito.

Pero el artículo se olvida de otros dos factores: el ensimismamiento y el regeneracionismo. Comencemos por el segundo. Después de los Juegos, coincidiendo con esa pelea, hubo siete años en los que CiU, metonimia de Catalunya, fue la fuerza que marcó buena parte de la agenda política española, apoyando al último González y al primer Aznar. El bagaje fue el famoso 15% del IRPF en la primera negociación y, en la segunda, el paso del 15% al 33%, la desaparicíón de los gobernadores civiles, la del servicio militar, el aumento de competencias de los Mossos y varias inversiones. Es interesante ver que la mayoría de lo negociado son cuestiones estatales. Podría decirse que es incorrecto incluir ahí el modelo de financiación, la parte magra, porque la extensión al resto de comunidades (salvo las forales, el Luxemburgo hispánico) fue posterior. Creo que no sólo es correcto, sino que es justo hacerlo porque CiU, recibendo palos por todos los lados (primero del PP; después, del PSOE), desbrozó el camino que los demás han terminado recorriendo sin ningún pudor. Es interesante comparar con el reciente pacto PNV-PSOE, donde lo acordado son cuestiones particulares: traspasos, inversiones o cuotas de poder en instituciones. Juliana recordaba que el PP no ha llevado al Constitucional esos acuerdos y le falta poca cosa a Trillo para darle al copiarypegar de los recursos. No sólo no lo han llevado; ya ni se habla de ellos. Decía Juliana “la derecha española sólo impugna asuntos catalanes”. En Madrid, ya debería saberlo el maestro, no hay celebración en la que no se cante polaco el que no bote.

A Catalunya le perdió el regeneracionismo. En ambas negociaciones, mientras se decía que los catalanes saqueaban España, CiU rodeó todo de un espíritu positivo, constructivo, de progreso común dentro de un nuevo marco de entendimiento, resumiendo y para acabar con el almíbar, de un espíritu regeneracionista. Quizá, por miedo a la reacción o, quizá, porque la visión estatal (a menudo, con tono paternalista exasperante y una deriva providencialista arriesgada, cuestiones a revisar) es una cartacterística muy propia de la política catalana desde el XIX. Es ventajista decirlo pero ese regeneracionismo, esa voluntad de implicarse en las cuestiones comunes, como la estabilidad y la gobernabilidad en un momento de crisis económica (de momento, más severa que la actual para España) y política (también, más severa), contribuyó a que se jodiera Catalunya. CiU debería haber aprovechado el momento para consolidar Barcelona como polo político, económico y social y sacar definitivamente el polaco el que no bote de las fiestas madrileñas.

Es muy ventajista decirlo ahora pero CiU debería haber pedido el Senado, el Constitucional y, por ejemplo, las sedes de Telefónica y Renfe. Habría conseguido, por ejemplo, el Consejo de Estado, algún organismo regulador y la sede de Aena, que no es poco. Pero, más que al peso, el objetivo debería haber sido consolidar Catalunya como un polo a tener en cuenta, un lugar que hay que conocer y pisar para ganar las Generales, un sitio que no se puede mirar desde fuera gritando polaco el que no bote. ¿Por qué no se impugnan asuntos vascos o andaluces?, se preguntaba Juliana. Porque se han hecho respetar. En la mitología política madrileña está escrito que el debate sobre la autonomía andaluza fue la piedra donde se desangró la UCD y maduró el PSOE. El Pujol, enano sólo se cobró la cabeza de Vidal-Quadras; poca pérdida para la ganancia política conseguida. En 2000 (mayoría absoluta en Madrid y el último Pujol recostado sobre el PP), volvió el polaco el que no bote con más fuerza aún. La ecuación nacionalismo=terrorismo, con nosotros o con ellos, que hizo crecer una burbuja llamada ERC.

Esa ecuación solidificó políticamente otra cuestión importante, el ensimismamiento. En los comentarios al artículo de Juliana, había uno que decía: “Barcelona decidió ser la capital de un país de seis millones antes que la segunda ciudad de otro de cincuenta”. No son cosas incompatibles pero va por ahí aunque los sitios donde se acaba nunca son fruto de las decisiones. Volvamos a los Juegos. Tras la concesión, se extendió la campaña Ja tenim els Jocs, volem fer-ho bé, un proyecto común con un objetivo concreto, pero, después, no hubo un Ho hem fet molt bé i ho hem d’aprofitar, sino un Ho hem fet de conya i ningú ho farà millor; apa, a disfrutar. La evidencia de que había sido un acto fantástico se reafirmaba cada cuatro años ya que Atlanta, Atenas o Sidney no eran capaces de llegar al nivel. Los Juegos son sólo una metáfora de una sensación de autosatisfacción, de displicencia con los demás, de ensimismamiento. Esos sentimientos crecían con la llegada de turistas, la intervención en la política estatal (Pujol, español del año y otras vaselinas), el Dream Team de Cruyff y proyectos como el Fòrum, una idea de Barcelona-Maragall para el mundo (y para lanzarlo hacia la Generalitat; la lucha interna).

El periodo 2000-03, nacionalismo=terrorismo, explosión económica de la capital por las privatizaciones y el ladrillo, rearme cultural de todo lo español unitario o el Madrid galáctico de Florentino y sus torres (el deporte siempre es metáfora), revolvió ese ensimismamiento y el malestar se solidificó políticamente en el primer tripartito, centrado en resistir el ataque con barricadas. Un ejemplo es la actuación lingüística. Cabe preguntarse cómo se defiende mejor el catalán, si multando al señor Manolo (una mera cuestión generacional) o financiando contenidos culturales y proyectándolos, por ejemplo, a través de premios internacionales. En 2004, el nuevo PSOE busca oxigenar (frívolamente) esa barricada con la idea de la España plural, a la que el PP, descolocado por la derrota responde con polaco el que no bote (nacionalismo=terrorismo, mesas para fimar contra los catalanes, en Catalunya hay guettos, boicot a Catalunya, no a las empresas catalanas porque son extranjeras, etc…). El PSOE hace un esfuerzo por descentralizar (la CMT se va a Barcelona con querella de la Comunidad de Madrid por el camino) pero el proceso (frívolo) del Estatut, entre otros factores, le impide lograr una victoria holgada en 2008.

(En medio, otro proceso. España crece, crece mucho y crece autonómicamente. Deja de ser un sistema con 1+2 polos (Madrid + Barcelona/Bilbao) para tener 17 sistemas complejos en los que uno puede vivir y desarrollarse. Es decir, ya no hay que ir a Madrid o Barcelona para triunfar, estudiar, dar clase, comprar discos, publicar libros o montar una empresa tecnológica. Este cambio ha provocado desconcierto en Catalunya. Cataluña, un “país perplejo” porque “ya no es motor” de España, titulaba El País acerca de la presentación de un estudio hace dos años. “Hemos seguido creciendo pensando que todo funcionaba y que éramos el centro del mundo, cuando la realidad nos ha demostrado que no es así”, dijo Oriol Homs, presidente de la Asociación Catalana de Sociología al presentarlo).

Y llegamos a hoy. A Catalunya le perdió la lucha interna pero también, el regeneracionismo y el ensimismamiento (no son antagónicos; su convergencia está en la actitud: paternalismo y providencialismo; autosatisfacción y displicencia) y esta a punto de que le vuelva a pasar. El nuevo ciclo político, auspiciado por La Vanguardia, entre otros, tendrá como base, un pacto de las derechas, la nueva CEDA (PP, CiU, PNV, PAR y CC). La idea es un retorno a la política de peso, desterrando las frivolidades de Zapatero y el tripartito; la crisis impone seriedad. En el caso de CiU, el objetivo será lograr una mejora de la financiación e inversiones estratégicas como el eje mediterráneo o las interconexiones europeas; los mapas de Juliana (Catalunya, de nuevo, Franco Condado de la nueva Carolingia). Para lograr hacer digerible la nueva CEDA tras los diversos estribillos del  polaco el que no bote (nacionalismo=terrorismo, mesas para fimar contra los catalanes, en Catalunya hay guettos, boicot a Catalunya, no a las empresas catalanas porque son extranjeras, etc…) La Vanguardia está confeccionando el relato de que hay un PP moderno, plural y civilizado; es un proceso de humanización lento y en el que el PP ayuda poco pero se conseguirá.

Sin embargo, ese cambio consolidará indirectamente y a más largo plazo el polaco el que no bote como un eje central de la política española. Los últimos movimientos del PSOE, el último cambio de Gobierno con ningún peso del PSC o el posible apoyo a Manuel Aragón, el manostijeras del Estatut, como presidente del TC, insinúan que el PSOE ha hecho el cálculo: pierde más que gana con la España plural. Es una apuesta más sólida no mojarse por Catalunya para no dejarse votos en otros lugares (la roja antes que rojos) y moverse en el arco que ahora maneja el PP, aunque de una forma más moderada, claro. Cuando CiU apoye al PP, un poco de polaco el que no bote basado en la solidaridad y la cohesión (como antaño hicieron Cháves, Bono e Ibarra) y, cuando sea necesario el apoyo de CiU, un poco de cebo en forma de competencias o cargos. Y, en las Generales, que viene la derecha, recurso de sobrada eficacia. Todo, sin inmiscuirse. El PP oscilará entre la cesión de casi todo en 2010 para lograr la investidura y el rearme unitario, desembarco del TDT Party, si CiU no es necesaria. En el relato humanizador de La Vanguardia hay mucho entusiasmo pero poca realidad. CiU puede tener la oportunidad dentro de dos años de cambiar el relato y lanzar el mensaje de que el polaco el que no bote no sale gratis. Necesitará cortar algunas cabezas coronadas del PP pero, para hacerlo, hace falta mucha autoconfianza y poca autosatisfacción; poco regeneracionismo y poco ensimismamiento. También, poca lucha interna, poca melancolía y cambiar el cabreo por los proyectos. No está claro que tal cosa vaya a pasar.

No está claro qué va a pasar pero intuyo que todos esos procesos (ensimismamiento, preplejidad, frustración, polaco el que no bote) harán más amplias las zonas de incomunicación y más limitadas las de encuentro (un horizonte de sucesos: una hipersuperficie frontera del espacio-tiempo, donde los eventos a un lado de ella no pueden afectar a un observador situado al otro lado; qué poética es la física). Alguien, dentro de algunos años, también se preguntará cuando se jodió todo y situará la quiebra ahora, en el momento en el que otros piensan que todo se va a enderezar. Es el problema de las líneas.

1 comentario sobre “El problema de las líneas (cuándo se jodió Catalunya)”

  1. gormenghast dijo:

    Wau es un articulo cojonudo…
    Solo un par de salvedades
    Creo que CIU sale demasiado bien parada de toda esta disertación y
    segundo el parrafo de abajo suena mas bien a Boutade no????

    Deja de ser un sistema con 1+2 polos (Madrid + Barcelona/Bilbao) para tener 17 sistemas complejos en los que uno puede vivir y desarrollarse.

    Puede que haya menoss diferencias interregionaless que en los 70 pero a fecha de hoy Madrid es un tumor metastatiko henchido de hormigon e infraestucturas absurdas que aspira a ser un patetiko Paris Bonaerense y Barcelona a pesar de los lloriqueos habituales sigue siendo pujante economicamente en >España y la UE mientras que nos costaría encontrar triunfadores en Assturias, badajoz, las palmas, cordoba o las dos mesetas…….

    y lo dice un castellano emigrado a R.U,Madrid y después BCN

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