Es el fin de Internet (tal y como lo conocías)

Hace unos meses, el presidente de Telefónica, César Alierta, dijo que no todo el mundo era igual en internet. Hay empresas, dijo, que hacen un uso intensivo de la red para su negocio, logran grandes beneficios y pagan como cualquier otro consumidor. Propuso que esas empresas (como Google) contribuyeran a la financiación de los nuevas infraestructuras de banda ancha, fija y móvil, que tienen que servir para la nueva (r)evolución. Ésta se basará en cosas como la movilidad total (geolocalización, realidad aumentada, etc…) la convergencia de las pantallas (móvil, ordenador, televisión, tableta y lo que surja) y los universos en la nube (aplicaciones en lugar de software, streaming en lugar de descargas o virtualización en lugar de almacenamiento). Son aplicaciones y servicios que precisan de anchos de banda grandes y seguros y que puede multiplicar la gran característica de internet, la ausencia de intermediarios.

La democratización que se ha producido en la música podía extenderse a otros campos como la información o la distribución. Por ejemplo, TV-IP, internet por la tele, es algo que acaba con las cadenas de televisión porque el productor de contenidos y el consumidor no necesitan a alguien que coloque y comercialice; los emisores son iguales y Manolito TV puede tener una audicencia similar a La Sexta. Por ejemplo, la geolocalización nos permitiría encontrar tiendas de alimentación cerca de donde estemos y conocer sus precios o procedencia de los productos. Todo el mundo ofrece su mercancía y el consumidor busca, compara y se queda con lo que más le gusta, como está sucediendo en la música. Es un caos muy beneficioso. Sin embargo, lo más probable es que no suceda.

La mayoría de empresas de internet, comenzando por Google, pusieron el grito en el cielo pero, inmediatamente, comenzando por Google, se hicieron la siguiente reflexión: tengo nuevos productos, como Google TV, que necesitan buenas infraestructuras, porque nadie va a pagar por una película que se cuelga. Google preguntó a las operadoras: qué me das. Un carril para ti, respondieron. (Internet es, en teoría, neutral como la carretera de Burgos. Todo el mundo entra y ni los suministradores ni los operadores pueden priorizar o discriminar el tráfico. En teoría, digo, porque hay lugares donde a los particulares que hacen un uso intensivo (los que están todo el día descargándose de todo) se les baja la velocidad. El carril quiere decir reservar ancho de banda para Google y que el resto vaya a lo que quede). Verizon, una operadora estadounidense, llegó hace unas semanas a un acuerdo con Google para priorizar su tráfico a cambio de coinvertir en infraestructuras.

Poco después, Telefónica anunció que la evolución de la red requiere otra estructura tarifaria que supondrá el fin de las tarifas planas. Tal cosa no va a suceder por la presión comercial pero la presión conjunta de operadoras, suministradores de infraestructuras, empresas de internet, medios de comunicación y grandes empresas en general sí conseguirá romper la neutralidad de la red. El modelo será parecido al de Google-Verizon. Habrá empresas que coinviertan en red a cambio de canales preferentes, que también estarán disponibles para empresas que puedan hacer el desembolso. La velocidad de los contenidos depende, que es algo que se nos olvida, de nuestro ancho y del de quien nos los envía. El documental de un aficionado se cortará mientras la película de Google TV, no; los precios de la tienda particular puede que no se abran en el teléfono pero los del Opencor, siempre. No todo el mundo es igual en internet, dijo Alierta. Ni fuera.
PD: Perdón por el marxismo pero lo único que sucederá es que Internet se ajustará a la dinámica de las clases sociales y los propietarios de los medios de producción y distribución se convertirán en los propietarios de los medios de producción y distribución digitales. No se preocupen. No es nada nuevo. Ha pasado siempre. Ya duraba mucho.

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