Es su libertad y es más importante que todo

En Pornotopía, Beatriz Preciado cuenta muchas cosas. Entre otras, que Playboy, con la Mansión Playboy, borró la línea entre espacios. Entre el divertido y el serio, entre el publicable y el impublicable, entre el de la fantasía y el de la realidad, entre el púdico y el impúdico, entre el laboral y el personal y, como consecuencia o resumen, entre el espacio público y el privado. En el mismo lugar estaba todo: en la redacción se hacían celebraciones, Hefner dirigía desde la cama, las chicas recibían en la piscina a anunciantes y suscriptores importantes, las chicas seleccionadas vivían en la casa según un severo código de conducta y vestuario que incluía la diversión o la sensualidad, se grababan fiestas para comercializarlas, etc… La ausencia de frontera física terminaba por diluir la mental. Es algo que hoy se llama compromiso empresarial, imagen corporativa o teletrabajo. La Mansión es hoy la combinación del teléfono y portátil. El libro me hizo acordarme de mi sabio compañero Xavi Canlals que se negaba a ir a las celebraciones de la empresa o las casas de sus amigos porque “son cosas que tienen que permanecer separadas”.

Y me he acordado del libro al leer:

Euskadi prohibirá fumar hasta en el coche cuando haya un menor

En la noticia se lee:

el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (el grupo de sociedades científicas que más ha luchado para que se endureciera la ley), cree que es necesario para proteger a los menores del humo y, casi más importante, para que los niños no se acostumbren a ver el tabaco como algo normal.

Inquietante. El coche es una máquina que transita por espacios públicos y que debe cumplir una serie de normas pero su interior es un espacio privado. ¿Por qué el coche y no la casa?, ¿por qué el tabaco y no el alcohol? El Comité Nacional de Prevención del alcoholismo podría proponer prohibir que los padres vayan con sus hijos a los bares o el Comité Nacional de Prevención de la obesidad podría proponer prohibir que los menores coman galletas en los coches o el Comité Nacional de Prevención del papanatismo podría proponer prohibir la lectura de los libros de De Prada.

Yo pienso que hay muchas cosas que los niños no deben ver como normales (la religión o la música caribeña, por ejemplo) pero no creo que se deba prohibir a los miembros del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo que escuchen cumbia en el coche. Allá ellos. Es su libertad y es más importante que todo.

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