Pollo asado y cambio generacional

Ayer comía con mi hijo Mario un pollo asado y preguntó de dónde sale el pollo. Supongo que la abuela lo habrá comprado en la pollería del mercado, le respondí, aunque sabía que preguntaba iba por otro lado porque el día anterior me había preguntado por los embutidos. Pero, ¿matan a los animales o lo hacen con las manos?, insistió. Como creo que mi hijo tiene cinco años pero no es tonto, le expliqué que matamos algunos animales para comérnoslos. Claro, como el cerdo y el lomo, me dijo. Y seguimos comiendo. Después, pensé en cuando yo tenía cinco años y vivía en Benavente. No habría hecho esas preguntas porque conocía la respuesta. Pollos y conejos llegaban vivos a casa de mi abuela Heli y, sobre los embutidos, hacíamos la matanza en casa, así que ninguna duda sobre de dónde salía el chorizo. Eran cosas que a mí me parecían normales pero que, poco tiempo después, me dí cuenta de que no. Cuando tenía once años, fui a una granja escuela en la que hacíamos pan, recogíamos huevos, ordeñábamos vacas y alimentábamos corderos. El último día, para agasajarnos, nos sirvieron a uno de ellos. Recuerdo el comedor vacío y bastantes lágrimas; supongo que sólo nos animamos los de pueblo que sabíamos de dónde venían las paletillas.

Hace 100 años, además de la muerte en casa de los animales, todas las familias perdían algún hijo en la infancia y a varios familiares por epidemias o guerras. Y hace 500 años más que hace 100. Ya no. No sufrimos guerras ni epidemias, las tasas de mortalidad infantil son casi cero y hemos decidido ayudar a vivir a toda la gente que quiera hacerlo (niños con deficiencias, impedidos, mayores dependientes). Es un cambio generacional inevitable. El proyecto colectivo generacional que aceptaba la muerte de algunos para la supervivencia de algunos ha sido reemplazado por el proyecto individual inmediato que no acepta esas cesiones. Hemos expulsado la muerte, la violencia y el sufrimiento de la cotidianeidad para reemplazarlos por la vida, la sociabilidad y el disfrute. Nuestra mente está pasando de la supervivencia a la empatía, entre otros, hacia los animales. No es un proceso nuevo. El dejar de ver a los animales como objetos para convertirlos en tenedores de derechos es el mismo proceso que el de la esclavitud. Todo es cuestión de la evolución generacional. Los cambios generacionales siempre se tratan de ocultar porque son jodidos de reconocer; no sólo quiere decir que el mundo no es el mismo, sino que uno ya no es el mismo, algo de lo que cuesta darse cuenta. Los cambios son inevitables y es mejor intentar entenderlos que enrocarse. Disfrutaré del jamón mientras pueda.

PD: Los cambios son inevitables. O no. Si los apocalípticos tienen razón y volvemos a la edad media, evolucionaremos hacia la supervivencia aunque será otro tipo de supervivencia. Las cosas nunca son iguales.

2 comentarios sobre “Pollo asado y cambio generacional”

  1. Trice dijo:

    Desafortunadamente no todos los niños son Mario….pero somos muchos los que trabajamos por el cambio del que hablas.

    Muchas gracias.

  2. mitxel dijo:

    yo creo que lo que ocurre es que nos estamos volviendo autistas perdidos. Hoy no comemos pollo, comemos nuggets… porque antes en casa matábamos un cochino al año, y de eso comíamos.

    hoy el precio de la carne es irrisorio: ya no matamos al cochino, pero nos zampamos varios al año; y pollos, y terneras…. su muerte no existe, nos llega al plato fileteado, pero olvidamos tanto la muerte como lo que sería un consumo responsable de carne, responsable para la salud de esos omnívoros que somos.

    hagamos un repaso de lunes a domingo: ¿qué hemos comido a mediodía y para cenar? ¿en cuantos menús ha estado ausente la carne?

    pues eso, que en chuletillas está bueno hasta el corderito de norit.

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