El señor Subirachs

Hace años, tuve que hacer un trabajo de relato oral para Historia de Catalunya. (Fue un año movido. El equipo del rector Enric Marí­n habí­a decidido suprimir Historia de España y pasar de Historia del Mundo a Historia de Catalunya. Yo, que no era ni soy ni espero ser nacionalista, me parecí­a muy bien la decisión. Los crí­ticos decí­an que, sin la de España, no se entendí­a la historia de Catalunya. Claro, pensaba y pienso, ni sin la de Europa o del Mediterráneo, y tampoco se dan. La historia de un territorio concreto es un elemento de socialización cultural, no se da para aprender. La clase dirigente catalana tiene tanto derecho como la española a dar un relato histórico sesgado y parcial para explicar su existencia como comunidad cultural. Si alguien tienen interés por la historia, hay bibliotecas).

El trabajo consistí­a en hacer el realto oral de un catalán, entendido al modo estatuto de Sau (el del 79), quien vive y trabaja en Catalunya; valí­an los Sánchez, salvo los Sánchez Vicario. No tení­a que ser de generaciones, ni siquiera de segunda generación, podí­a ser de primera generación o generación espontánea; el caso es que llevara allí­ el tiempo sufiente como para haber ‘tomado parte’ en la historia (Este es un concepto que parte de la izquierda hasta llegar a la  rotonda de la construcción social del grupo donde se pierde en los cruces de superestructuras culturales. La emancipación de la clase obrera ha derivado, al no haber ya clase obrera que se reconozca como tal, en la mitificación de lo primigenio, lo auténtico, lo puro, lo fetén, lo que habí­a antes de que llegaran los ‘otros’ (los charnegos, los franceses, Ikea o Walt Disney). En busca del arca perdida).

Como no tení­a parientes en Catalunya (mi familia emigró a Madrid y ya en los ochenta), le pedí­ a una amiga que me dejara entrevistar a su padre, el señor Subirachs., un abogado respetable, católico, convergente y suscriptor de La Vanguardia. Lo que más le gustaba al señor Subirachs. eran los toros. Recuerdo que me dijo que su padre lo llevaba cuatro dí­as a la semana. Jueves y Sábado, a Las Arenas y viernes y domingo, a la Monumental. Me habló de Chamaco, Dominguí­n y Quimet Bernadó, de los tumultos que se formaban a la entrada y a la salida y del ambiente bullicioso e irrepetible. Los recuerdos no dejan de crecer cuando están muertos. A mi amiga, no le gustaban los toros. A sus hermanos, no recuerdo pero sí­ que el señor Subirachs no habí­a llevado a sus hijos a la plaza y él mismo ya no solí­a ir. No soy capaz de precisar la explicación porque hice el trabajo a máquina y la única copia la perdí­ en algún traslado pero nadie le habí­a obligado.

La prensa ha tratado el debate sobre los toros como parte de la construcción cultural. Unos, ICV-ERC, quieren que la prohibición concreta de las corridas de toros (no de la tortura a los toros en general) sirva como concreción de la separación entre la comunidad cultural catalana y la del resto del estado, donde hay otras comunidades culturales y no una única homogénea. Y entienden, en abstracto, que esa separación es el paso previo a la construcción de un estado, como se entendí­a en el XIX, olvidándose de que tanto el tejido del estado del bienestar como la soberaní­a cedida a instituciones transnacionales dificulta que la independencia pueda conseguirse en un único acto jurí­dico. También entienden, en concreto, que deben aprovechar el momento polí­tico para mostrar su músculo en las instituciones después de que los extramuros hayan mostrado su escenografí­a extrainstitucional.

Otros, PP-Prensa del bloque de la derecha, entienden que la prohibición concreta de las corridas de toros es una cuña que debe servir para desgajar de la homogénea comunidad cultural española, una ficticia comunidad cultural catalana. Y, entienden, en abstracto, que esa separación puede ser el paso previo a la construcción de un estado olvidándose de las mismas cosas que los anteriores. También entienden, en concreto, que deben aprovechar el momento. Unos, el polí­tico y otros, el mediático. Hay cuatro diarios disputándose el mercado limitado de los lectores de centro-derecha en un proceso de aceleración donde el escarnio catalán es buen combustible.

Pero el origen de la iniciativa popular (presentada movimientos de defensa de los animales (como el PACMA, en el que milita mi mujer, o PROU) no está en la construcción nacional, sino en el recambio generacional, en el relato del señor Subirachs. Concretamente, el origen de la iniciativa popular está en todos esos momentos en los que no decidió llevar a sus hijos a los toros y todos esos momentos en los que construyó inconscientemente la sensación de que los toros ya sólo podí­an morir en sus recuerdos.

PD1: Leo que el PSC no dará libertad de voto a su grupo en la votación de la ley buscando no ser identificado como el partido que prohibió los toros y tratará de encontrar algún punto intermedio. Es decir, ni con unos ni con otros; la mejor forma de no ser votado.

PD2: Aquí­ tenemos un ejemplo de cambio generacional. Mario y Aitana me están enterrando.

generacion

¡Viejuno!

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