El problema es la libertad

De todas las ideologí­as surgidas en estos últimos siglos, que son los siglos donde han surgido ideologí­as, la más atacada por la Iglesia Católica ha sido el liberalismo. No, el comunismo, como a los comunistas les (nos) gustarí­a pensar, ni el anarquismo ni el fascismo. La razón es que todas estas ideologí­as tienen un proyecto colectivo, como la religión, con lo que sólo hay un cambio de hábito, no de mentalidad. El liberalismo (libre pensamiento, iniciativa privada, etc…) propone un proyecto individual, algo demoledor para la religión que sólo puede responder (al estilo protestante) de dos maneras divergentes: reduciendo las parroquias y extremando el control o renunciando a imponer costumbres y aceptando el papel aparentemente secundario del control de los a prioris (el tiempo y el espacio).

El problema de la ley del aborto, como lo fue de la ley de la ampliación del matrimonio, y como lo es, en general, de la sociedad lí­quida, es que consagran la autonomí­a individual. El problema no es la vida porque serí­an igualmente criticables la pena de muerte o, sobre todo, las guerras. Y no lo son porque, ambos actos, son colectivos, con intervención decisiva de elementos debeladores de la autonomí­a individual como la burocracia, la jerarquí­a, la obediencia o la fidelidad a absolutos (nación o estado). El problema de la ley del aborto no es que dé paso a una sociedad cruel e insensible donde sólo puedan vivir los más fuertes porque ésa es de la que venimos. Estamos en una sociedad en la que no se cuestiona que todos financiemos no ya la supervivencia de niños con enfermedades, sino su realización personal.

El problema de la ley del aborto no es el aborto; el problema, como decí­a un asistente a la manifestación, es el paso del hecho al derecho. El paso de una ley en la que la mujer es culpable, no responsable, sino culpable, donde la intervención requiere de la intervención decisiva de elementos debeladores de la autonomí­a individual, como la burocracia, a una ley donde se consagra la decisión personal. El problema de la ley del aborto, como lo será el de la ley de eutanasia cuando llegue, es que consagra la autonomí­a, la libertad.

PD: Leo: Cuatro millones de abortos clandestinos/4.000 mujeres muertas.

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