El escenógrafo escenografiado

Su equipo ganaba de 15 pero el contrario despertó con una defensa en zona muy presionante y bloqueos muy duros en ataque. Parcial de cinco cero. Se quejó a los árbitros. Pidió un tiempo muerto. Otro parcial de cinco cero. Sólo ganaba de cinco. Se quejó a los árbitros hasta que logró que le pitaran técnica. Uno de ventaja pero tres de los cinco siguientes ataques del contrario acabaron el falta en el bloqueo. Yo lo vi pero no lo vi. Me lo hizo ver horas más tarde el comentarista cenando. Fue una técnica de libro, dijo. Protestó hasta que se la pitaron y, después, se abrochó la chaqueta y comenzó a dar órdenes. Todo es escenografí­a. Lo hizo bien, añadió, tení­a que cortar el ritmo del rival y dar un toque a los árbitros porque se lo estaban comiendo. Además, añadió otro, de buscar una excusa si terminaba perdiendo.

Esperanza Aguirre domina la escenografí­a. Organiza actos todos los dí­as y sabe hacer que dejen de ser un producto y pasen a ser una experiencia, la clave de la sociedad de consumo. Lo importante no es lo que se compra ni el uso que se le da, sino el acto de adquirirlo y la significación inmediata de ese producto. Las cosas no duran ni se guardan porque las experiencias sólo se viven una vez y hay que buscar otras nuevas. Hace año y medio, iba a ser presidenta del PP; hace un año, estaba muerta. Hoy ha resucitado gracias a la escenografí­a, la última escenografí­a de Alberto López Viejo, el tipo que le preparaba esos plafones tan bonitos para premios, presentaciones y da igual qué. El ex consejero, junto con los dos diputados regionales madrileños implicados en el Gí¼rtel, se va al grupo mixto. No es mano dura, sino escenografí­a. La presidenta sale y corta el ataque captando las cámaras con una maniobra inocua. No pierde la mayorí­a, no dejarán de ser aforados y no se depurarán responsabilidades más allá. Y, aún más, hay una excusa cuando se pregunte por las cuentas del partido, por Fundescam y por la campaña electoral de 2003.

Y, sobre todo, es escenografí­a expresionista cuando el guión de la dirección nacional de su partido es austeridad pirandelliana. El relato está servido: Aguirre es una lí­der fuerte; Rajoy, no. A por él. El problema, como siempre, será el corto plazo. Rajoy no es un lí­der fuerte porque nunca lo ha sido y porque no puede. No ha hecho cambio generacional y tiene un partido que lleva muchos años sin secretario general. Arenas querí­a salir en la tele y Acebes, limpiar su nombre. Cospedal, ni se plantea el cargo. Rajoy vende producto, no experiencias pero los que piden, o pedirán mañana, su marcha deberí­an pensar qué pasará si se va. Ya lo anticipo. Escenografí­a, mucha escenografí­a.

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