Dialéctica generacional

Enric González escribe hoy en El Paí­s sobre los suicidios en France Télécom:

En la empresa quedan unos 70.000 trabajadores “antiguos” (funcionarios) y el resto, los nuevos, carece de privilegios. Es muy curioso comprobar que quienes soportan mal la situación son “los antiguos”. Sin generalizar, la presión por la rentabilidad ha convertido a muchos jefes en tiranos y a muchos empleados de base en mártires vocacionales, a los que se les abre una úlcera cada vez que se habla de traslados o cambios de horario. Los “antiguos” tienden a calificar como insufrible la actual situación. Los “nuevos”, fácilmente despedibles y fácilmente trasladables, vienen a decir que France Télécom, con su poderoso comité de empresa, es, en comparación con otras empresas, un lugar bastante cómodo.

No sé ustedes, pero yo, que soy un “antiguo” en este periódico, con mis trienios, mis pagas y mi indemnización en caso de despido, soporto cada vez peor que existan dos clases de trabajadores. No tengo ganas de perder mis derechos, pero tampoco considero admisible que los de la otra clase, en general más jóvenes y mejor preparados, tengan que resignarse al contrato-basura, el sueldito y la amenaza permanente. ¿No hay que reformar el mercado de trabajo? ¿Hay que dejarlo para siempre así­?

Esta semana, leí­ en los comentarios de una noticia del mismo medio:

Tengo 34 años. Dos carreras, que he estudiado con becas y sin pedir ni un duro en casa desde los 18, edad en la que empecé a trabajar. Muchos de mis amigos están en una situación parecida, y seguimos y seguiremos cobrando poco más de 1000 euros. La generación de nuestros padres se colocó en puestos de responsabilidad SIN FORMACIí“N NI EDUCACIí“N, puestos que a sus más de 50 años no tienen ninguna intención de soltar. Y siguen pensando que nosotros, “la juventud”, no tenemos ni puta idea de nada, ni de la vida, ni del trabajo, ni de nada. En este paí­s no creer en la juventud, en su fuerza, en su ilusión, es un mal endémico de una generación educada bajo el fascismo y que cree que ha salvado el paí­s sólo por haber dejado pasar el tiempo yendo a ver las pelí­culas de Marisol y haciendo guateques con Tang y discos de Mocedades. Este sí­ es un paí­s para viejos.

Ay, la dialéctica generacional.

Deje un comentario