Competitividad, ¿con quién?

La CEOE pide hacer reformas estructurales para acabar con el paro y ganar competitividad. ¿Qué competitividad?, más aún ¿con quién?, ¿queremos bajar los sueldos y precarizar más la contratación para competir con la República Checa o queremos que los sueldos, los servicios públicos, las prestaciones públicas y los derechos laborales se asemejen a los de Francia, Bélgica, Holanda o Alemania para competir con ellos? Todo no se puede. Conseguir las cosas cuesta.

Para competir con la UE-15, hay que invertir en educación, en infraestructuras, en servicios públicos, en I+D+i. Hasta ahí­ los tópicos. También hay que reforzar la solidez del mercado de trabajo y acabar con la precariedad, estimular la subida salarial o las ventajas laborales y flexibilizar el trabajo, simplificar la creación de empresas y tener una estructura recaudatoria eficiente que impida el desarrollo de la economí­a sumergida. 

Bajando los sueldos y precarizando la contratación, se lanza el mensaje de que da igual. Da igual que estudies ingenierí­a industrial y que tengas una idea cojonuda par mejorar la eficiencia de los aerogeneradores, vas a acabar en la cadena de la planta de automóviles que tantas ayudas nos ha costado que no cerrara para irse a Hungrí­a, igual que el resto que ni se ha quemado las pestañas estudiando ni tiene ideas cojonudas.

Hay que lanzar el mensaje que merece la pena no conformarse. Si la empresa de automóviles quiere cerrar, perfecto. Que devuelva las ayudas y se instala un centro de investigación sobre el automóvil para desarrolar hí­bridos. ¡Vaya tonterí­a!, quizá, pero no más que un teléfono sin hilos para hablar desde cualquier parte.

PD: ¿Qué quiere decir reformas estructurales? Reformas estructurales pueden ser la toma del poder por parte de los soviets, la nacionalización de la propiedad privada y la aplicación de un plan económico quinquenal. ¿Se refiere la Ceoe a esto?

2 comentarios sobre “Competitividad, ¿con quién?”

  1. José-Luis dijo:

    La CEOE, cuya consideración es la misma que tengo para los Sindicatos y la Conferencia Episcopal, entre otras, es un “monstruo” insensible que habla de manera genérica y que a los ciudadanos de a pie asustan por sistema…y por esa forma de hablar (por esos conceptos que usan).
    Más que reformas estructurales deberí­a hablarse de reformas coyunturales, de reformas provisionales que permitan adecuar los instrumentos jurí­dicos a la coyuntura actual. Quiere ello decir que cuando la citada coyuntura desaparezca, esto es, la crisis, las medidas se desvanecerí­an con ella. A la CEOE “no le importan” las penurias reales de las pequeñas empresas. No las conocen, no las comparten. Meten en un mismo saco al Corte Inglés y la Mercerí­a MariTere y claro cuando sus palabras llegan a estos dos interlocutores uno lo procesa mejor que el otro (bueno en realidad este otro no sabe de lo que le está hablando, por lo general). La cuestión está en que si a la Mercerí­a MariTere se le permitiera contratar sabiendo que en caso de despido (generalmente debido a una mala situación económica) las obligaciones están acorde al tiempo trabajado, estoy casi seguro que contratarí­a. Porque las empresas siguen vendiendo, el dinero no se ha esfumado.
    Ahora bien, cuando la coyuntura lo permita deberí­a adecuarse la relación contractual a la legislación previa a esta situación de crisis ecónomica.
    Yo lo harí­a. Quiero decir, prefiero trabajar aun sabiendo que en caso de que me echen la indemnización va a ser menor que estar en el paro. No se, a lo mejor un dí­a me tengo que comer mis palabras, pero a dí­a de hoy es lo que creo.

    JL

  2. jorgedioni dijo:

    La mercerí­a MariTere, como muchas pequeñas empresas (o, al menos, con las que yo tengo relación laboral) disponen de una variedad de contratos temporales, eventuales o de obra y servicio (que es el mayor porcentaje de la subida del paro). Estamos hablando de otro tipo de empresas y otro tipo de trabajador; el mileurista: preparado y precario. Chomsky dice que se busca la desaparición de la vieja clase media por cuestiones polí­ticas; yo creo que algo hay pero es algo más sencillo: poca imaginación. Si la cosa va mal, se despide gente.

    Y no es una cuestión de partidismo polí­tico; es una realidad. Si un paí­s se precariza, se precariza entero. No se puede pretender tener el mercado laboral de Hungrí­a y la educación de Holanda porque la gente no estudia para saber, sino para prosperar.

    ¿Y un contrato de bonanza? Me gustarí­a que hubiera al menos un liberal que dijera: cuantas más empresas cierren, mejor; no eran eficientes y, sobre todo, sus dirigentes no estaban capacitados.

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