No es lo que parece

Si aún escribiera en Metro, habrí­a publicado este artí­culo:

No es lo que parece. Es lo que le dije a mi mujer cuando nos pilló en la cama. Es verdad que estoy desnudo, que esta señora también está sin ropa pero técnicamente nos separan diez centí­metros, con lo que todo lo que estás pensando no es verdad. Traté de usar la defensa Bart Simpson, no he sido, no me has visto, no puedes probarlo, pero no funcionó y aquí­ estoy, escribiendo en un cibercafé con la maleta al lado. El problema es que mi mujer es informática y extremeña; si me hubiera casado con una jueza (o juez) de Valencia no habrí­a tenido tantos problemas. Por ejemplo, cualquiera de los que han pasado por el juzgado de Nules y han devuelto los sumarios de Carlos Fabra al principio de la montaña de casos pendientes para que el tiempo sane las cicatrices. Yo también le dije a mi mujer que el tiempo lo cura todo y que, como le pasa al hijo castellonense de Stevie Wonder y Chiquto de la Calzada, acabarí­amos por reí­rnos de los que ha pasado. Votó en contra.

También me hubiera venido bien el juez que está instruyendo el caso Gí¼rtel en Valencia y que ha decidido que dos personas desnudas en la misma habitación no tienen porqué estar haciendo nada malo, ni aun teniendo una caja de preservativos en la mesita de noche. Son cosas aisladas. Hay unos tipos, Correa, Alvarito o el Bigotes, que han regalado trajes a unos señores que decidí­an las adjudicaciones que siempre ganaban precisamente ellos, los del pastuqui. Pero son dos hechos separados, nos dice el juez, no hay sacar conclusiones precipitadas. Además, ya los están juzgando en Madrid. Nos quedaremos con el espectáculo de los trajes pero sin saber si PP VLC, anotado junto a una cantidad de la pandilla del Pastuqui, quiere decir PP Valencia o Pepe Pérez, Válgame La Candelaria, ni qué era ese regalo desmesurado, tres pueblos desmesurado, que el Bigotes mandó a la mujer de Camps (que no es la Campsa). Nunca (de momento) sabremos la historia completa, ni sus chicanes automovilí­sticas, y nos quedaremos con la anécdota de los trajes. Al contrario de mi mujer, que sólo vio la anécdota. Te voy a dar con la anécdota, me dijo.

PD: Si hay alguien al que le moleste esa visión joseluismoreniana del matrimonio, que copie el texto en un procesador de textos y le dé a reemplazar mujer por marido.

Deje un comentario