Archivo de Octubre de 2017

El tiempo del orco

Martes, 24 de Octubre de 2017

Cuanto peor, mejor. Lo dijo primero Mirabeau, como fórmula para acabar con el proceso revolucionario. Pese a su condición de diputado de los Estados Generales y su apoyo a medidas como la nacionalización de los bienes del clero, en realidad era defensor de la monarquía y asesoraba al rey. Su idea, politique du pire (política de lo peor), era que, ante la imposibilidad de rechazar al movimiento popular, había que excitarlo. No había que esperar calma y paz, sino aumentar la injusticia y la insatisfacción para aumentar la demanda de orden, encarnado en la figura del rey.

Es el momento en el que estamos, el tiempo del orco. Hay dos bloques (recentralizadores e independentistas) que nunca pensaron estar ante esta ocasión y tienen muy pocos incentivos para preferir el consenso al caos. Ambos creen que la exploración de espacios políticos inéditos y, llegado el caso, la confrontación ensanchan su ventana de oportunidad. Ambos no sólo se creen en posesión de la palabra democracia, sino que, al tener un origen místico (una realidad que se quebró y la que hay que volver), se atribuyen una superioridad moral que hace imposible el diálogo.

El independentismo, marginal hace diez años, minoritario hace cinco, disfruta de un protagonismo con el que jamás soñó. Para ese bloque, después de navegar durante años, siglos, la costa está ahí, ya se ve. La política de lo peor es beneficiosa porque, además de sumar más actores, les permite lanzar su mensaje al mundo: España es represora e irreformable, una afirmación que se contradice con la realidad, producto de 40 años de descentralización.

El proyecto recentralizador, latente, pero más teórico que práctico, tambien cree estar ante su ocasión de oro. Tiene una excusa, la ruptura de la legalidad, y no tiene oposición. Para este bloque, después de 40 años de cesiones que han desdibujado su idea de carácter nacional, hay una ocasión para embridar este proceso no sólo en Catalunya, sino en otras comunidades. La política de lo peor es beneficiosa porque permite lanzar el mensaje a mundo de que la descentralización conduce a estas situaciones, algo que también se contradice con la realidad. También le permite sumar los apoyos, internos y externos, que nacen de la demanda de orden.

Y, en cada bando, está esa gente que aprovecha el momento para saldar sus cuentas y los hooligans que lanzan la botella de cerveza sin importarles dónde cae. Es el tiempo del orco. Es, en estos momentos, cuando más se echa de menos tener una organización que tenga una base ideológica que le permita analizar la realidad y establecer una estrategia en lugar de un colectivo que se va posicionando, incluso emotivamente, según los hechos. Pero no cabe lamentarse y, aunque parezca poco, hay que señalar a los mirabeaus que quieren verlo todo arder.

El minotauro y la señora Reed

Domingo, 22 de Octubre de 2017

La señora Reed aparece en la primera página de Jane Eyre, pero su descripción física tarda en aparecer. Mortifica a la niña, que sólo es capaz de observarla furtivamente. Cuando Jane es capaz de mirarla directamente entendemos que también, por fin, podrá enfrentarse a ella. La descripción concreta es menos relevante que la actitud que muestra. Jane ya puede ver al monstruo, como la teniente Ripley siglos más tarde en la nave en la nave Nostromo. La criatura pasa a ser visible, mesurable, definible y, por tanto, vencible.

Por eso, Kafka definió a su criatura como “ungeziefer”, que quiere decir bicho. Samsa no se convirtió en un escarabajo o en una cucachacha, sino en algo que se no se puede describir. Kafka pidió a su editor que no apareciera ningún dibujo en la portada, “ni siquiera de lejos”. El bicho está en la cabeza del lector que debe recrecarlo con sus propios miedos. Por eso, los relatos de Lovecraft pierden fuerza al final, cuando se ponen adjetivos a los seres provenientes de las profundidades marinas.

Todo está en la cabeza. Kafka, en Ante la Ley, describe al guardián, pero nada nos dice del salón que protege, salvo las amenazas. El campesino asume que no debe mirarlo. En El proceso, el monstruo se divide para ser invisible: los funcionarios que detienen a K, los burócratas que le toman declaración o los guardias que le acompañan. Joseph K no tiene una señora Reed a la que poder enfrentarse.

El poder no es un monstruo al que se pueda describir porque, en ese momento, se le puede derrotar. El poder no es un monstruo, sino la capacidad de crearlos y, sobre todo, de convertirnos en uno de ellos, en un bicho. El monstruo no está fuera, sino en cada cabeza, en la del campesino que se aprende de memoria cómo es el guardián sin mirar qué hay en el salón que guarda y en la de K que, convertido en bicho al asumir su culpa, facilita la ejecución de la sentencia no pronunciada.

El poder no es el minotauro que espera devorar el tributo de los catorce jóvenes, sino la capacidad de convertirnos en el laberinto que lo protege.

Lingüística

Viernes, 13 de Octubre de 2017

Para entender el discurso del rey del pasado cinco de octubre, hay que haber escuchado otros. En todos, cada Navidad, hay un mantra que se repite: “La Corona, símbolo de la unidad y permanencia del Estado”. Parece una frase hecha, como “orgullo y satisfacción”, pero hay una diferencia: esa sale en la Constitución. Un símbolo es la representación perceptible de una idea y el vínculo es sólo una convención socialmente aceptada. Aristóles decía que no se piensa sin imágenes, pero esas imágenes pueden cambiar, porque los vínculos pueden romperse

Esa era la cuestión que se resolvía el cinco de octubre y que, quizá, no se supo ver. El catedrático Pérez Royo calificó el discurso de disparate porque señaló que el rey “no tiene legitimación para intervenir en política”. No lo hizo. Intervino en lingüística. No se estaba cuestionando una política en concreto, sino aquello de lo que la institución que él representa es símbolo: la unidad y permanencia del Estado. No se trata de para qué sirve la cosa, sino de la cosa en sí. Por eso, el gran error del Govern es un vocativo: “així no, majestat”. Por eso, el requerimiento al president se dirige a él en tanto “representante ordinario del Estado en la Comunidad Autónoma”. Lingüística. Se trata de reestablecer la cosa en sí. 

Para que quede claro, en este texto no se afirma que esa unidad no sea legitimamente cuestionable, sino que es infantil pensar que eso se puede hacer sólo desde la voluntad y sin que el Estado muestre su densidad. La física cuántica me dice que esta piedra se puede atravesar, los neutrinos lo hacen… Bien, antes de lanzarme contra la piedra cabe la pregunta: ¿soy un neutrino? El Estado es una roca enorme que seguro que los neutrinos son capaces de atravesar. Los cuerpos más grandes, sólidos y densos, no. El Estado, como estructura, se ha rebelado ante su cuestionamiento y se ha defendido. Poco. De momento, cabe tenerlo en cuenta, sólo de forma simbólica.

Cronocat

Domingo, 8 de Octubre de 2017

El punto de partida es importante. El hecho de que la transición portuguesa comience con claveles y gente feliz en las calles, y la española con una bomba y gente asustada no es algo irrelevante. Es la primera imagen de nuestra democracia, la que sale después de los títulos de crédito, otro aspecto complicado y escabroso. Por eso, tiene importancia el punto que se escoja como inicio del proceso soberanista.

¿Y cuál es?, ¿la Diada de 2012?, ¿la polémica del Estatut de 2006?, ¿o, quizá, un punto intermedio a menudo olvidado: la manifestación que rodeó el Parlament en 2011? Como imagen, quizá esa Diada. Además, hace que el relato sea más coherente, con cada actor en su papel. Precisamente por eso, es interesante ir bastante antes, aunque sea un poco largo. Todo es importante y, sin una cosa, es complicado entender otra.

2000. El presidente de la Generalitat Jordi Pujol (CiU), apoyado por el PP, rechaza la oferta de pacto que le hace ERC para reformar el Estatuto de Autonomía. Maragall (PSC) sí lo acepta y acuerdan forman un futuro gobierno de izquierdas.

2003. El PSC, en la campaña de las elecciones autonómicas, promete que pondrá en marcha un nuevo Estatuto de Autonomía. Zapatero, secretario general del PSOE, anuncia que apoyará el texto que salga del Parlament. CiU se desmarca de esa reforma. Las elecciones se celebran y el tripartito (PSC-ERC-ICV) pone fin a 23 años de CiU. La burbuja inmobiliaria está tomando fuerza y el crecimiento comienza a ser notable.

2004. Zapatero gana las elecciones. Se conocen los primeros borradores del Estatut y el Gobierno establece límites. Desde Catalunya, se afirma que la intención no sólo es mejorar el autogobierno o la financiación, sino crear una España plural.

2005. El nuevo Estatut se aprueba con el voto de CiU. La polémica ya estaba en marcha. La palabra “nación” concita muchas discusiones. El PP convoca manifestaciones contra el Estatut, al que califica de proyecto personal de Zapatero. Un almuerzo de seis horas entre Mas (CiU) y Zapatero sobre la financiación agiliza los trámites, pero ERC se descuelga. El PP comienza a recoger firmas contra el Estatut.

2006. El estatut se aprueba en un referéndum con poca participación. El PP presenta ante el Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad. También recurrieron el Defensor del pueblo y cinco comunidades autónomas. En las elecciones catalanas, vuelve a ganar el tripartito. José Montilla, andaluz, es presidente de la Generalitat. Aparece Ciudadanos. La economía española asombra. La burbuja inmobiliaria, en su esplendor.

2007-2009. Batalla por los miembros del Constitucional que decidirán sobre el Estatut. El PP logra la recusación del magistrado Pérez Tremps. Se celebran consultas no oficiales sobre la independencia en 512 municipios de Catalunya. Comienza la crisis económica (¿seguro que no tiene nada que ver?). Los problemas de la banca estadounidense se extienden a Europa. Termina la burbuja inmobiliaria y caen las cajas catalanas, salvo La Caixa. Estallan los casos de corrupción de CiU (Millet-Palau).

2010. Tras unos años en los que se habla más del matrimonio homosexual (que acabará con la familia tal y como la habíamos conocido, se decía) y, sobre todo de la crisis, vuelve el tema catalán. En marzo, la prensa catalana publica un editorial conjunto en el que avisa de que una sentencia dura del Tribunal Constitucional puede provocar una crisis social. El TC desoye la advertencia y resuelve (seis votos a cuatro) contra buena parte del texto. Una sentencia anunciada por la foto de varios magistrados, claves en la votación, en una corrida de toros en Sevilla. Se convoca una manifestación multitudinaria que toma un cariz soberanista. Montilla, que tienen que abandonar el acto, advierte del alejamiento político: puede formarse una Liga Norte. CiU, que ya ha incorporado el “derecho a decidir” y el “pacto fiscal” recupera el poder y da por finalizado el acuerdo constitucional. Sin embargo, el PSC lo apoya en la investidura y Mas pacta leyes con el PP. Es la época de los recortes.

2011. El 15 de mayo se inicia en 15M. Primero, en Madrid, pero se extiende a todas las ciudades, incluida Barcelona. El 27 de mayo se produce el desalojo del 15M barcelonés con cargas policiales. El 15 de junio, el Parlament aparece cercado por una manifestación contra los recortes y el presidente Mas tiene que llegar en helicóptero. La campaña Stop desahucios de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca alcanza una gran relevancia. Se lanza de idea, mirando a Portugal, de reconducir la indignación social a través de la cohesión nacional. En la manifestación de la Diada, sólo participan los partidos históricamente independentistas. ETA anuncia el fin de su actividad armada. El PP vence en las Generales.

2012. Varios municipios catalanes se declaran “territorio libre”. En febrero, se aprueba la reforma laboral y se producen graves incidentes durante el Mobile World Center. Se lanza la idea de una consulta sobre la independencia. En julio, el Parlament aprueba un “pacto fiscal” parecido al concierto económico. La manifestación de la Diada, que usa el lema del minoritario partido de Joan Laporta (Catalunya, nou estat d’Europa), es multitudinaria. La prensa de Madrid está más preocupada por la del 15S contra los ajustes. Nueve días después, Rajoy se reúne con Mas y rechaza el “pacto fiscal”. Cinco días más tarde, el 25S, está convocada una manifestación que quiere rodear el Congreso. También, la última huelga general hasta la fecha (14N). Mas convoca elecciones para noviembre. CiU, pese a incluir la una consulta sobre la independencia en su programa, pierde voto. ERC se recupera. En diciembre, Mas y Junqueras firman un acuerdo en el que se comprometen a celebrar una consulta. Sólo entonces, CiU rompe con el PP en la Diputación de Barcelona.

2013. En enero, el Parlament aprueba una “Declaración de Soberanía” que será suspendida por el Tribunal Constitucional. Se inicia un largo partido de ping-pong entre ambas instituciones. En Madrid, la protesta contra los recortes aumenta con la formación de las mareas contra la privatización; pero, en Catalunya, la respuesta a las políticas de ajuste ha disminuido. Se discute de otras cosas, como la consulta, y se forman instituciones cohesionadoras como el Consejo Asesor para la Transición Nacional o el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir. En la Diada, se copia la Vía Báltica, una cadena humana que atravesó los países bálticos antes de su independencia de la URSS. La Vía Catalana es un éxito cívico y estético. En el Congreso, Duran i Lleida advierte a Rajoy: si no lo soluciona, se encontrará con una declaración de independencia. Rajoy no hace nada. En diciembre, Mas anuncia la convocatoria de la consulta para el año siguiente (no lejos del referéndum escocés) junto a formaciones antagónicas ideológicamente, como la CUP, cuyo portavoz había sido desalojado dos años antes del 15M barcelonés.

2014. Es un año clave para la separación psicológica. En España, es el año del cabreo contra los recortes y la corrupción (Gürtel, Púnica, tarjetas opacas de Cajamadrid, etc.), que se concreta en la aparición de Podemos en las elecciones europeas. En Catalunya, no; de hecho, es la comunidad donde saca un menor porcentaje de voto, pese a haber sido pionera en las protestas. En Catalunya, es el año de la consulta y la estrategia de convocar un hito que evite el debate político continuará los años siguientes. Ni siquiera afecta demasiado a Mas la caída de su padrino, Jordi Pujol. El ping-pong burocrático continúa. Rajoy afirma que no sabe “quién manda” en Catalunya, como si él no fuera el presidente del Gobierno de todo el Estado. De nuevo, dos éxitos estéticos: la manifestación en forma de uve de la Diada y, sobre todo, la consulta festiva del nueve de noviembre. Meses después, una indiscreción de Homs desvela una oferta de la Moncloa para tolerar esa consulta: que no pareciera una jornada electoral. Lo fue. Se rompe la confianza.

2015. En enero, se convocan unas elecciones autonómicas para septiembre. El hito del año para que no se hable de nada más. Se las llama plebiscitarias y se afirma, en un bucle habitual, que su resultado puede dar lugar a una declaración unilateral de independencia (no se producirá). En las elecciones municipales, aparece un nuevo actor: los comunes de Ada Colau. CiU se rompe. CDC comienza a refundarse en lo que es hoy el PDCat. UDC desaparece. Se desvela la existencia de tramas policiales contra cargos nacionalistas, la Operación Cataluña, que es usado de paraguas. Se lanza la idea de una lista única para esas elecciones, de nuevo, la cohesión nacional. Junts pel Sí, esa lista única, gana las elecciones, pero sin mayoría. El nuevo Parlament declara el inicio del proceso de creación del estado catalán. El TC lo suspende. Se celebran elecciones generales. El PP gana sin mayoría.

2016. Pese a las presiones, la CUP no acepta investir a Mas y Puigdemont se convierte en presidente. Afirma que, en 18 meses, se construirá la república catalana (se cumplieron el 10 de julio de 2017). Comienzan a crearse las estructuras de estado, impugnadas por el TC que acaba quejándose de tener que solucionar un “problema político”. Pedro Sánchez no logra la investidura (¿qué habría pasado sí…?) y se convocan nuevas elecciones, que prácticamente repiten resultado. En la Diada no hay una manifestación unitaria. Días después, en el debate de una moción de confianza, Puigdemont anuncia un referéndum por la independencia en “septiembre de 2017”. Pedro Sánchez deja de ser secretario general del PSOE tras una rebelión interna con el trasfondo sus conversaciones con los nacionalistas. Los socialistas se abstienen para dejar gobernar a Rajoy. La vicepresidente Soraya Sáenz lanza una oferta de financiación que no obtiene respuesta.

2017. Mas y otros cargos son condenados por la consulta del 9N: inhabilitación y una cuantiosa multa. Pedro Sánchez gana las primarias del PSOE con un discurso de regreso a la izquierda y de defensa de la plurinacionalidad. Unidos Podemos presenta una moción de censura que vuelve a mostrar la cuestión territorial como obstáculo para una alternativa. El referéndum se convoca para el primero de octubre. Puigdemont y Rajoy se envían cartas con la disyuntiva de legitimidades: demanda ciudadana y cauces legales. Es un choque de trenes en el que sube la testiculina y decae la inteligencia. El siete de septiembre, el Parlament aprueba el referéndum marginando a la oposición. El 20 de septiembre, catorce cargos públicos catalanes son detenidos en un despliegue policial con registros en diversas instituciones. Los parlamentarios catalanes abandonan el Congreso. Se celebran concentraciones en Catalunya y se evidencia una ruptura social. Las fuerzas de seguridad que deben impedir el referéndum son depedidos efusivamente al grito de “a por ellos”. Si hay “ellos” quiere decir que ya no hay “nosotros”. Ese sí ha sido un proceso que se ha producido en estos años.

Octubre 2017 El día de la votación, hay violencia en los locales electorales; la habitual en manifestaciones o desahucios, pero inesperada para las personas congregadas en los colegios. Se produce un desgarro. Dos días después, se produce un paro de país. Las empresas comienzan a situar su sede social fuera de Catalunya. Los ultras españoles salen del armario. Una iniciativa cívica congrega a personas a favor del diálogo. Una manifestación contra la independencia recorre Barcelona.

Y aquí estamos. Es una situación tensa, pero menos incierta de lo que parece. Como recordaba el periodista y filósofo Josep Ramoneda, una declaración unilateral de independencia precisa de cohesión social, apoyo internacional y, en el caso de sea necesario, capacidad insurreccional. Son factores que no se dan. Kosovo tenía los dos primeros y algo del último; Kurdistán, que celebró su referéndum esta semana, el primero y el último, y algo del segundo. Lo probable es que, tras lo que suceda el domingo, salvo que haya alguna desgracia, se convoquen nuevas elecciones autonómicas en las que no será fácil que, como en 2003, se articule un eje que no sea el identitario. Las condenas que dejarán estos días serán un obstáculo. Se ha producido un corte y no es previsible que Catalunya vuelva a tener una actitud regeneracionista que facilite la gobernabilidad de España. Como decía Montilla, viene la Liga Norte.

Ese es un factor que juega a favor del PP. Como sostiene el periodista Enric Juliana, el Gobierno y el Govern han exprimido durante años esta jugosa naranja y ahora están llegando al final, cuando te comienzan a doler los dedos. Al Gobierno, menos. Cualquier alternativa pasa por el entendimiento de los otros cuatro actores: PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos y nacionalistas. Ahora, tal cosa es imposible y, aunque el PP perdiera voto, es la única opción que no acaba en un callejón sin salida. No será fácil coser lo que se ha desgajado, crear de nuevo ese “nosotros”. Y es probable que se crea que es más sencillo repetir el bucle una y otra vez. Unos, para ganar elecciones; otros, hasta que las condiciones hagan posible su proyecto.