Archivo de Marzo de 2016

El problema del liderazgo nunca son los líderes, sino el liderazgo

Viernes, 18 de Marzo de 2016

En La guerra del Mundo, Niall Ferguson analiza aspectos laterales de los conflictos, como la toma de decisiones, y, llevando el ascua a su sardina, llega a la conclusión de que la democracia no sólo es mejor que la dictadura a nivel moral, sino en el aspecto práctico. Es decir, la pluralidad (contraste de ideas, grupos abiertos y heterogéneos) funciona mejor que la uniformidad (fuertes convicciones, grupos cerrados y convencidos) en la toma de decisiones. Incluso, en las conflictos.

Ferguson pone varios ejemplos de decisiones desastrosas de Hitler, Stalin y Churchill en la II Guerra Mundial. Todo el mundo mete la pata; la única diferencia es estadística. Después, subraya que las ideas nefastas de este último no se llevaron a cabo porque, a pesar de la situación excepcional y de su prestigio carismático, el Reino Unido nunca prescindió de sus instituciones y las ideas del Primer Ministro tení­an que pasar por los controles propios de una democracia liberal, donde eran matizadas, descartadas o, incluso, asumidas.

Otro ejemplo que ofrece Ferguson es la administración Kennedy y las diferencias en la toma de decisiones en Bahí­a de Cochinos y la Crisis de los Misiles.

En el primer caso, el presidente estuvo aconsejado por un cí­rculo cerrado de personas muy implicadas emocionalmente que diseñaron en secreto una operación rí­gida. Este sistema tiene el grave problema de la retroalimentación emocional (gente que se da la razón unos a otros) y la construcción psicológica de mundos ideales en la que el resto (todo el que no participa de ese mundo ideal y no asiente es un enemigo; enemigo, no sólo ‘€˜otro’€™). La retroalimentación y la construcción psicológica hacen que los escenarios sólo manejen opciones ganadoras, minimizando las informaciones negativas, y no se tengan en cuenta posibilidades no optimistas, opciones racionalmente posibles ni personas ajenas y no implicadas emocionalmente.

El fracaso de Bahí­a de Cochinos provocó un cambio en la toma de decisiones que se puso en práctica en la Crisis de los Misiles. Se pasó a cí­rculos abiertos y transversales, expertos y no expertos, militares y civiles, optimistas y pesimistas, emocionales y racionales, etc… (sin pasarse, claro) para conseguir que se manejaran todas las opciones. Hay que tener toda la información, pensar siempre (sin mostrarlo) que te puedes estar equivocando para tener la flexibilidad de variar el rumbo y minimizar la emotividad en la toma de decisiones.

(Extracto de una entrada del 13 de Agosto de 2009)

Por eso, ver lo que pasa en los partidos como un problema de fulano o mengano es interesante y funciona bien narrativamente, pero nunca da una visión completa. El problema, siempre, es de las estructuras. Ya estaba ahí.

Por egoísmo

Martes, 15 de Marzo de 2016

Todo está al alcance, pero las miradas siguen siendo cerradas. No es habitual darse cuenta de que uno siempre pertenece al todo, a la globalización o al sistema-mundo.

Es decir, cuando alguien compra una camiseta, piensa en él comprando esa camiseta y no, por ejemplo, en los tratados internacionales que permiten todo ese proceso. Cuando alguien compra una camiseta se siente sólo una parte, la demanda final.

Y no. Lo es todo.

Incluso, cuando alguien compra una camiseta y después ve un reportaje sobre la industria textil en el sudeste asiático (y siente rabia, tristeza o empatía y después afirma que ya no comprará más en esa tienda) se siente sólo demanda final. Le parece que es algo lejano.

Y no. Lo es todo.

Es parte imprescindible del proceso porque ha participado, con su voto o con su silencio, en el consenso ideológico que ha construido ese sistema.

La constante negociación de tratados internacionales busca “acabar con las barreras del comercio global”. Son palabras hermosas, pero, salvo en EEUU o China, las tasas de aduanas no son relevantes. Esas barreras, lo que se discute en esos tratados, suele ser el cuerpo legislativo de los países, los derechos sociales, laborales o de consumo; los controles sanitarios que deben pasar los productos o el pago de impuestos.

Es decir, 300 euros por 10 horas haciendo camisetas es algo lejano sólo de momento. También somos oferta. Es algo que nunca debe olvidarse. Conviene arrinconar la superioridad moral y sustituir la compasión por la solidaridad. Pertenecemos al mismo grupo que esos trabajadores, que cualquier trabajador.

PD: Sucede lo mismo con los refugiados. En último término, si uno no es capaz de encontar otro motivo, no hay que defenderlos por compasión, sino por egoísmo. Como los tratan, nos tratarán.

Aíto

Domingo, 6 de Marzo de 2016

Hace unos diez años, me pidieron un texto sobre Aíto para una serie llamada históricos de la Liga Nacional, la competición de baloncesto previa a la ACB. Me lo pasé en grande hablando más de una hora con alguien al que admiraba mucho y admiro más. No se publicó, lo que provocó que meses después me dejara de saludar cuando nos veíamos en una cancha. Hoy, que se le homenajea por sus 50 años de baloncesto, lo recupero.

Aíto: La relatividad del tiempo

El tiempo es relativo, dice la versión popular de la teoría de Einstein asumida por la Renfe. El rótulo luminoso de la estación informa de que el próximo tren llegará en un minuto desde hace diez. Aíto me espera a menos cuarto y ya sé que voy a llegar tarde, como mínimo, esos diez minutos que llevo esperando en el andén. Estudió Físicas, recuerdo, seguro que entiende la curvatura espacio-tiempo, pero seguro que también tiene claro el principio general de covariancia que habla de la validez universal de las leyes de la física y que se concreta que hemos quedado a menos cuarto, chaval; no, a menos cinco.

Mientras camino hacia el hotel donde hemos quedado recuerdo, para mi desgracia, que Aíto también estudió Telecos y que fundó la primera empresa española de marcadores, la que hacía los paneles que medían los tiempos de posesión en las esquinas, donde no hay cabida para la relatividad del tiempo, salvo que estemos en Grecia. Como temía, llego diez minutos tarde.

Me salva el espacio. Le recuerdo que estamos al lado de los campos de la Standard Eléctrica, uno de los lugares donde primero se comenzó a jugar al baloncesto en España y donde, claro, lo hizo él en los años 60. Ya sólo quedan dos canchas entre un mar de nuevos edificios de ladrillo visto y la Standard es Alcatel-Lucent después de haber sido ITT. Aíto sonríe al recordar las antiguas matinales deportivas de fin de semana.

Alejandro García Reneses nació en Madrid en 1946 y comenzó a jugar al baloncesto en el patio del Ramiro de Maeztu, un territorio donde las porterías de fútbol estaban prohibidas. En 1959 ya estaba en el equipo infantil de Estudiantes con otros dos jugadores que llegarían al primer equipo y harían historia, Vicente Ramos y Emilio Segura. ¿Cómo quién querías ser?, pregunto. “En aquellos años no sabíamos nada de la NBA y muy poco de otros equipos; los ídolos eran los que tenías cerca. Yo me fijaba en Martínez Arroyo y en Chus Codina”.

En la cantera colegial pasaron por las manos de Paco Hernández, un profesor de educación física que fue uno de los primeros en preocuparse de la preparación de los jugadores. La rapidez y fortaleza de bases y aleros eran las armas que Estudiantes podía oponer para compensar la falta de centímetros. Esa generación logró el Campeonato de España Juvenil de 1964 frente al Real Madrid con una canasta en el último minuto; no sería la última vez que Aíto viera al Madrid perder un título en el último momento.

Tras la marcha de Chus Codina en la recta final de la 63-64, el entrenador Paco Hernández dio el salto al primero equipo con Aíto, Vicente Ramos y Emilio Segura. Su debut en la Copa de 1964 celebrada en Lugo fue triunfal. Cayeron en semifinales pero, en la consolación, consiguieron la victoria más abultada sobre el Real Madrid: 114-62. Aíto, quizá con el chip de controlar la euforia que tienen todos los entrenadores matiza: “en la Copa, no se podía jugar con extranjeros y, además, Emiliano estaba lesionado”

La llegada de Nacho Pinedo en 1965 consolidó a la nueva generación colegial, Aíto, Vicente Ramos, Capetillo o los Sagi-Vela, que volvió a convertir a Estudiantes en un rival difícil de ganar, sobre todo, en casa. La temporada siguiente, el Madrid pudo comprobarlo en el último partido de Liga, el de la canasta de Emilio Segura que quitó el título a los blancos.

Aíto recuerda que Estudiantes había planteado una defensa al hombre 1-4 y que el Real Madrid no había cargado el juego sobre su defendido. “Así que era el único de los titulares que estaba en pista al final del partido”. Emilio Segura robó un balón a José Ramón Ramos y entró a canasta imponiéndose a Luyk, que le sacaba varios centímetros y que reclamó falta. Aíto no recuerda el tumulto que se formó en torno a Ángel Sancha, sólo la alegría.

La siguiente temporada, Estudiantes rindió a un nivel muy alto y, en el Ramiro, tal cosa siempre es preludio de despedidas. “Decidí buscarme la vida. No tuve ofertas del Madrid porque ellos, con muy buen criterio, querían a Vicente Ramos. Hablé con un equipo de La Coruña y con el Kas pero opté por el Barcelona”. La razón estaba en el banquillo. El entrenador del Barça era Javier Añúa. Aunque sólo tenía 22 años, Aíto ya llevaba tiempo en los banquillos como entrenador de Mini basket y ayudante en las categorías inferiores de la selección, donde había conocido al entrenador vitoriano.

Tiró la piedra, tiró…

El Barça se estaba recuperado de la decisión de Llaudet de retirar al equipo de la competición pero quería resucitar con mucha prisa. “El club tenía ganas de estar arriba cuanto antes”, señala Aíto que cierra la frase con un concepto clave en su carrera: “las cosas no se consiguen enseguida”. Ese año, las prisas del Barça se concretaron en la mala elección del americano. Albi Grant llegó lanzado y se pasó de frenada; su indisciplina y falta de adaptación al vestuario provocaron momentos muy tensos que, deportivamente, se concretaron en un Barça cerca de los puestos de descenso toda la temporada.

El Barça no falló la temporada siguiente. Añúa, uno de pioneros en viajar a Estados Unidos, se trajo a Norman Carmichael y dio la alternativa a Santandreu y Sada, padre del actual jugador. La temporada comenzó bien y el Barça no perdió hasta la quinta jornada en Tenerife, un partido inolvidable para Aíto.

El Náutico era un rival complicadísimo en su pista por la intensidad de sus jugadores y por la presión del público. La jugada se produjo cuando quedaban tres minutos y medio para el final del partido. Los árbitros, Sala y Castillejo, pitaron falta en ataque del capitán tinerfeño, Toñi Cejas, a Aíto y un descerebrado decidió protestar con una piedra que acabó en la cabeza del hoy entrenador de la Penya. Con la cabeza sangrando, fue retirado no sin problemas porque un directivo del Náutico casi hace volcar la camilla en medio de la trifulca. La discusión, sobre la cancha, se solucionó con la reanudación del partido pero continuó varias semanas después en los despachos. Aíto recuerda que, desde ese día, cada vez que iba a Tenerife, le cantaban ‘el aldeano tiró, tiró la piedra tiró, tiró la piedra y no la encontró’. Pero esa piedra no se perdió. Varios años después, el ex presidente de la Federación, Don Anselmo, se la ofreció en un acto institucional. “No la quise y por ahí andará”.

La temporada fue sólo correcta para el Barça pero acabó con buenas noticias. El ex gerente del Barça de fútbol, Juan Gich era nombrado Delegado de Deportes, con lo que se abrían a otros clubes despachos y gestiones que sólo habían estado al alcance del Madrid como, por ejemplo, las nacionalizaciones. El Barça daba pasos de cara a convertirse en alternativa a los blancos: las nacionalizaciones de Carmichael y Thomas, el fichaje de los directivos badaloneses Ramón Ciurana y Eduard Portela (Sant Josep) y Josep Giró (Círcol Católic) y la inauguración el Palau Blaugrana.

En la nueva instalación, cerca del Palacio de Hielo, estaba el despacho de la sección conocido como La Siberia, donde se tomaban las decisiones. Allí, en la primavera de 1972, los responsables del baloncesto culé decidieron la destitución de Añúa tras una eliminatoria de Copa. Aíto sólo duró un año más. Una temporada marcada por los problemas internos; el peor de todos, el enfrentamiento entre el nacionalizado Carmichael y el nuevo entrenador Will Ernst. Aíto decidió retirarse para comenzar su etapa como entrenador. “El club no acaba de funcionar. Tuve ofertas para seguir jugando. Me llamo Pepe Auseré de Vallermoso y me dijo que, si iba, me daban lo que tenían reservado al americano, pero yo tenía claro que, como jugador, había llegado a lo más alto. No iba a conseguir nada más”.

Matagigantes

No sorprendió a nadie que comenzara una etapa como entrenador porque, desde muy temprano, había compatibilizado la cancha con el banquillo; en Estudiantes, en el Barça y en la selección. Sí sorprendió que no regresara al Ramiro para sentarse al lado de Nacho Pinedo, con el que colaboraba en las categorías inferiores de la selección, y que la oferta del recién ascendido Círculo Católico de Badalona llegara tan rápido. Meses después de retirarse en el Palau, Aíto ya estaba dirigiendo los entrenamientos en La Plana.

En las diez temporadas en que dirigió a los badaloneses, formó un equipo rocoso al que era muy complicado vencer, una marca de la casa que Aíto sigue manteniendo más de 30 años después. Poco a poco, sin prisas, fue haciendo su equipo: trajo a nacionales sólidos como Sada, Oleart, Ametller, Mendiburu o Perotas y a buenos americanos como Costello, Agnstad, Schrader o Jackson, que después fichaban por otros equipos de la Liga porque, para Aíto, “la integración es lo más importante”. En esa lista de extranjeros estuvo a punto de estar el brasileño Óscar Schmitt Becerra, al que había visto en los Juegos de Moscú. “Hablamos con él y con su novia pero, al final, no se concretó”. Para redondear, subió al primer equipo al director de orquesta, Quim Costa.

La otra pata del Círculo Católico, después Cotonificio, fue el presidente Doménec Tallada. “Lo hacía todo para conseguir los fichajes. Recuerdo que Héctor se había ido de vacaciones a un sitio en Canarias donde sólo había un teléfono y no paró hasta que no consiguió que se lo trajeran para que pudiera hablar con él”. Aíto también recuerda lo que luchó Tallada por hacerse con el fichaje de un espigado juvenil sevillano, Andrés Jiménez.

En su quinta temporada, Aíto volvió a quitarle otro título al Madrid en el último momento. En la última jornada, los blancos cayeron en su visita al Cotonificio, dejando la Liga franca para la Penya, Sin embargo, el partido estuvo envuelto en rumores sobre la actuación de uno de los árbitros, Salvador Vidal, a quien se llegó a acusar de haber cobrado un cheque verdinegro. Aitó matiza: “el dominio del Madrid había provocado que los árbitros lo respetaran mucho y, cuando las decisiones no eran a favor, sorprendían a todo el mundo. Y eso fue lo que sucedió”.

A falta de títulos, el Coto hacia historia con victorias clave convirtiéndose en matagigantes. No había que olvidar que era un equipo de barrio que jugaba en el prestado pabellón de La Plana. En el 80, Aíto vio por primera vez algo que se convertiría en tradición: Manel Comas, su ayudante, se independizaba para entrenar al Mollet. El último, Joan Plaza, y, en medio, Quim Costa o Joan Montes. Aíto reconoce que es algo de lo que sentirse orgulloso y recuerda que “Comas hacía los entrenamientos individuales y, en todo el año, sólo cobró un viaje para ver el campeonato junior”. ¿Y los marcadores? Aíto me cuenta que tras hacer varios cursos de Físicas y Telecomunicaciones, decidió montar una empresa de marcadores. “Los clubes tenían que tener cuatro en las esquinas para  marcar los 30 segundos de posesión y eran reacios a hacer esa inversión. Nosotros los ofrecíamos más baratos y llegamos a 34 canchas de toda España”.

El último año en el Coto fue también el último de la Liga Nacional. Después, Joventut, Barça, donde firmó el mejor palmarés ACB (nueve Ligas y cuatro Copas) y, de nuevo Joventut. La covariancia, la validez universal de las leyes de la física, dice que llevamos una hora hablando y que el equipo tiene cosas que hacer. Cuando salgo del hotel, me pregunto si es un histórico; lo es por historial, porque comenzó a jugar hace casi 50 años y la próxima será su 31ª temporada en la máxima categoría. Pero no lo sé. Es el entrenador más veterano de la ACB pero parece el menos viejo. Será la relatividad. La misma que hace 10 minutos que, según el rótulo, el tren esté a punto de llegar a la estación.

Ficha:
Alejandro ‘Aíto’ García-Reneses
Madrid, 20 de diciembre de 1946
Alero

Trayectoria como jugador:
10 temporadas en Primera División

Categorías inferiores de Estudiantes
Estudiantes (63-68)
FC Barcelona (68-73)

Trayectoria como entrenador (en Liga Nacional)
Círculo Católico de Badalona / Cotonificio (73-83)