Archivo de Febrero de 2016

Memento meme

Miércoles, 24 de Febrero de 2016

Cuando un general victorioso desfilaba por Roma, tenía un tipo detrás de él que le susurraba: “Respice post te! Hominem te esse memento”. Mira detrás de ti y recuerda que eres un hombre; y no un Dios, como César, se sobreentendía. El cristianismo, donde el tema de la divinidad estaba más claro, adaptó la última parte y le añadió un poco de dramatismo: memento mori. Recuerda que puedes morir. La vida es fugaz. Todo era un suspiro.

Hoy tenemos el memento meme. Un general victorioso, si aún los hubiera, o un futbolista o un político o un tipo al que le ha tocado la lotería a o que llora por una desgracia, todos tienen su memento meme. Cualquiera; como en la danza de la muerte medieval, no se libra nadie. Una tropa enorme se encarga de trivializar, más que de ridiculizar, su gloria, su enfado, su tristeza o su fracaso. Eh, mira a todos los lados y recuerda que eres (que tu vida y sus sentimientos son) espectáculo, significante sin significado, mercancía, etc. Que cada uno elija la palabra adecuada.

La cuestión es que, pasado el memento meme, todo sigue ahí. Mejor dicho, la realidad sigue ahí; la interpretación, no; la velocidad y la separación han sobreenvejecido todo lo que parecía tan imprescindible, el cabreo, la tristeza, la euforia. En la mayoría de casos, un partido, un programa de tv, el acto pasa, muere y desaparece. Pero, en otros, como la política, la realidad sigue ahí y hay que reposicionarse, reinterpretar, reasimilar. Que cada uno elija la palabra adecuada.

Mañana, el fin de semana, e incluso el lunes, el pacto PSOE-Ciudadanos seguirá ahí. Más allá del contenido, es un acuerdo que, como todos los acuerdos deja muchos cadáveres en el camino y tendrá un precio muy alto. O, quizá, sólo lo parece. El colectivo Politikon suele recordar que los pactos de gobierno son más frecuentes de lo que parece y tienen menos coste de lo que se piensa.

Más allá del contenido, y de sus posibles efectos, es un acuerdo que obligará a los demás a reposicionarse, reinterpretar, reasimilar, etc. poque el desdén del PP y el cabreo de Podemos habrán envejecido tras el fin de semana. Y el pacto seguirá ahí. Un pacto que roba presidenciabilidad al PP, que ahora mismo es el partido de la oposición, y centralidad a Podemos, que queda encapsulado en una izquierda que no reconocía.

Dentro de una semana, a las puertas de la sesión de investidura, el pacto seguirá ahí.

Ceremonias televisadas y programas de televisión

Jueves, 18 de Febrero de 2016

Es importante saber lo que uno es, conocer sus dimensiones, sus límites. Por ejemplo, los Goya. Año tras año, se esfuerzan por ser un programa de televisión cuando no lo es. Es una ceremonia televisada, lo que quiere decir que tiene su ritmo, sus liturgias y, sobre todo, su duración. No se pueden extirpar sus órganos vitales, como los agradecimientos, y pretender que la criatura siga respirando. Año tras año, la gente del cine acude y, sin advertencia previa, está dentro de un programa. Año tras año, el personal se pone delante de la televisión y, sin advertencia previa, se encuentra con una ceremonia. Y, de ahí, la incomprensión, las quejas y el cabreo generalizado.

Pedro Sánchez lo ha logrado. Gracias a la campaña electoral, ha entendido (o alguien lo ha hecho) sus dimensiones, sus límites. Puede ser el protagonista, pero necesita un doble de acción. Hay que mantenerlo alejado de la política y, sobre todo, de las escenas de riesgo, donde hay que emplear a especialistas. De ahí, la insistencia socialista en el comité negociador y su gira fotográfica, que copia la base de grandes obras de la literatura contemporánea como Asterix, Teo o Gerónimo Stilton: Sánchez, con los sindicatos; Sánchez, con la patronal; Sánchez, con los fruteros; Sánchez, en la UE. Y, al mismo tiempo, es la metonimia de su equipo negociador: Sánchez acuerda, Sánchez ofrece, Sánchez ultima. Si hay elecciones en junio, Sánchez las afrontará como expresidente.

Ciudadanos también se ha dimensionado. Su resultado corto era previsible porque las marcas nuevas siempre provocan una cierta desconfianza inicial. Estos, ¿qué querrán vendernos?, ¿para qué tanta publicidad? Necesita establecerse, que el consumidor entienda en qué es diferente (la estabilidad de siempre con la limpieza de lo nuevo) y vea la variedad en la estantería (de ahí, la presencia de su segunda línea) Y, sobre todo, la línea gourmet. Ante la parálisis del PP, Ciudadanos quiere ocupar la interlocución con los poderes fácticos, quiere ser quien da respuesta a ¿cuándo sale esa adjudicación?, ¿cómo va ese arbitraje?, ¿dónde hay que apuntarse para ir a Irán?

PP y Podemos son los que aún no conocen sus límites y el problema de ambos es el mismo: la superioridad moral. Ambos comparten la idea de estar dentro de un proceso fuera de la realidad y que de ellos dependen cuestiones intangibles como la esencia de España o el alma del cambio. El presupuesto anterior les permite ser portavoces de colectividades abstractas, los españoles o la gente, se sienten legitimados a condicionar decisiones ajenas y a considerar que merecen cosas, cargos o cuotas de poder, sin pasar por la negociación.

El problema de la superioridad moral suele ser la realidad, los límites. La superioridad moral precisa de una inercia compartida que haga que el resto de participantes asuma, más que el guión, la atmósfera, como ocurre en los programas de televisión. Uno ya sabe lo que tiene que hacer si entra dentro de Gran Hermano o es entrevistado en una celebración deportiva. La superioridad moral también requiere mucho calor y las ceremonias son más frías, dejan momentos históricos, pero nadie vuelve a ver entera una inauguración de Juegos Olímpicos. Para contrarrestarla, PSOE y Ciudadanos están usando la política para algo delicado: construir tiempo.

PP y Podemos también necesitarán mucha cohesión. El que no participa del momento histórico y se mueve en una dimensión real puede tener dudas. La fe siempre es un atributo individual, aunque haya conversiones colectivas. Rajoy pide a los suyos que no se vayan, que no busquen futuro laboral, pero las estructuras basadas en la cadena de favores se mueven y no sería extraño ver movimientos hacia Ciudadanos, el que ahora puede otorgarlos. En Podemos, el hiperliderazgo combinado con la ausencia de vida parlamentaria puede llevar a muchos a preguntarse qué hacen ahí. La disciplina de voto, tan denostada, tendrá muchos conversos en las próximas semanas.

Espacio, tiempo, temperatura, atmósfera. Es importante que cada uno sepa quién es y dónde está, situarse, dimensionarse, conocer los ritmos y las liturgias, porque, si no, llega la incomprensión, las quejas y el cabreo generalizado. O el ridículo.

Uno a diez y diez a uno

Domingo, 7 de Febrero de 2016

El general  Vo Nguyen Giap fue artífice de las victorias vietnamitas en la guerra colonial (1946-54) contra Francia y en la posterior (1955-75) contra Estados Unidos. Según la historia militar, Giap no fue un brillante teórico, no destacó en táctica, ni en estrategia; su especialidad era la logística y la movilización. En la batalla de Dien Bien Phu, logró mover (desmontadas) cientos de piezas de artillería por la selva para rodear la base avanzada del ejército francés.

Hace meses, Íñigo Errejón, secretario de política de Podemos, tuiteó una de sus ideas: “Uno a diez en lo estratégico, diez a uno en lo táctico”. La frase distingue dos planos, el estratégico o largo plazo y el táctico o plano corto, y afirma que es posible la victoria ante un enemigo poderoso (uno a diez) si en cada enfrentamiento concreto se procura tener superioridad (diez a uno). Hay que replegarse y elegir bien cuándo y dónde se plantea el combate. Requiere paciencia y, sobre todo, un buen análisis de la situación, de la propia fuerza y la del contrario.

Sin embargo, la acción concreta de Podemos parece elegir la situación inversa, el uno a diez en lo táctico. Quizá, la explicación es el relato, la puesta en escena. La desventaja material en las situaciones concretas es algo que siempre funciona bien en la narrativa porque proporciona a los protagonistas un aura, bien de héroe, bien de mártir, dependiendo de la consecución o no del objetivo. Quizá, se considera que no hay guerra, no hay batallas, sino un proceso histórico con un final inevitable y ese aura, esa superioridad moral, acelerará la decantación.

Un ejemplo es el período postelectoral. El plano largo, donde la desventaja es enorme (uno a diez), es el acceso al poder. Las negociaciones para formar gobierno pertenecen al plano corto, la táctica, las decisiones que se se toman para vencer (o no ser derrotado) en cada batalla concreta. Es ahí donde hay que ir siempre diez a uno.

No debería ser algo crucial. Sin embargo, sus acciones parecen indicar lo contrario y no hay elección sobre dónde y cuándo se plantea el combate, se dan todos, independientemente de la situación, da igual la correlación de fuerzas. No se analiza que, pese a todo (malas perspectivas electorales, derrotas en los debates, etc.), el PSOE logró permanecer como segunda fuerza y que, cualquier ataque externo al partido, no lo debilita, sino todo lo contrario. Lo mismo sucede con su líder, al que la resistencia está dotando de un carisma inesperado.

Desde el inicio de las conversaciones, se da la batalla, se intenta marcar el terreno con líneas rojas, condiciones innegociables, vetos o, incluso, imposición de nombramientos. Todo ello sin paciencia, sin análisis de la situación, sin valorar la necesidad del objetivo para la estrategia y, por supuesto, sin comprobar la superioridad en el choque. No se analiza que el PSOE posee un equipo de negociación experimentado que utilizará cada una de esas marcas en el terreno para la negociación.

Por no hacerse caso a sí mismo, Podemos ha construido un rival al que ha armado no sólo con esas marcas en el terreno, sino con todas esas palabras vacías usadas en la campaña electoral: cambio, esperanza, progreso, etc. Ahora mismo, pase lo que pase será complicado que pueda presentar cualquier situación como una victoria. Si hay gobierno, no será con sus condiciones; si hay elecciones, cargará con la culpa y, además, no podrá repetir todas las alianzas autonómicas.

Quizá, siguiendo a Giap, lo más razonable habría sido no dar la batalla. Presentarse en el Congreso sin armar ruido e investir presidente a Sánchez sin peticiones expresas, lo que permite atribuirse cualquier aspecto positivo. No marcar el terreno y defender las palabras. ¿Para qué desgastarse en una lucha de la que se va a encargar otro? En este caso, la Troika, que pide nuevos recortes o el propio paso del tiempo.

El problema es minimizar el análisis objetivo por la creencia mística en procesos históricos inevitables. Entonces, como sujeto elegido, ya dan igual las acciones concretas porque se está en un plano superior en el que no hay que luchar por las cosas, sino que se merecen. Y, en política, merecer es un verbo que suele conjugarse en pasado.