Archivo de Diciembre de 2015

Felipe VI, el rey del 15M

Miércoles, 16 de Diciembre de 2015

Érase dos peces jóvenes que nadaban juntos cuando de repente se toparon con un pez viejo, que los saludó y les dijo: “Buenos días, muchachos ¿Cómo está el agua?” Los dos peces jóvenes siguieron nadando un rato, hasta que uno de ellos miró al otro y le preguntó: “¿Qué demonios es el agua?” (David Foster Wallace, discurso en el Kenyon College)

Mear en el mar es algo placentero. Basta ver la cara de felicidad de los jubilados cuando, con el agua a media pierna, se agachan y siguen a Bruce Lee: be the water. Al alivio inmediato, se une la mejora de la temperatura particular y la certeza de que el resto de bañistas compartirán, quieran o no, su parte de él. Mear en el mar es algo tan placentero e inútil como ganar una discusión en el bar o colarse en una rotonda. Mear en el mar es tan placentero e inútil como colarse en la hegemonia, el nombre complejo de lo que suele llamarse sentido común.

Las sociedades no son libres. Siempre hay varios grupos que imponen sus valores y creencias. No es una imposición violenta, ni siquiera es visible, porque entonces sería fácil de contrarrestar. Tampoco es monolítica, sino que se adapta formalmente sin perder su base. No es una conspiración, no son grupos que se citan en un lugar y establecen un plan. Es una concurrencia de intereses. Los valores y creencias de esos grupos, a través del lenguaje, se convierten en consenso, el sentido común. No es que se conviertan en leyes, sino que delimitan los límites de lo que se puede hacer, el agua de los peces de Foster Wallace.

Nuestra agua es el consenso del 89, la globalización o el neoliberalismo, porque recupera las ideas socioeconómicas del XIX, colonialismo y desigualdad a través de sus mismas palabras fuerza, progreso y libertad. Nuestra agua se traduce en un enorme número de instituciones (UE, CE, BCE, OTAN, etc.) que, a nivel local se concretan en dos, Monarquía y Constitución.

En 2011, el movimiento 15M impugnó ese consenso. Era (casi) la primera vez que pasaba algo así. En los 90, la socialdemocracia se había entregado al neoliberalismo a través de la tercera vía, aceptando la ruptura del pacto social, y los restos de la izquierda adoptaban diversas formas de resistencia (foro social, antiglobalización, etc.), pero desistiendo del debate de ideas tras la derrota de socialismo real.

El 15M (ocuppy, etc.) impugnaba todo. No quería modificar el color o la temperatura del agua, ni nadar a contracorriente, sino cambiar el curso del río. Se cuestionaba la soberanía, la legitimidad de los poderes públicos; se cuestionaba, en España, la Monarquía y la Constitución. Cuatro años después, el consenso del 89 ha mostrado su capacidad adaptativa, el sistema de partidos se ha reproducido por mitosis y gracias a un relevo generacional, las fuerzas políticas constitucionalistas, europeístas y atlantistas suman el 90% del voto. Felipe VI es el rey del 15M.

Lloviendo piedras

Martes, 15 de Diciembre de 2015

No es complicado ver hacia dónde van a ir las cosas; basta con leer atentamente y, después, quitarse las gafas. El 13 de octubre de 2011 escribí Cosas que es probable que pasen el año que viene donde hablaba de mutualización de la deuda autonómica y privada, la reforma laboral con 20 días y sin convenios, la subida del IVA y los impuestos municipales, la amnistía fiscal, la privatización y copago de los servicios públicos, la subida de tasas universitarias, etc.

Bastaba con leer las propuestas de los centros de pensamiento de la derecha divulgadas en la prensa diaria. Tampoco ahora resulta complicado intuir el panorama: Thatcher.

La nueva legislatura traerá el contrato único (el despido libre ansiado por la patronal) y un marco para la privatización de las pensiones, la educación y la sanidad. La experiencia de Madrid demuestra que es un error el proceso directo y es preferible, como en Barcelona, crear las condicciones para que las iniciativas privadas crezcan y las públicas mueran.

Todo ello gracias al consenso constitucionalista, europeísta y atlantista que, si lo necesita, buscará su justificación en UE y, quizá, en algún shock. El crecimiento de la deuda pública, unido a otros compromisos de pago, como Defensa, y a un terreno inestable propiciado por la ausencia de inversión y la abundancia de especulación (fondos buitre).

Para rellenar el hueco y evitar esas escenas de Dickens que, de vez en cuando, muestra la televisión, habrá una distribución discrecional de renta a través de programas copiados de EEUU: el Earned Income Tax Credit (EITC) o el Supplemental Nutritional Assistance Program (SNAP), los vales de comida que vemos en ciertas películas.

En los próximos años, se consolidará la desigualdad. Es un proceso es imparable porque está asumido por toda la sociedad y, aunque sufre una cierta deslegitimación intelectual, carece de cuestionamiento político relevante. Huir de la batalla de las ideas, de la ideología, en definitiva, de la política, puede proporcionar votos y popularidad, pero no modificará el consenso.

No es una cuestión de partidos políticos, sino de pensamiento global; no es una partida concreta, sino las reglas de juego. No se trata de los discursos, sino de los conceptos que se usan. No se puede hablar de la gravitación universal cuando todo el mundo tiene claro que la tierra es plana.

Hay que politizar la movilización, la indignación, la miseria. Hay que explicar que un despido o un desahucio no es una situación concreta e inevitable y, por supuesto, no es producto de un fracaso individual. Hay que explicar que son cuestiones establecidas en la legislación y que se puede cambiar; hay que explicar que existen transferencias de renta que no son inevitables. Para cambiar el modelo, hay que recuperar la frases con las que se inició: no tengáis miedo.

Hay que ir al campo de batalla grande, algo que nunca harán los que buscan victorias personales.

Mear en el mar es placentero, pero no cambia el curso del río.

Un asunto sin importancia

Miércoles, 9 de Diciembre de 2015

Parece una reivindicación sectorial, una queja recurrente, un asunto menor. La información de El Economista, firmada por Eva Díaz y Javier Romera, se titula “Defensa gasta 4.417 millones desde 2012 y vuela con helicópteros de más de 40 años” y su comienzo tampoco es sorprendente: “El Ministerio de Defensa lleva gastados en los últimos tres años un total de 4.417 millones de euros en programas de armamento…”.

Lo interesante aparece en el sexto párrafo:

En septiembre de 2011, el Gobierno aprobó una inversión total hasta el año 2030 que oscilaba entre los 31.600 millones y los 36.875 millones de euros. Sin embargo, en mayo de 2013, Defensa recortó ese plan y fijó la nueva horquilla en torno a los 29.500 millones, lo que supone 7.000 millones menos respecto al máximo que entonces se conocía.

Ostras, en septiembre de 2011. Los Programas Especiales de Armamento se iniciaron a finales de los noventa y esta inversión, aprobada tras dos años de impagos a suministradores, recoge los planes anteriores. Fue sólo un trámite; quizá, una reestructuración. Pero septiembre de 2011 es una fecha muy significativa.

Esto quiere decir que el gobierno Zapatero en su agonía final, con las elecciones ya anunciadas desde julio, y después de aprobar los recortes de mayo de 2010, la reforma laboral de septiembre de 2010, la bajada de las pensiones de enero de 2011 y la reforma de la Constitución de agosto de 2011, aprobó un compromiso de gasto público de casi 40.000 millones de euros.

Esto quiere decir que mientras se aprobaban todas las medidas de austeridad del párrafo anterior, mientras se decía que no había dinero y que la ciudadanía había vivido por encima de sus posibilidades, mientras se convertía la deuda privada en pública con el shock de la deuda y a las puertas de una segunda recesión, Carme Chacón, ministra de Defensa, negociaba un compromiso de gasto público de casi 40.000 millones de euros.

40.000 millones, un asunto sin importancia.

PD: Carme Chacón (PSOE) no es el único político de esos años en activo. El Jefe de Estado Mayor de la Defensa (rango de secretario de estado) de esos años, Julio Rodríguez, también es candidato (Podemos). Quizá, ese paso al frente de alguien que estuvo dentro del gobierno que adquirió esos compromisos (y que sabe cómo se negociaron) fue lo que molestó al actual titular de Defensa.

Ambos, Chacón y Rodríguez, deberían dar alguna explicación sobre esos 40.000 millones. Que seguro que la hay.

Las vencedoras del post20D

Jueves, 3 de Diciembre de 2015

En la manifestación feminista del pasado 7 de noviembre algún cartel recordaba que en las próximas elecciones no habrá ninguna mujer candidata a la presidencia del gobierno. Ni en estas, ni en todas las anteriores. Rosa Díez ha sido la única líder de una formación estatal. Las mujeres sólo encabezan una de cada tres listas el próximo 20D y es probable que el nuevo Congreso que salga sea más masculino que el viejo.

Sin embargo, las mujeres pueden las vencedoras del post20D. El cambio radical del panorama político hará que nadie pueda cantar una victoria absoluta de esas de pegar saltos en el balcón. De hecho, podemos dividir los escenarios en bueno (virgencita, virgencita), regular (pa’ habernos matao) y malo (qué hostia, dios mío, qué hostia). Los cuatro liderazgos masculinos estarán en cuestión y hay cuatro, o más, mujeres esperando.

En el PP se preparan para una derrota terrible. Hace un año, lo tenían todo (ayuntamientos, diputaciones, autonomías y gobierno central), la mayor acumulación de poder de la democracia. En mayo, perdieron buena parte de su cuota territorial, un ERE descomunal que fue menor gracias a la irrupción de Ciudadanos, mucho más tolerante con la corrupción que el UPyD, su precedente en el espectro regeneracionista.

Su esperanza está depositada en el sistema electoral provincial, que beneficia al partido más votado. En las primeras elecciones, UCD se quedó a 11 diputados de la mayoría absoluta (47% de escaños) con sólo el 34,4% de los votos. Con un 30% se pueden conseguir 140-150 diputados. Pero Rajoy está muy lejos de esa cifra. Ahora mismo, el PP se sitúa  entre alrededor del 20%, más de sesenta diputados menos. Y lo peor, un escenario de debilidad para la negociación de la investidura para la que harían falta más de 50 diputados.

Ciudadanos, la opción probable, sostiene que no apoyará la investidurá y que no le preocupan nuevas elecciones. Es algo poco creíble. El bloque del orden ha pasado por el desfiladero de la crisis y nadie querrá que se repita un escenario de incertidumbre. Una subida de la prima de riesgo, dos editoriales y una llamada del rey ablandarán a C’s que sí puede pedir un cambio en la presidencia: la hora de Soraya. No le cogería de sorpresa. La vicepresidenta, que participará en el debate del próximo día siete, lleva meses pilotando la respuesta gubernamental al proceso catalán.

En el PSOE, la situación es muy complicada. Las últimas elecciones ya fueron desastrosas y pasó de 169 escaños a 110. Pues estas, peor. Se mueve en estimaciones que van desde algo más del 25% de voto, con el que podría superar los 100 escaños y algo más del 20%, que le harían bajar de los 90 escaños; quizá, hasta menos de 80. Su baza es ser el voto pizza de algún millón de indecisos; la decisión de última hora en la que pides algo conocido.

Con más de 100 escaños, Pedro Sánchez se hará fuerte. Con 80 o menos, Susana Díaz, presidenta de Andalucía, promoverá un cambio inmediato dentro del partido. La duda es si ella dará el paso al frente y se colocará como líder nacional ya que no es diputada. Serán muchas sesiones de control desde fuera. A cambio, tiene todos los platós del mundo y sería una invitada fabulosa del programa de Bertín Osborne.

Ciudadanos es la formación donde el liderazgo está más claro, aunque no será todo color de rosa. Cualquiera que haya salido en Nochevieja conoce la diferencia entre expectativa y realidad. Ser el tercer partido en España es algo parecido a ser un pagafantas y quedarte con las ganas tras el calentón. La división provincial reduce mucho el paso de votos a escaños y en Ciudadanos abundan los problemas territoriales.

Se mueve en una horquilla entre el 15% y el 20% que se traduciría en 50-66 escaños. También, puede sufrir, como en las regionales de mayo, un arrepentimiento de última hora. Aunque rocen los 50, el puesto de Rivera no peligra porque su debacle, más que de escaños, sería no ser decisivos en el gobierno. Si eso sucede, el debate catalán ha situado a Inés Arrimadas en una futura pole por su combinación de serenidad, seguridad y autoridad, lo que se conocía como templanza. Su posición quedará reforzada porque la formación no repetirá sus cifras en Barcelona.

Podemos quería un Juego de tronos y lo tendrá en casa. Sin los votos de las coaliciones de Galicia, Cataluña y Valencia, donde hay otras formaciones, el panorama es desolador. El CIS le da un 9,1% y 23-25 diputados. La piedra de toque de la formación será Madrid. No sólo porque medirá la conveniencia de la apuesta por ir en solitario y no repetir la experiencia que dio la alcaldía a Manuela Carmena, sino porque el resultado de las Autonómicas será la cifra a tener en cuenta. José Manuel López, una persona con escasa proyección, tuvo 587.949 votos y el 18,59 %.

Todo lo que no sea llegar a esa cifra provocará, o debería, una crisis interna. Aunque no se pueden hacer previsiones. Podemos no es una formación política, sino un proyecto de promoción personal. Esperando, hay varias mujeres. No para liderar concretamente Podemos, sino para ponerse al frente del bloque del cambio (15M). La principal, Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona ha liderado una candidatura que, según las primeras encuestas, encabeza la intención de voto en Catalunya. Un dato que contrasta con los pobres resultados de las autonómicas de septiembre, cuya campaña se dirigió desde Madrid.

El panorama está más abierto que nunca y la ausencia de mayorías puede provocar una legislatura corta en la que sí habrá mujeres candidatas a la presidencia del gobierno. Y más de una.