Archivo de Octubre de 2015

Operación Roca II

Sábado, 31 de Octubre de 2015

Falta épica, escuché hace semanas. Épica, una palabra antigua, que cabe mal en la posmodernidad. La épica es incompatible con el nuevo mundo porque precisa, cosa imposible en internet, la existencia de un mensaje y, sobre todo, la desaparición del humor. El ingenio es lo que coloca un marco mental a todo lo que sucede antes de que el pensamiento se ponga en marcha.

El humor heredó el papel de cuestionador de los límites humanos cuando el arte optó por separarse de lo humano a principios del siglo XX. La risa es el signo de los tiempos y conviene releer El nombre de la Rosa: “La risa mata el miedo y, sin el miedo, no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios”.

Barcelona y Madrid llevan meses jugando una partida de póquer que comienza a preocupar porque cada vez hay menos fichas en la mesa y hay que enseñar las cartas. El abanico de cosas estéticas e inocuas (una declaración, una reunión) se reduce y hay que tomar decisiones concretas.

“¿Y qué pensáis hacer después de la declaración? […] ¿Y qué pensáis hacer después del artículo 155?”, preguntaba Enric Juliana el miércoles. Con frialdad, la segunda posibilidad tiene más opciones, pero no en la versión BDSM, sino cuidando las formas.

No habrá épica en Catalunya, contra el criterio de muchos. Habrá días tensos, con escenas graves, que el humor y las redes ayudarán a sobrellevar, pero no habrá épica. Basta, para poner los pies en la tierra, con leer el artículo: “el Gobierno […] podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a la CA al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones [constitucionales]”. En ningún momento habla de la suspensión de la autonomía.

No se trata de sacar los tanques, ni de que aparezca la guardia civil, ni de encarcelar a nadie; ninguna imagen humillante. Nada de cambiar el sistema educativo o arriar banderas. Nada de BDSM. Nada de Barcelona Año cero. Sólo, “las medidas necesarias”. Quizá, la única ventaja de no haber desarrollado las cosas es que, en manos de alguien con sutileza, pueden dar mucho de sí.

Tampoco tiene por qué producirse la destitución del presidente autonómico y que, en el caso de darse, este no tiene que ser sustituido por el delegado del gobierno; puede ser un ministro u otra persona. Un catalanista moderano sería la mejor opción, comenté en una tertulia. Miquel Roca, dijo Manolo López.

Alguien que acepte el papel de Mario Monti para desatascar un sistema político enredado en su propio ensimismamiento y que asuma el poder con una nueva convocatoria electoral a la vista. Sin épica, sin miedo, sin fe, con respeto hacia lo propio y lo ajeno, y tratando de entender ese concepto difuso de la dignidad, que está al inicio de todo el problema.

PD: Pero está opción es improbable. Las elecciones del 20D van camino ser un nuevo plebscito. El nuevo Parlamento, que será muy confuso, no estará dominado por el olfato, sino por el oportunismo. La ausencia de mayorías convertirá la próxima legislatura en un calentamiento eterno en el que todo el mundo estará buscando la pole para la próxima carrera. Muchos, con la aceleración que produce la sensación de participar en un momento histórico, buscarán la épica. Y tendrán un gif.

Internet se ha ajustado a la dinámica de clases

Miércoles, 28 de Octubre de 2015

“Lo único que sucederá es que Internet se ajustará a la dinámica de las clases sociales y los propietarios de los medios de producción y distribución se convertirán en los propietarios de los medios de producción y distribución digitales. No se preocupen. No es nada nuevo. Ha pasado siempre. Ya duraba mucho”. Es un texto de 2010.

Ayer, sucedió. Lo pueden leer aquí. No es sencillo encontrarlo porque la mayoría de medios sólo se refiere al fin del roaming, las tarifas interestatales.

La Comisión Europea está promoviendo un mercado tecnológico común para competir con las empresas de Estados Unidos. Allí, seis compañías (General Electric, Disney, News, Viacom, Time Warner y CBS) controlan hasta el 90% de los contenidos que se consumen en Estados Unidos.

Era algo que el porno había anunciado. Una empresa, MindGeek, comparte la posesión de productoras (Bang Bros, Brazzers, Twistys, etc.) y tubes (Xvideos, Youporn, Pornotube). La misma empresa produce y distribuye (en alta-pago y baja calidad-gratis), un dumping empresarial que limita el terreno que puede ocupar la competencia al obligarla a ‘pasar por el aro’ de sus tubes y estrangula el crecimiento de cualquier francotirador independiente.

Era algo lógico, sobre todo, cuando los dueños de las infraestructuras ya son distribuidores e, incluso, productores. Hay que minimizar la incertidumbre de la libre competencia. Todo el mundo ofrece su mercancía y el consumidor busca, compara y se queda con lo que más le gusta. Un mal sistema; sobre todo, porque se querra reproducirlo en la política. Mejor, los oligopolios.

Ayer, la libre competencia fue defendida por la izquierda; no es algo extraño. Lo que queda de los partidos comunistas son los únicos que quieren rescatar los rastros del capitalismo, el consenso del 45, frente al consenso del 89, el corporativismo.

Es el fin de Internet (tal y como lo conocías) (16-09-2010)

Hace unos meses, el presidente de Telefónica, César Alierta, dijo que no todo el mundo era igual en internet. Hay empresas, dijo, que hacen un uso intensivo de la red para su negocio, logran grandes beneficios y pagan como cualquier otro consumidor. Propuso que esas empresas (como Google) contribuyeran a la financiación de los nuevas infraestructuras de banda ancha, fija y móvil, que tienen que servir para la nueva (r)evolución. Ésta se basará en cosas como la movilidad total (geolocalización, realidad aumentada, etc…) la convergencia de las pantallas (móvil, ordenador, televisión, tableta y lo que surja) y los universos en la nube (aplicaciones en lugar de software, streaming en lugar de descargas o virtualización en lugar de almacenamiento). Son aplicaciones y servicios que precisan de anchos de banda grandes y seguros y que puede multiplicar la gran característica de internet, la ausencia de intermediarios.

La democratización que se ha producido en la música podía extenderse a otros campos como la información o la distribución. Por ejemplo, TV-IP, internet por la tele, es algo que acaba con las cadenas de televisión porque el productor de contenidos y el consumidor no necesitan a alguien que coloque y comercialice; los emisores son iguales y Manolito TV puede tener una audicencia similar a La Sexta. Por ejemplo, la geolocalización nos permitiría encontrar tiendas de alimentación cerca de donde estemos y conocer sus precios o procedencia de los productos. Todo el mundo ofrece su mercancía y el consumidor busca, compara y se queda con lo que más le gusta, como está sucediendo en la música. Es un caos muy beneficioso. Sin embargo, lo más probable es que no suceda.

La mayoría de empresas de internet, comenzando por Google, pusieron el grito en el cielo pero, inmediatamente, comenzando por Google, se hicieron la siguiente reflexión: tengo nuevos productos, como Google TV, que necesitan buenas infraestructuras, porque nadie va a pagar por una película que se cuelga. Google preguntó a las operadoras: qué me das. Un carril para ti, respondieron. (Internet es, en teoría, neutral como la carretera de Burgos. Todo el mundo entra y ni los suministradores ni los operadores pueden priorizar o discriminar el tráfico. En teoría, digo, porque hay lugares donde a los particulares que hacen un uso intensivo (los que están todo el día descargándose de todo) se les baja la velocidad. El carril quiere decir reservar ancho de banda para Google y que el resto vaya a lo que quede). Verizon, una operadora estadounidense, llegó hace unas semanas a un acuerdo con Google para priorizar su tráfico a cambio de coinvertir en infraestructuras.

Poco después, Telefónica anunció que la evolución de la red requiere otra estructura tarifaria que supondrá el fin de las tarifas planas. Tal cosa no va a suceder por la presión comercial pero la presión conjunta de operadoras, suministradores de infraestructuras, empresas de internet, medios de comunicación y grandes empresas en general sí conseguirá romper la neutralidad de la red. El modelo será parecido al de Google-Verizon. Habrá empresas que coinviertan en red a cambio de canales preferentes, que también estarán disponibles para empresas que puedan hacer el desembolso. La velocidad de los contenidos depende, que es algo que se nos olvida, de nuestro ancho y del de quien nos los envía. El documental de un aficionado se cortará mientras la película de Google TV, no; los precios de la tienda particular puede que no se abran en el teléfono pero los del Opencor, siempre. No todo el mundo es igual en internet, dijo Alierta. Ni fuera.

Generación cuqui

Lunes, 5 de Octubre de 2015

Los barrios de gente de 30 años se llenan de cosas cuquis: tiendas de vinilos, ropa vintage, cervezas artesanas o tartas de zanahoria. No sólo es gentrificación, sino una adaptación de la demanda a la oferta. No hay gastrobares donde ofrecen brunchs sólo porque sean cuquis, sino porque el personal no puede pagar restaurantes que den comidas enteras. 27 euros por dos tapas de crujiente de bla, bla, blac y bla, bla bla con reducción al Pedro Ximénez y una copa de vino ecológico es una cosa; 80 euros por primer plato, segundo plato, postre y una botella es otra.

Esa generación práctica una devoción vintage y busca una cierta tranquilidad, pero es probable que no sea una opción vital; es que no puede pagar lo contrario. Para quemar la noche, hace falta una tarjeta black. Cerrado el ascensor social, la nueva generación se mantiene a través de prácticas colectivas y de libre acceso (correr, tomar el aperitivo o aburrirse) o fetiches memorialísticos (vinilos o ropa), asequibles y, en ocasiones, conseguidos a través de transferencias intergeneracionales de renta (cumpleaños o reyes).

Es parte de lo que Bourdieu llamaba habitus, las prácticas que componen el capital cultural de una clase y que se imponen cuando el dinero (y sus posibilidades) ya no basta como distinción (el cine francés explica esto una y otra vez). Esa nueva generación, sin acceso ya a un proyecto global de vida, se aferra a esos habitus para creer que aún pertenece a la clase de sus padres y que este frío es transitorio hasta regresar al estado inicial.

Pero llega el invierno. Las jubilaciones medias, que han crecido un 10%, alcanzaron a los salarios hace tres años; el riesgo de pobreza de los mayores se ha reducido mientras han crecido el general y el de los jóvenes; el 80% de los pensionistas ayudan a sus hijos o nietos. Cuando esa generación colchón desaparezca, que lo hará, otra generación, la de las cosas cuquis, quedará a la intemperie.

Es el modelo anglosajón, el consenso del 89, refrendado en cada elección y al que “no hay alternativa”.