Archivo de Julio de 2015

El trono y el reino

Viernes, 3 de Julio de 2015

“La economía es el método. La finalidad es cambiar el corazón y el alma”. Lo dijo Thatcher. Y lo hizo. Quizá no había leído a Antonio Gramsci, pero sí, a Hayek, que sí tenía claro el concepto de hegemonía del italiano porque lo había mamado. Desde su derrota ante Keynes en el debate organizado por la BBC, tuvo claro que sus ideas no iban a ganar unas elecciones y que su única posibilidad pasaba por convertirlas en el consenso, en la hegemonía, en el sentido común.

Las sociedades no son libres. Siempre hay varios grupos que imponen sus valores y creencias. No es una imposición violenta, ni siquiera es visible, porque entonces sería fácil de contrarrestar. No es una conspiración, no son grupos que se citan en un lugar y establecen un plan. Es una concurrencia de intereses.

Los valores y creencias de esos grupos, a través del lenguaje, se convierten en consenso, el sentido común. No es que se conviertan en leyes, sino que delimitan los límites de lo que se puede hacer, lo único que se puede hacer. Y la sociedad percibe que ese consenso es beneficioso para (casi) todos, cuando sólo lo es para algunos grupos (no siempre los promotores del consenso).

La hegemonía no es lograr el trono de MHYV, no es colocar una palabra, no es lograr cuotas de audiencia, no es dominar los trendingtopics de cada día. Ni siquiera es ganar unas elecciones. La hegemonía es el lenguaje que se emplea, el catálogo de cosas que se pueden hacer, el terreno de juego. La hegemonía no es el trono, ni el de hierro, sino el reino.

Se puede derrocar al rey con una conspiración palaciega (o una votación), pero no se puede conquistar el reino sin una guerra, invisible, pero guerra. Y, de momento, hay muy poca gente dispuesta a darla.

Primarias a lo bestia

Miércoles, 1 de Julio de 2015

La imaginación le hace a uno conocer sus perversiones. Dicho en lenguaje económico, el exceso de oferta le permite a uno conocer el nicho de mercado al que pertenece. Reconozco que me encantan los programas con el apellido ‘a lo bestia’, Subastas a lo bestia, Empeños a lo bestia o Embargos a lo bestia. Es como si Chuck Palahniuk te diera una lección de sociología, economía y política. Yo veo todo eso; ya he dicho que soy un pervertido.

Ayer, Podemos presentó su modelo para elaborar las candidaturas para las Generales. Son primarias a lo bestia. Rápidas, con mucha testosterona y donde sólo puede haber un ganador. El grupo de la Complutense, claro, que para eso el juguete es suyo. El formato es complicado de entender porque responde al modelo ‘lo iremos viendo, pero sólo nosotros’.

Es una única lista cerrada para toda España, un formato plancha, en la que cada componente de la lista podrá elegir donde va, pero la dirección podrá aplicar diversos factores de corrección. Uno de ellos, que hay ciertas circunscripciones, Galicia, Catalunya o Valencia, donde se quiere llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas.

Es un modelo incomprensible para un partido que, teóricamente, encarna la horizontalidad, el díalogo y la transparencia. Es un modelo que refleja un prematuro agotamiento de un grupo que sabe que ya está lejos, muy lejos, de ganar las elecciones o plantear una alternativa reconocible y que quiere, por lo menos, encabezar un 15% y ser famoso en un gobierno del PSOE. Yo o naide; nada nuevo en la política española.

La clave de todo está en las pasadas elecciones municipales, donde ganó el Partido Demócrata, el Olivo, Carmena y Colau. La presencia de Podemos en ambas candidaturas era escasa; 5 de 20 en Madrid, por ejemplo, donde se usó el sistema Dowdall para elaborar las listas. Aceptar eso era compartir el juguete. Aceptar primarias en cada provincia, algo muy peligroso; no hay ojos para 51 procesos. Y un MILV (Mature I’d like to Vote) en los carteles

Queda ver lo que harán todos los demás. “Las próximas elecciones autonómicas crearán una nueva nobleza en la organización: diputados autonómicos y, quizá, consejeros o presidentes de comunidad autónoma. No sólo serán barones, sino reyes, porque no hay una estructura de partido. Ellos manejarán presupuestos y harán leyes”, escribí en abril.

Los barones pueden plegarse por la prisa y la amenaza de ser acusados de traidores, o pueden tomar su propio camino. Veremos. No es tan improbable ni tan incomprensible que pueda haber dos papeletas (aparentemente) similares en la mesa del colegio electoral del próximo mes de diciembre. Siempre se tiene poco en cuenta el factor humano.