Archivo de Julio de 2014

Gaza, asesinato y suicidio

Lunes, 21 de Julio de 2014

Lo primero que deberíamos entender es que esa gente no debería estar ahí. Lo explica, entre otros, Stefan Zweig. No eran judíos, sino austriacos, checos, eslovacos o alemanes, y participaban de la economía y la cultura de sus respectivos países. Cuando podían, incluso luchaban en sus ejércitos. Eran conscientes de la segregación o los pogromos, pero lo veían como algo lejano, de zonas rurales o de mentalidades reaccionarias. El progreso iba a acabar con ello y el contrato cívico con el que los nuevos países se creaban diluiría las diferencias religiosas.

Al final, fue al revés. Perdió el progreso y esos austriacos, checos, eslovacos o alemanes dejaron de serlo. No inmediatamente; pero, generaciones después, la religión ha ocupado el espacio del contrato cívico y la confianza en el progreso ha dejado paso a la fe. Es un proceso catalizado hace veinte años con la llegada de un millón de rusos, el 15% de la población, mucha confianza en los liderazgos fuertes, poca en el diálogo y menos aún en el valor de la vida humana.

Lo segundo no es la magnitud del Holocausto, sino la evolución del concepto de víctima, que ha dejado de ser alguien meceredor de empatía a ser un cobrador de indemnizaciones. El que pertenece a un colectivo que ha sufrido una desgracia o una marginación histórica, no solo cree que tiene derecho a que la actual legislación subsane lo anterior, sino a recibir un reparación moral que, en muchos casos, implica la flexibilidad o, incluso, la exclusión de la ley. La impunidad de hoy como resarcimiento del ayer.

Lo tercero tampoco es la magnitud del Holocausto, sino su procedimiento. La historia de la humanidad es pródiga en matanzas, pero las dimensiones de esta fueron posibles por la despiadada crueldad de los verdugos, los medios técnicos a su alcance, la complicidad de toda la estructura social y la falta de resistencia de las víctimas.

Estos dos últimos factores suelen olvidadarse, pero ambos pesan (y perdón por la licencia). Detrás de la desconfianza diplomática israelí no es difícil ver la sombra del colaboracionismo y detrás de la desmesura de todas las acciones tampoco es complicado ver el deseo de redimir la sumisión pasada.

El cuarto punto es que se trata de una guerra vieja. Vietnam provocó un cambio en el modo de explicar la guerra. Había que quitarle barro, niños muertos y soldados mutilados para videojueguizarla. Asépticos ataques aéreos dirigidos desde bases lejanas para provocar la rendición; cómo no hacerlo ante semejante dies irae.

Pero la mayoría de las guerras siguen siendo lo mismo, luchas pueblo a pueblo, gente que huye, fosas comunes, bombardeos indiscriminados, barro, niños muertos y soldados mutilados. Por eso, occidente suele perderlas, Irak, o no darlas, Ucrania. No hay opinión pública en la UE, salvo la británica, quizá, que acepte un Platoon II en Donetsk.

Todos los puntos anteriores sirven para explicar, aunque en España es un verbo que se suele confundir con compartir, la exacerbada crueldad israelí; ya casi patológica. Y el silencio interacional. La acción de estos días tiene mucho de sacrifcio ritual, 100 cabezas por cada uno de nosotros, o acción de castigo feudal. Recordemos: perdió el progreso, la civilización, el contrato cívico; ganó la fe. La imagen de la gente viendo los bombardeos desde las colinas revelan una psicopatía en el que el otro ha dejado de ser humano.

Como las guerras viejas, el objetivo es la desaparición física del otro, por muerte o por huida. No es un genocidio, palabra ya gastada, sino un pogromo. Tampoco es difícil ver en la reiteración del castigo sobre Gaza el objetivo de expulsar a los palestinos para colonizar el territorio. Así, no olvidemos, se ha construido Europa. Se echaba a la gente de un sitio y se llenaba con otra gente.

Además de todas las categorías morales que querramos añadir, se trata de una evolución poco inteligente y que, a largo plazo, va a dar malos resultados. Israel es un país que, además de una gran estructura de información y análisis, y una portente infraestructura armamentística, necesita una superestructura de simpatía y/o admiración. La provocó el Holocausto (y,  más aún, el cambio en la evolución del concepto de víctima), la aumentaron las sucesivas guerras y la consolidó el enemigo común. Pero está desapareciendo.

En las próximas décadas, el petróleo dejará de ser oro y los países de Oriente Medio pasarán a estar sentados sobre arena y mierda, como la mayoría. No será mañana, pero tampoco será un proceso lento. La burbuja estallará y, como todas, habrá poca gente que ganará mucho dinero y dejará un futuro incierto. Un empobrecimiento de esa zona puede provocar más desigualdad y, claro, más violencia.

Si hay un recrudecimeinto, Israel necesita a Occidente. Para la ayuda directa, la indirecta a través de ayudas a países limítrofes o la disuación de las amenazas. Y toda esa infraestructura solo será posible si sigue habiendo superestructura intectual, que se está acabando. Todo esto, además de una salvajada, es un suicidio.

Controlar

Miércoles, 9 de Julio de 2014

Leo:

Barcelona se enfrenta al limbo de las fiestas en barcos. Ayuntamiento y Generalitat intentarán erradicar estos saraos de manera indirecta al no tener competencias para actuar en el mar

San Fermín 2014: Nuevas escenas de tocamientos a mujeres pese a la campaña en contra. La campaña del Ayuntamiento no logra evitar las polémicas imágenes de hombres tocando los pechos a visitantes

Denuncian a bares en Mallorca que ofrecen copas gratis a cambio de felaciones. El Instituto de la Mujer traslada a la Fiscalía las quejas contra los locales que han puesto de moda esta práctica en Magaluf

Y me preguntó si alguna de esas personas que se emborracha, que se deja tocar o que fela al personal lo hace de una forma forzada. O si molestan el descanso de alguien. O si ensucian. Si no, no entiendo ese miedo a que cada uno haga lo que le dé la gana con su vida y su cuerpo en cosas que, además, se hacen precisamente para salir en la tele y ser denunciadas.

Leo estas noticias la misma semana en que Gowex ha quebrado dejando un pufo descomunal, precisamente, porque nadie lo controlaba. Y el día después de que el presidente del Tribunal de Cuentas, organismo controlador de las administraciones públicas, haya pedido una auditoria externa, y extranjera.

Una sombra

Lunes, 7 de Julio de 2014

En los próximos días, lo más probable es que asistamos a una pelea en la prensa por mostrar qué gobiernos apoyaron más a Gowex, si el PSOE o el PP, quién se hizo más fotos con el consejero Jenaro García. Algo inútil porque lo único interesante, periodística y políticamente, es ver las fisuras. No solo qué controles directos fallaron, la CNMV o Bolsas y Mercados Españoles, sino qué hicieron los otros actores institucionales, como el Banco de España o el Ministerio de Economía, o los otros oficiales, como los auditores externos o internos. Y los indirectos, la prensa económica o los analistas.

Todos tenían algo que decir, todos tienen la responsabilidad, legal o social, de vigilar, de estar alerta y no solo aplaudir o recibir el paquete de Navidad. Todos se han visto superados por una sombra, Gotham City. Ahora mismo, si alguien llamado V de Vendetta hace un informe sobre Inditex o Telefónica… Casi mejor no pensarlo.

PD: Hace casi dos años, el Gobierno decidió unir a todos los reguladores, Comisión Nacional de la Competencia (CNC), la Comisión Nacional de la Energía (CNE), la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) y la Comisión Nacional de Servicios Postales (CNSP), en un único regulador, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Se parecía mucho al superregulador diseñado por PwC en un informe elaborado para Telefónica. Para completar el paisaje bananero, Telefónica era la empresa que había contratado a la pareja de la vicepresidenta del Gobierno, encargada de diseñar el nuevo regulador. Todo bien. Ahora mismo, si alguien llamado V de Vendetta  hace un informe sobre Inditex o Telefónica… Casi mejor no pensarlo.

No es Carromero, sino Florentino

Jueves, 3 de Julio de 2014

Es Carromero, pero no solo Carromero. En el ayuntamiento de Madrid trabaja mucha gente. Como Cristina Aguirre Gil de Biedma, hermana de Esperanza, o Antonio de Guindos, hermano de Luis. También, John Louis Medcalf, hijo de Elvira Rodríguez o dos hijas de Gabriel Cisneros y Adela Ruiz, exmujer de Antonio Beteta. Y Carromero. En total, 213 puestos de confianza que cuestan más de 10 millones de euros al año. En Alcorcón, hay 53 y cuestan más de dos millones de euros.

A los cargos de confianza, los carromeros, gente pata negra acostumbrada a cobrar 3.000 al mes, hay que añadir los cesantes de toda la vida, enchufados y recomendados en puestos de menor responsabilidad y remuneración. Mucha de esa gente se va a quedar sin trabajo dentro de un año, tras las elecciones municipales, y es un problema porque no hay mercado laboral. Se van a la cuneta y la gente, cuando queda desamparada, se mosquea. Ese gente dará cuerpo a una opción populista de derechas

Pero Mariano Rajoy no propone una reforma caciquil de la ley electoral para protegerlos. El objetivo es otro. No se trata de los carromeros, sino el Ibex.

Pongamos que Ganemos Springfield gana el ayuntamiento de Springfield. Comienza promoviendo el uso social de la vivienda, un mandato constitucional, y penaliza el uso especulativo de la vivienda. Y, después, resuelve el contrato de recogida de basuras con una filial de ACS, el de recogida de vidrio, el de atención telefónica a mayores, el de parques y jardines, el de los centros deportivos municipales, el de los centros culturales, que también gestiona una filial de ACS, etc.

También remunicipaliza el servicio de aguas y cancela el contraro con la eléctrica para asociarse con una cooperativa energética. Y cancela las cuentas que tiene en los bancos y funda una cooperativa de crédito local. Y se carga las suscripciones de prensa o la publicidad institucional. Y los contratos de telefonía, vechículos, mantenimiento, etc. Y racionaliza los horarios comerciales.

Podríamos seguir, pero creo que queda claro que el problema de que se produzca un cambio de gobierno municipal en 20 o 30 ayuntamientos importantes, comenzando por el de Barcelona, no son los carromeros que se van a quedar sin trabajo, sino los contratos empresariales que se van a perder. Y la previsible evidencia de que esa gestión pública, transparente y horizontal es más barata y permite, incluso, bajar el IBI, quitar parquímetros, eliminar la tasa de basuras, etc.

El que pide el cambio de la ley no es Carromero, sino Florentino.

Rajoy quiere ser Brasil

Martes, 1 de Julio de 2014

Dice la prensa que Rajoy quiere cambiar el sistema de elección de los alcaldes. Leo en Infolibre: Rajoy, invita a reflexionar sobre la necesidad de entregar los ayuntamientos a aquellos que hayan sido “votados por el pueblo” y abre la posibilidad de aceptar una segunda vuelta. Todo humo.

El 13 de julio de 2007, hace siete años leíamos:

Rajoy quiere reformar la ley electoral porque la actual está “caduca”

El presidente del PP, Mariano Rajoy, garantizó hoy que incluirá en el programa de Gobierno con el que se presentará a las próximas elecciones generales la reforma de la ley electoral ya que la actual, dijo, está “caduca, pasada de moda e interpreta de forma curiosa el sistema democrático”.

Vamos a ver dos ejemplos de lo que Rajoy llama forma curiosa de interpretación del sistema democrático. En 1987 las elecciones al Parlamento de Aragón dieron el siguiente resultado: PSOE (27), PAR (19), AP (13), CDS (6) y CAA-IU (2). El presidente fue D. Hipólito Gómez de las Roces del PAR, respaldado por AP. Cuatro años después, las elecciones dieron este reparto: PSOE (30), PAR (17), PP (17) y CAA-IU (3). D. Emilio Eiroa Garcí­a, del PAR, tras la renuncia de Gómez de las Roces, fue investido presidente con el apoyo del PP. Vaya, el respeto al “voto por el pueblo” no era importante.Las palabras de Rajoy son humo y revelan más un deseo de quitar legitimidad a cualquier pacto de los demás que a una voluntad firme de cambiar la ley electoral.

La Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General, es la que regula las elecciones al Congreso y Senado, las elecciones municipales y las elecciones al Parlamento Europeo. Según esta ley, los electores no eligen a su alcalde, salvo en pueblo muy pequeños, sino a la corporación y esta vota al alcalde de entre los concejales “que encabecen sus correspondientes listas”. En las Generales, tampoco se elige al presidente, sino al legislativo y este propone un jefe del ejecutivo al jefe del Estado. Nos acordaremos de esto dentro de año y medio cuando el Parlamento sea un carajal.

El presidente del Gobierno o el alcalde puede ser el cabeza de lista de la formación más votada u otra, como en Madrid, cuando Rodríguez Sahagún, del CDS, fue elegido alcalde con los votos de su partido y del PP, por delante del PSOE, primera fuerza política.

El PP quiere ahora que gobierne la fuerza más votada. Perfecto. Bildu, la formación con más poder municipal en el País Vasco seguro que agradece una ley que le ahorre tener que negociar con el resto de fuerzas. Incluso esta idea, pensada para evitar coaliciones postelectorales de izquierda, puede catalizar la formación de coaliciones preelectorales y facilitar su acceso al poder. En Barcelona, Guanyem puede tener el 33%; ERC, 27%; CiU, 19%; Ciutadans, 11%; PP, 5% y PSC 5%, el mínimo para entrar en una corporación local. Según esa reforma electoral, ya está todo claro.

La lista más votada… ¿independientemente de la composición de la corporación? Podemos tener alcaldes con dos tercios de la corporación, que es quien aprueba el presupuesto, en contra. ¿Poderes ejecutivos especiales para los alcaldes que les permitan saltarse a la corporación? Perfecto. Los leninistas seguro que se lo agradecen (agradecemos).

La información habla de dos vueltas; es decir, la corporación se elegiría en dos vueltas a las que se presentarían partidos o coaliciones. Perfecto, pero Rajoy tiene que tener en cuenta que esta legislación provocaría la casi desaparición del PP de ciertas zonas como el País Vasco o Catalunya. No es una formación con la que, en ciertos sitios, uno quiera concurrir a una segunda vuelta. Quizá, también, el PSE o el PSC. Es decir, esto no solo cambiaría el mapa político, sino el social.

Este sistema, además, puede movilizar el voto negativo. Es decir, no sé cuánta gente puede apoyar a los candidatos de la izquierda en Madrid, Sevilla o Valencia, pero la posibilidad de echar a Botella, Zoido o Barberá es muy golosa y puede sacar de casa a muchos indecisos. También provocaría la desaparición municipal de partidos más pequeños. Es extraña la efusión con la que Rosa Díez ha apoyado el tema. La única explicación es que quiere conocer a toda la militancia de su partido.

Otra posibilidad es la desaparición de la corporación y la elección de un alcalde ejecutivo, tipo estadounidense. Perfecto también, pero eso significa que la oposición se va a su casa y espera cuatro años a presentar otro proyecto. No habría concejales ni carromeros. Y tendríamos también a la desaparición del PP, y el PS, de muchas zonas del estado.

Nadie ha pensado en eso porque, en general, nadie ha pensado en nada. La gestión del fin de la justicia universal o la abdicación hace pensar en una ley con muchos agujeros.

Cualquier cambio en la ley electoral puede provocar efectos indeseados. El PP no quiere reformar la ley electoral para mejorar la representatividad, sino para conservar el poder. Quiere no perder. Quiere ser el Madrid o Brasil. Quiere una ley que diga que tiene que ganar el PP y, si no hay más remedio, otro miembro del Partido del Orden. De momento, eso no es posible. De momento, recalco.

PD: Leo hoy en El País: “El PP, que ahora gobierna 40 de las 52 capitales de provincia, teme perder la mayoría absoluta en muchas de ellas en 2015. Y eso, con el fraccionamiento del voto de la izquierda, podría dar paso a muchos gobiernos de coalición PSOE-IU-Podemos, por ejemplo”. Hacer cálculos electorales aplicando las normas de mañana a los datos de hoy es hacerse trampas, y no revela mucha visión.

Mear en el mar (o cambiar el curso del río)

Martes, 1 de Julio de 2014

Decía hace un año que, “de esa realidad, no debe deducirse la desesperanza. Si no hay actores que puedan liderar un proceso, habrá que trabajar para crearlos. Las personas favorables al cambio deberán hacer un esfuerzo y buscar esos procesos de convergencia con consensos y negociaciones, y establecer un marco ideológico común. Solo así se consiguen las cosas. Lo otro es mear en el mar”.

Mear en el mar es algo placentero. Basta ver la cara de felicidad de los jubilados cuando, con el agua a media pierna, se agachan y siguen a Bruce Lee: be the water. Al alivio inmediato, se une la mejora de la temperatura particular y la certeza de que el resto de bañistas compartirán, quieran o no, su parte de él. Mear en el mar es algo tan placentero e inútil como ganar una discusión en el bar o colarse en una rotonda.

Otra cosa es cambiar el curso del río, para lo que se necesita pensamiento y ejecución; ingeniería y trabajo.

Las elecciones europeas han provocado la aparición de un nuevo actor, Podemos. De entrada, su efecto ha sido limitado: recambio generacional. Igual que hace cuarenta años se agotaron las camisas blancas para sustutuir a las azules, asistimos al acaparamiento de crecepelos y cremas rejuvenecedoras.

El desafío es el cambio estructural. Estamos cambiando a los jugadores; no, el terreno de juego, dice Renzi. Pues se trata de lo contrario. “El debate ahora es el de proyecto político, luego las caras. Si lo hacemos al revés es un maquillaje”, dice Alberto Garzón. La sociedad no ha realizado un giro ideológico, sino social. Ha girado a la precaridad, a la miseria, al cabreo o a la desilusión. Hay que llenarlo de contenido y programa, de ingeniería y trabajo; hay que encauzar la emoción.

No se trata de conseguir un maquillaje: bajar 10 euros la factura de la luz o negociar la paralización de los cortes en invierno. Se trata de legislar un nuevo modelo en el que la energía sea considerada un bien público y las actuales empresas sean sustituidas por agencias públicas. No es imposible. Se trata de centrarse en cambiar el terreno de juego en lugar de deslumbrarse por la novedad de los rostros. No es imposible, pero es improbable porque la emoción prevalece.

El nuevo actor, Podemos, no aportará un cambio estructural y, aún más, será un cordón sanitario que lo impedirá y, en lugar de atraer a la socialdemocracia al cambio, empujará la creación de la Coalición del Orden. Su vocabulario, no su programa, fuerza la contracción del eje político y la movilización del electoral del otro espectro. Ese efecto explica, en parte, la promoción que reciben por parte de grandes grupos de comunicación. Sé que es desagradable, pero imaginemos que un actor similar en la derecha hubiera conseguido cinco eurodiputados.

Pero ese nuevo actor sí ha abierto un camino a través de un cambio estructural en la organización política. Se facilita la aparición de nuevos proyectos que pueden convertirse en actores. Se reducen los tiempos y se amplían las bases gracias a un modelo flexible: grupo dirigente con experiencia en la movilización, estructura reducida, abierta y comprometida, y base difusa. Se trata de proyectos que precisan de mucha generosidad y mirar a largo plazo.

Es posible que la mejor decisión que pueden tomar actores como los partidos políticos ya existentes sea dar un paso atrás: promover la participación de sus militantes en la dirección o la estructura, y limitarse a formar parte de la base sin concurrir. Sé que resulta complicado tomar la decisión de no presentarse a las elecciones, pero es posible que sea la decisión más inteligente. No siempre hay que dar todas las batallas.

Ese proyecto político debería concretar, el ámbito munipal lo permite, el cambio estructural: gestión pública de los servicios, reforma del sistema impositivo o desglobalización de los relaciones económicas. No basta con cambiar a los jugadores, las caras. No basta con una renovación generacional y que surjan un nuevo Felipe o un nuevo Cebrián. Se trata de cambiar el terreno de juego y que no puedan surgir nuevos cebrianes porque la estructura de los medios haya cambiado. Que todos dejemos de mear en el mar y comencemos a pensar en cambiar el curso de río.

Compicado, pero no pierdo la esperanza.