Archivo de Mayo de 2014

El cambio no cambia nada

Sábado, 31 de Mayo de 2014

El nueve de octubre de 2011, el PS francés celebró un proceso conocido como primarias ciudadanas. Cualquier persona podía participar en la elección del candidato a las elecciones presidenciales. Para participar, había que estar registrado en el censo, pagar un euro y firmar un documento de adhesión a los valores de la izquierda.

El proceso contradijo varias percepciones que existen sobre las primarias abiertas. Primera leyenda urbana: cambio generacional. Segunda leyenda urbana: renovación. Tercera leyenda urbana: resultado inesperado. Se presentaron: Martine Aubry (63 años), François Hollande (59 años), Arnaud Montebourg (51 años), Ségolène Royal (60 años) y Manuel Valls (51 años). También se presentó Jean-Michel Baylet (67 años) por el Partido Radical de la Izquierda.

Pasaron a la segunda vuelta Hollande y Aubry. Montebourg, con un programa ideológico interesante basado en la desglobalización, quedó tercero (17%) y Manuel Valls, clintoniano y concido por la dureza con los migrantes, quinto (5,63%). Sí fue un éxito de repercusión y casi tres millones de personas participaron en la segunda vuelta. El PS ganó las elecciones presidenciales y, posteriormente, las legislativas. Todo el poder.

Después todo ha ido como ha ido. El PS no logró usar esa legitimidad para defender el estado del bienestar y la amenaza de la precarización, ya visible en el Sur, han llevado al partido a unos resultados pésimos en las regionales y europeas. En estas últimas ganó Marine Le Pen, elegida por un sistema de elección más tradicional, la sucesión, y con un programa en el que hay desglobalización y dureza con los inmigrantes.

Abrir el sistema de elección de candidatos está bien, pero no quiede decir nada. Es solo representación. Lean a Guy Debord. Lo importante no es la imagen, sino que esta es el instrumento de una nueva relación social, y de poder, en el que las personas asumen su pasividad y ceden su potencialidad al espectáculo. Hollande y el proceso de primarias se transformaron en mercancía y sufrieron esa confianza taumatúrgica en el cambio.

El cambio no va a cambiar nada. Al cambio hay que dotarlo de sentido político. No se pide transparencia porque internet permita un mayor control, y facilite filtraciones, sino porque el poder es ciudadano. Ese es el punto de partida y de llegada, esa es la base ideológica y política; lo otro son causas y consecuencias secundarias. No hay que perder la base ideológica, el programa político y la organización social porque, si no, uno llega al poder y se diluye.

Y nos va la vida en ello.

Viraje

Viernes, 30 de Mayo de 2014

viraje

Aniversario

Jueves, 29 de Mayo de 2014

ucrania

Nada que celebrar

Martes, 27 de Mayo de 2014

En política, mi ilusión se resume en tres letras: BOE. Creo que la política necesita de una fundamento intelectual, un cuerpo ideológico, una estructura organizada y una base social, pero siempre con el objetivo de hacer las leyes o influir en su elaboración. Creo que es importante parar un desahucio, pero lo es más establecer un consenso intelectual sobre la prioridad del derecho a la vivienda sobre la estabilidad del sistema financiero y que este se concrete en una ley.

No creo en la política relacionada con sentimientos. Ni la ilusión, ni el cabreo. Ambos, tras el fogonazo, acaban en la decepción y la pasividad porque los tiempos institucionales no se adaptan a los psicológicos. En los liderazgos carismáticos, menos. El personalismo es providencialista y necesita adhesiones y fe; poca realidad y mucho sentimiento.

La realidad me hace pensar que toda opción de cambio desde la izquierda precisa de un intercambio con los restos de la socialdemocracia: infraestructura a cambio de superestructura; renovación ideológica fuera del consenso liberal del 89 a cambio del aprovechamiento de su red de poder. Convencer a la socialdemocracia que de sí hay alternativa a las actuales políticas, pero no pasa por una vuelta al keynesianismo. La opción griega, el suicidio de la socialdemocracia, precisa de un grado de devastación no envidiable.

Era un buen momento. El PSOE iba a cosechar unos malos resultados que iban a provocar la esperada renovación. Con unas buenas cifras, a partir de diez eurodiputados lo eran, IU podía influir ese proceso. Aunque no lo parezca por los hitos, las transformaciones políticas nunca son explosivas y funcionan por pactos, cesión de intereses y decantamientos.

Pensar que se puede forzar un cambio del consenso del 89 o del consenso de la transición sin pactar con parte del continuismo para provocar su decantación es una de las ingenuidades que aborta cualquier posibilidad de avance. Los movimientos idealistas suelen caer en el subjetivismo de hipervalorar su propia amplitud y fuerza, y creen que el decantamiento social se producirá por una cuestión de pureza moral. Nunca es así.

Tras influir en el proceso interno, IU podía llegar a acuerdos con el PSOE renovado para que el inicio de nuevo consenso accediera a los espacios de poder durante el próximo año. Primero, autonómico y local; después, estatal. A través de las instituciones se podría no tanto revertir el proceso de desmantelamiento del consenso del 45, sino construir uno nuevo.

IU no ha conseguido esas cifras. Sobre todo, porque una cierta artrosis interna le impide interiorizar la energía que sus propios militantes, y dirigentes, crean en los movimientos sociales. También, el conformismo con los pequeños avances y la poca asimilación de los códigos de la posmodernidad. No se puede ser tan sólido; hay que ser un poco líquido y un poco gaseoso. Hay que dejar la solidez para poder apropiarse de algo tan amplio como el 15M. Hay que dejar la solidez para hablar de revolución mientras se elige el momento divinity del día.

Otro factor ha sido la irrupción de un nuevo partido. Con un fuerte componente generacional en un espacio político similar, este hecho augura el estallido de una nueva lucha interna. Los resultados de la Comunidad de Madrid, y las reacciones posteriores, indican que hay gente en IU que ha repartido sus huevos en dos cestos.

Sería deseable que se crearan espacios comunes, pero ese proceso no puede significar convertir en humo la base ideológica e histórica de IU (PCE), como sucedió en Catalunya con el PSUC. Tampoco, renunciar a esa base o a la estructura por un liderzago carismático. El espacio común debe significar renovación de cargos y de procedimientos, pero no quiere decir aceptar órdenes. Ningún consultor, interno o externo, debe imponerse a la militancia y esta puede ser que no rebose entusiasmo por la modernidad líquida.

El PSOE podrá realizar su proceso de renovación sin influencias externas por la debilidad de IU y el vocabulario no compartido con la nueva formación. El PSOE no recuperará la posición hegemónica del consenso del 45, pero no se habrá realizado ese intercambio con la izquierda y seguirán dentro del consenso del 89. Además, el sistema electoral incentiva ese inmovilismo; sin llegar al 50% de los votos, los dos grandes partidos pueden lograr el 70% de escaños en las Generales. Botín, por decir un nombre, no tiene ni media pulsación de más.
Es probable que la progresía compasiva de la renovada nueva dirección sea un alivio para un país empobrecido y que, si se produce otro cambio generacional en el PP, la situación de Catalunya ejerza de excusa para una gran coalición que no se explicitará. También es posible que el nuevo PSOE llegue a acuerdos con esa IU debilitada, que no podrá realizar esa persuasión ideológica y será solo un compañero de viaje.

Por eso, no hay nada que celebrar. La izquierda está hoy más cerca de la revolución pendiente, pero más lejos del BOE, que es donde se realiza el cambio social. Enhorabuena a los promotores.

Descargarse libertad

Viernes, 23 de Mayo de 2014

Como otros países de nuestro entorno cultural, como Marruecos o Turquía, España quiere regular internet. El problema no son los insultos o las amenazas porque, entonces, un tipo que dice que hay que echar a la gente a hostias no podría ocupar un cargo público del que, además, depende el uso legal de la violencia porque controla a un cuerpo de policía. El problema es internet.

La red, como hizo la imprenta de tipos móviles o la máquina de vapor, lo cambia todo. Al principio, solo en el sector donde nace, pero despés se extiende por el resto de la sociedad. No se entiende la reforma luterana sin la imprenta, ni se entiende la democracia sin la máquina de vapor (sin las ciudades, para entendernos). Lo que sucederá no se entenderá sin internet y los que no quieren que suceda se esforzarán en controlarlo, lo mismo que se quiso controlar la publicación de libros hace siglos.

Al principio, la gente se bajaba canciones; después, discos, películas o libros. Ahora, la gente se está bajando casas para pasar el verano, poniendo de los nervios a los hoteleros, o plazas para viajar, poniendo nerviosos a los autobuseros. La gente comienza a bajarse otras cosas, como calzoncillos o tomates, y El Corte Inglés o Mercadona protestarán.

Insultando o amenazando, además de prolongar en la red su escasa inteligencia, la gente quiere bajarse impunidad. La misma que tiene los alcaldes de Sestao o Badalona o el presidente de la Diputación de Valencia; Esperanza Aguirre o Iñaki Urdangarin. La gente, en su territorio, también quiere hacer lo que le dé la gana, siguiendo el ejemplo de los que deben dar ejemplo.

Por eso, el gobierno quiere regular internet. Para que la gente no se descarge cosas que, como la música hace diez años, son de unos pocos. Cosas como la democracia, cuyo proceso de producción y distribución está acotado y dirigido, como la música hace diez años. Regular internet es algo que se lleva oyendo desde hace tres años cuando la gente se juntó en plazas y dijo que cómo coño podía descargarse libertad.

Las cosas van lentas, pero van. El paso de una sociedad horizontal a una en red, como todos los cambios sociales, no lo verán quienes lo han iniciado. Pero pasará. Como dice Pedro Vallín: Mientras, la política sigue distraída y ufana, levemente preocupada por el ruido pero convencida de que, al final, todo pasa. Todo pasa, sí. Y todo queda.

Para soltar una información falsa, hay que ser periodista

Miércoles, 21 de Mayo de 2014

Hace poco más de un mes, la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) abrió un juicio deontológico al programa Salvados, dirigido por Jordi Évole. Es decir, comprobó si un programa de entretenimiento dirigido por un humorista había vulnerado las normas éticas del periodismo. No sé si ha habido una resolución.

Hace un par de semanas, los periodistas Eduardo Inda y Esteban Urreztieta publicaron en el periódico El Mundo una serie de informaciones sobre una supuesta trama de financiación ilegal del PSOE en Castilla-La Mancha. La investigación se basaba en una serie de pruebas confeccionadas por Pepe Gotera y Otilio. El primer día se mostraban unos correos que no tenían el dominio que emplea el gobierno autonómico. El segundo, dos correos fechados en días imposibles, martes 14 de febrero y jueves 15 de febrero.

La trama desapareció del diario, pero nadie asumió responsabilidades por el bulo y la FAPE, vigilante de las normas éticas del periodismo cuando se trata de humoristas, no ha dicho nada. Tal cosa nos indica que, para soltar una información falsa, hay que ser periodista y publicarla bajo formato de información en un medio de comunicación tradicional. Es probable que la FAPE cambie su lema por aquel de Dinamita pa los pollos: si cuela, cuela; si no, todos amigos.

Ir por libre

Martes, 20 de Mayo de 2014

En España, no se puede ir por libre. Los empleados de Renfe que cobraron sobrecostes por la obra de La Sagrera tendrían una buena perspectiva judicial si hubiesen repartido su comisión empotrándose en alguna trama ya establecida. O, por ejemplo, si uno quiere insultar e ir diciendo por ahí “gordo, puta o negro” con boca pastosa no puede hacerlo en la grada de un estadio, sino dentro de la disciplina de partido o de las páginas de un diario.

Por ejemplo, tenemos a un montón de madridistas que no tuvieron forma más torpe de mostrar su cabreo por la derrota de su equipo en la final de la Euroliga contra el Maccabi de Tel-Aviv que soltando exabruptos. Para completar el cuadro clínico, diversas asociaciones de la comunidad judía presentarán una denuncia colectiva contra 17.500 usuarios de Twitter que publicaron comentarios antisemitas.

Contrasta esa celeridad contra los gorgojeos de un montón de particulares cabreados con el silencio terrible que tuvieron estas asociaciones hace un año cuando la delegada del gobierno en Catalunya distinguió a la a Hermandad de Combatientes de la División Azul, que luchó junto a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Seguro que esas diversas asociaciones de la comunidad judía no desconocen que esas potencias del Eje hicieron algo más que publicar comentarios antisemitas.

El problema no es lo que se hace. El problema en España es ir por libre. Si uno quiere insultar, que se busque una columna en un diario.

Entre Ítaca y el Maelstrom

Viernes, 16 de Mayo de 2014

El ABC lo dejó claro hace cuatro años: El Tribunal Constitucional permite la celebración de consultas populares. Referendums, no; pero consultas, sí. Añadía ABC que podrán realizarse «consultas no referendarias en Cataluña, mediante las cuales se recaba la opinión de cualquier colectivo sobre cualesquiera asuntos de interés público a través de cualesquiera procedimientos». Cualesquiera, qué hermosa palabra.

El cierto que, en esos cuatro años, el Govern no ha tenido a bien desarrollar una Ley de Consultas. El 19 de marzo de 2013 el Parlament admitió a trámite la proposición de ley que aún no ha visto la luz. ¿Dónde está? Camino a Ítaca. Ese es el rumbo político que la CEDA catalana (CiU/La Vanguardia) busca desesperadamente desde que comenzó a vislumbrarse el puerto del nueve de noviembre.

La táctica de crear una conciencia nacional con un proyecto político emotivo ha logrado disolver los profundos problemas sociales de Catalunya, una de las zonas donde más se ha extendido la miseria y donde más se notará el período de depresión económica que estamos comenzando. La desaparición de las cajas catalanas, motores de las zonas productivas, como el Vallès o el camp de Tarragona, no saldrá gratis. La Caixa puede tirar de La Vanguardia; pero no, de todas las pymes de Sabadell.

“Si no podemos hacer una consulta pactada, tendremos que hacer unas elecciones plebiscitarias”, dijo el jueves Artur Mas. Si él puede hacer algo, ¿para qué quiere pactarlo? Para no hacerlo. Es una táctica mediterránea de la teoría de juegos basada en la permanente incorporación de actores o condiciones para postergar las cosas. “Si eso ya lo hablamos luego u otro día” sería el resumen.

Es decir, no habrá consulta y se celebrarán elecciones, que él querrá que fueran plebiscitarias y se vestirá bolivarianamente con el chándal patrio, pero la gente votará lo que quiera. Unos, soñando o pesadilleando con el futuro estado; otros, los menos, pensando en la miseria que los desvela.

La composición del Parlament no será sencilla. Una encuesta de La Vanguardia, las más fiables hasta el momento, daba este resultado: ERC (37-39), CiU (34-36), Ciutadans (15-17), PSC (14-16), PPC (13-14), ICV (12-14) y CUP (6 -7). Es interesante ver que, en los cuatro años de proceso, CiU se ha dejado la mitad de escaños (62, en 2010). El PSC, más.

Llevo tiempo defendiendo que, tras esas elecciones, se produciría un compromís històric entre CiU y PSC para embridar el proceso y devolver la nave camino a Ítaca, pero no será posible con esos números. Y todas las opciones, salvo la gran coalición, primero y segundo, son contranatura.

Podría haber un Front d’esquerres, ERC, PSC, ICV y CUP, que optase por ralentizar el proceso de soberanía a cambio de una activa política social: recuperación de la sanidad y la educación, reforma del sector energético, eliminación de las subvenciones a los sectores empresariales parasitarios y extractivos y apuesta por los productivos, etc. Por ejemplo, dejar de subvencionar a los colegios del Opus Dei, pagadas puntualmente pese a los problemas de tesorería, para ampliar las becas comedor y que todos los niños pueda comer. Comer, qué demagogia; tener casa, qué populismo. Para que tal cosa se produjese el PSC debería preferir leerse sus estatutos en lugar de buscar puertas giratorias, como Marina Geli. Lo dicho, contranatura.

La gran coalición no aclararía nada. ¿La reactivación del proceso con una nueva convocatoria de consulta?, ¿cena recalentada? El próximo 11 de septiembre necesita un otro paso tras el éxito de la vía catalana, una foto más ambiciosa. Pero todo movimiento basado en la estética llega a un punto ciego; tras el cuadro negro sobre fondo blanco, solo puede pintarse el cuadrado negro sobre fondo negro o el cuadrado blanco sobre fondo blanco.

La política catalana, devorada durante años por la metáfora de Ítaca, apunta a un Maelstrom, remolino hipnótico. “No hizo falta más que un día para transformar mis cabellos negros en canas, debilitar mis miembros y destrozar mis nervios”, decía el cuento de Poe. Los perdedores, CiU y PSC, bases del turno catalán de la segunda restauración española, corren serio peligro de implosionar. El primero, dividirse en CDC, para ocupar el terreno de ERC, y UDC, para ocupar la moderación. En el segundo, PSC, habrá tensiones para que deje de ser un partido autónomo.

La cena recalentada sería algo de difícil digestión en Catalunya, pero que se ajustaría a una estrategia planteada por Faes y recogida por La Vanguardia, dos de los padres del proceso: llegar a los procesos electorales de 2015 con la tensión territorial en todo lo alto. Anticatalanismo para evitar las durísimas derrotas de Madrid y Valencia que dejarán a miles de carromeros en la calle y sin puertas a las que llamar porque estamos en una depresión que durará mucho tiempo. No es probable que todos los cesantes del PP tiren por la calle de enmedio, pero tanta gente cabreada es imprevisible políticamente.

La cosa se va a poner peor. Lo digo ahora que aún no es delito.

Fernández Díaz explica por qué no existe España

Miércoles, 14 de Mayo de 2014

Leo: El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, ha anunciado una investigación a  “los indeseables” que desde este lunes celebran en las redes sociales el asesinato de la presidenta de la Diputación y del Partido Popular de León, Isabel Carrasco. […] Fernández Díaz, que lamentó que se produjeran “comentarios absolutamente injuriosos” cuando aún yacía el cuerpo de Carrasco en el suelo, afirmó que “es evidente que, en la medida que hacen apología del delito y fomentan el odio, son conductas que están tipificadas en el Código Penal”.

Vamos a dejar de lado si el ministro de Interior puede ordenar investigaciones, como si esto fuera una dictadura, si la policía puede investigar injurias sin denuncia previa, que parece que no, o si es delito celebrar una muerte, que la propia policía dice que no (en el Reino Unido, desde luego, no).

Vamos a centrarnos en la decisión en sí. El gobierno ordena investigar comentarios que celebran una muerte violenta, que hacen apología del delito y fomentan el odio. Correcto. Hace unas semanas, la policía detuvo a varias personas acusadas de enaltecimiento del terrorismo en la red. En algunos casos, el delito era haber hecho un chiste sobre Carrero Blanco. Pero, correcto, también.

La cuestión es por qué la ley no se aplica a todo el mundo. Es decir, por qué no ha sido detenido Pepe López, de una tele local tinerfeña, que afirmó: “Le daría a Sánchez Gordillo 6 tiros en la boca y disfrutaría viéndolo pudrirse en la tumba”. Parece un comentario que se ajusta a “hacer apología del delito” o “fomentar el odio”. O, por ejemplo, estos dos, ambos escritos por militantes de las juventudes del PP: “Lo de Pilar Manjón es infame. Cada día dudo más que el hijo de esa tipeja fuese el 11M en 1 tren… deplorable su actitud” o “@agarzon aunque pensándolo bien matarte a ti o a todos los de tu calaña nos va a salir igual d caro! Igual no va a ser tan malo… payaso”. Si se buscan, los hay más explícitos.

Es decir, el gobierno no ampara a todo el mundo y, más aún, usa los instrumentos de la administración para proteger a un grupo de ciudadanos y atacar a otro que, supuestamente, tiene los mismos derechos. La ley queda como algo discrecional que depende de la voluntad del gobernante. No hay derechos por el hecho ser ciudadano, sino decisiones dependiendo de las personas. El estado, entonces, no es de todos e, incluso, es hostil a algunos. Es solo una máquina administrativa para defender ciertos privilegios de cierta élite y sus círculos. Es algo bastante común en la historia de España.

Si la administración, la ley o el estado, conceptos fríos, desemparan a amplios sectores de población, es complicado que esos grupos asuman el correlato emotivo, la nación. Por eso, España tiene tantos problemas para existir como estado y como nación. Si el gobierno quiere que exista, no tiene que colocar grandes banderas, sino extender derechos y formar ciudadanos.

Leer, pensar, escribir y organizarse

Viernes, 9 de Mayo de 2014

Nadie debería esperar nada de las elecciones del 25 de mayo. De momento, los procesos políticos, ya no digamos los sociales, no se adaptan a los formatos televisivos, ya no digamos a twitter. Todo se mueve más lentamente, a través de consensos que no cambian por unas elecciones y hacia el resultado de esa votación concreta, sino que evolucionan por crisis y hacia nuevos consensos basados en programas ideológicos ya desarrollados previamente.

Los consensos son amplios terrenos de juegos pactados por élites políticas, económicas y, sobre todo, intelectuales, y legitimados por las sociedades a través de instituciones como el sufragio o mecanismos como el no uso de la violencia.

Hoy se celebra el aniversario del fin de la II Guerra Mundial, el nacimiento del consenso del 45, llamado también estado del bienestar. Vamos a simplificar. La crisis, más que el conflicto, fue la previa ascensión de los totalitarismos. El diagnóstico fue que la causa había sido la excesiva desigualdad que provocaba una sensación de desamparo en amplias capas de la sociedad. El progreso, base del consenso burgués del XIX no bastaba.

El concepto filosófico fue la igualdad y el proyecto político concreto, la cohesión social. La base filosófica fue Marx y los proyectos políticos concretos, dos derivaciones recogidas en el Manifiesto: el socialismo burgués (Keynes, social-democracia) y el socialismo caritativo (doctrina social de la Iglesia, democracia-cristiana). Ambas recogían la canalización institucional de las demandas sociales. De nuevo, perdón por la simplificación.

Establecido el consenso, se establece la medida de lo posible. Con una economía por los suelos y una deuda pública disparada, Reino Unido levantó su sistema de cohesión social: sistema nacional de salud, prestaciones por enfermedad, desempleo o jubilación y búsqueda del pleno empleo. Su ‘padre’, William Beveridge, llevaba en la administración británica desde 1907 desarrollando proyectos y, sobre todo, publicando informes.

De esa cohesión social, nació la sociedad de consumo, un sistema basado en la rápida producción y comercialización de bienes y servicios. Esto era posible gracias a la existencia de amplios grupos de población con excedentes de renta periódicos y asegurados.

Hoy, con una economía mucho más saneada y una deuda pública muy inferior ese sistema es insostenible. No han cambiado las cifras; ha cambiado el consenso.

Estamos en el consenso del 89. Su crisis no fue la caída del Muro, sino la previa sensación de debilidad occidental, concretada en la derrota asiática. El diagnóstico fue que la causa era un exceso de bienestar. El consenso del 45 había provocado un profundo cambio social basado en la aparición pública de las minorías y el cuestionamiento de las superestructuras previas: dios, patria, familia o propiedad. Era necesiario romper la confianza de la sociedad en sí misma provocada por la cohesión social y recuperar esas creencias.

El concepto filosófico fue la libertad y el proyecto político concreto, el progreso individual. La base filosófica fue el liberalismo centroeuropeo y los proyectos políticos concretos, tras entroncar con el conservadurismo anglosajón, la evolución de la social-democracia hacia el liberalismo compasivo y la evolución de la democracia-cristiana hacia el neoconservadurismo.

Establecido el consenso, se establece la medida de lo posible. El sistema de servicios públicos es insostenible y el pleno empleo, una utopía, pero sí es posible ‘crear’ billones de euros para rescatar un sistema financiero ineficiente. Ya no estamos en la sociedad de consumo, ni en la soceidad de comercio, ni en sociedad de producción, sino en un sistema económico basado en la economía financiera, los rápidos flujos especulativos.

Los principales actores de ese nuevo consenso llevaban ya mucho tiempo en las administraciones o los centro de pensamiento.

El consenso del 89 está provocando en Europa efectos ya vistos en Latinoamérica o Asia: depresión económica, desigualdad, miseria, en resumen. El diagnóstico está comenzando a quedar establecido, pero el resto está por escribir. Falta por definir la base filosófica o el proyecto político concreto. Ahí es donde se deberían concentrar los esfuerzos para aprovechar la crisis de la que nacerá el nuevo consenso.

Las elecciones no cambiarán nada, pero son una parte del cambio. No basta con votar. No es la única forma de participación política; incluso, no es la más importante. Hay que leer, pensar, escribir y organizarse. El resto es mear en el mar.