Archivo de Abril de 2014

Homenaje a Petrikorena

Sábado, 26 de Abril de 2014

La Federación de Asociaciones de la Prensa de España se ha unido al silencioso homenaje que, desde hace años, los gabinetes de comunicación de numerosas instituciones realizan a Juan José Petrikorena, responsable de comunicación de HB, Batasuna o Sortu. La FAPE ha establecido que los partidos pueden elegir qué medios pueden asistir a sus ruedas de prensa y ampara su capacidad de veto. Es decir, mandar a la calle a determinada gente, como hacía Petrikorena en los ochenta.

Otro emprendedor olvidado. Petrikorena fue el precursor de las ruedas de prensa sin preguntas, que se han popularizado con el nombre de comparecencias hasta convertirse en la principal herramienta de la comunicación política. También estableció el elemento de discrecionalidad de la ruedas de prensa, que profusamente emplea la actual presidencia del gobierno. La secretaría de comunicación de Moncloa pacta preguntas, cede el turno a quien le parece y margina a medios que nunca pueden preguntar, como hacía Petrikorena.

Por lo menos, merecería un brindis en la copa de Navidad.

Andalucía

Domingo, 13 de Abril de 2014

Para analizar la situación andaluza es imprescindible entrar en wikipedia.

Susana Díaz (PSOE). En 1997, 23 años, fue elegida secretaria de Organización de las Juventudes Socialistas de Andalucía. En 1999 fue elegida concejal en el ayuntamiento de Sevilla, delegada de Juventud y Empleo y, posteriormente, de Recursos Humanos. También fue delegada del distrito Triana-Los Remedios. Desde entonces, diputada por Sevilla en el Congreso de los Diputados entre 2004 y 2008, diputada por Sevilla en el Parlamento de Andalucía desde 2008, y senadora por Andalucía entre 2011 y 2012. El 6 de mayo de 2012, Consejería de Presidencia e Igualdad en la Junta de Andalucía. Un año después, presidenta de la Junta.

Moreno Bonilla (PP). A los 23 años, alcanzó la presidencia de Nuevas Generaciones de Málaga y con 26 ya era presidente de Nuevas Generaciones de Andalucía. En 1997, con 27 años, fue elegido presidente de esta organización juvenil del Partido Popular a nivel nacional. Concejal del Ayuntamiento de Málaga (1995-1997). Diputado por la provincia de Málaga en el Parlamento de Andalucía (1997-2000). Diputado nacional en el Congreso durante las VII, VIII, IX y X legislaturas. Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad (2011-2014). A partir de marzo de 2014, presidente del PP de Andalucía.

Zarzuela II

Lunes, 7 de Abril de 2014

Zarzuela piensa que todo es una zarzuela, donde todos los líos se solucionan en el penúltimo acto para dar paso a un final feliz de dúo amoroso y coro popular; una opereta donde argumento solo busca el lucimiento del tenor; una comedia dell’arte donde un mismo actor puede ser el bravo Scaramouche y el malvado Pantalon con solo cambiarse una máscara. Pues no. O requiere más pericia de la empleada.

La Jefatura del Estado decidió hace meses abandonar su posición institucional para tomar partido en una situación concreta, el proceso judicial de la Infanta Cristina. Perfecto, pero es conveniente saber que, cuando una institución con esa legitimidad decide ponerse la máscara bufa de abogado picapleitos, deja el palco y aparece en la escena. Y queda entonces a juicio del respetable que puede elegir el aplauso o los tomates.

Así, se entiende lo sucedido esta semana. La Jefatura del Estado ha tenido que salir a desmentir a un dictador y a una periodista. Y no está claro que haya conseguido su objetivo. La gente no sabe a quién creer porque el mismo que niega con el rostro serio de Balanzone su participación en el asunto Obiang es que quiere hacer de astuto Briguella en el juzgado de Palma, del que ya no se habla. El problema es que ya no está por encima. Juan Carlos y Obiang son un dúo cómico.

Lo mismo sucede con El País. No puede pintarse la cara al hablar de Venezuela y, después, lavársela para hablar del 23-F. Si uno decide aprovechar la legitimidad de la institución para lograr un objetivo concreto, debe saber que suele perderse la alforja en el viaje.

El ruido nos confunde; las astracanadas de los personajes bufos nos quieren hacer creer que todo es zarzuela y opereta. Pero no. Aún, no. España no es aún un sainete. Como vuelva a serlo, estamos jodidos.

Zarzuela I

Domingo, 6 de Abril de 2014

La prensa madrileña en papel, ya toda de la CEDA, se lanza en tromba a atacar el libro de Pilar Urbano en el que desarrolla la teoría apuntada en otros, como el de Javier Cercas: el 23-F fue un golpe de estado alentado por el Rey, tolerado por casi toda la oposición y ejecutado por Armada, al que se le escapó el Gólem, como al sabio cabalístico de Praga. “Yo no he llegado hasta aquí para que los comunistas entren en el Gobierno”, dijo Tejero a la autoridad militar. Un buen resumen de todo.

Cebrián dice “es mentira”; Rafael Puyol dice “es mentira”; Suárez Illana dice “es mentira”. Da igual. Desde hace siglos, España eligió la fe en lugar de la ciencia como base de su arquitectura mental y volvió a elegir la fe en lugar de la razón como base de su arquitectura institucional. Cebrián, Puyol y Suárez Illana piden fe y la fe, como explica el Catecismo, “es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela”. Te lo crees o no te lo crees, como el final de Lost.

Otros países eligieron la razón. La diferencia se veía bastante bien el viernes en el Hora 25 de Ángels Barceló dedicado a los secretos de estado. Hay países donde los documentos se desclasifican automáticamente a los treinta años; otros, donde basta con que un ciudadano lo pida; otros, donde está claro que el material producido en el ejercicio del gobierno no es personal, sino institucional.

Aquí, los documentos del 23-F siguen clasificados, los papeles de Suárez están en poder de su hijo que enseña lo que quiere y cuando quiere y Cercas no pudo acceder a la totalidad de las grabaciones de TVE. No necesitamos gente que, desde las portadas de los diarios, nos pidan fe, sino un marco legal que garantice que esta es innecesaria porque tenemos todos los papeles.

PD: En el H25 de Ángels Barceló resultaba desolador escuchar a historiadores explicar cómo tiene que trabajaban con los archivos de otros países porque los españoles siguen cerrados.

El fin del consenso

Jueves, 3 de Abril de 2014

En estos días necrófilos ha circulado la pregunta de qué está sucediendo para que se cuestione de una forma tan intensa el consenso del 78. La respuesta es bastante sencilla: el consenso ya no existe. El consenso ha dejado de serlo y se ha convertido en un entramado que solo sirve a una parte, la élite que lo ejecuta, mientras que la ciudadanía, legitimadora, ha desaparecido.

Un consenso es un acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos.  Es decir, un consenso tiene un fuerte componente pasivo porque la mayoría de los grupos no interviene en la negociación y solo aceptan el pacto dejando de hablar de él; es decir, convirtiendo el consenso en el espacio de lo posible, haciendo que lo establecido en el consenso sea el terreno de juego.

El consenso del 78 comenzó con una transacción entre dos grupos: élites gubernamentales y élites opositoras, cuya frontera estaba menos delimitada de lo que el relato ha posterior ha establecido. Las primeras hicieron una cesión parcial del poder a las segundas y, a cambio, estas aseguraron el respeto a su expolio y garantizaron su inmunidad, además de una cierta veneración de su memoria.

¿Hay que dar gracias al asesino porque deje de matar?, ¿hay que dar gracias al tirano porque deje de serlo? No son preguntas de Shakespeare, sino del 78 y la respuesta que se dio fue “sí”. En la transición del País Vasco, similar a la española, se ha dado la misma respuesta a la segunda pregunta; proporcionalmente, claro.

La ciudadanía legitimó la transacción a cambio del paquete democrático (derechos, libertades, etc.) y de la seguridad de que predominaría la tranquilidad. En Oriente Medio, el acuerdo fue paz por territorios; aquí fue paz por territorios psicológicos.

Las nuevas élites pactaron un marco que garantizaba su asentamiento como redes de poder (aplicado a la política: sistema electoral o modelo de partido) y la ciudadanía legitimó ese pacto convirtiéndolo en consenso al recibir, además, del paquete democrático, el paquete del bienestar: impuestos universales, directos, proporcionales y redistributivos, servicios públicos y, sobre todo, amplias perspectivas de mejora.

Tal cosa ha desaparecido. Ya no hay perspectivas de mejora, ni individuales ni intergeneracionales. Y la segundas son más destructivas. Las sociedades aceptan mejor su desventura particular que el fin del ascensor social. El sistema impositivo vuelve a ser discrecional, fijo y extractivo; tasas para la mayoría, exenciones para la minoría. Los servicios públicos, otra forma de ascensor social y redistribución, están en retroceso. Y seguirán.

El consenso, entonces, ha desaparecido o, al menos, se reduce a un aparato institucional que solo beneficia a una parte. Dentro de esa desaparición del consenso es donde debemos leer las apelaciones al orden público y la terrible sentencia de que la policía es el último garante (frase que se dijo primero en Barcelona). Eso es lo que sucede en los regímenes sin consenso, como las dictaduras. En los regímenes con consenso, el último garante son las instituciones.

El que el debate político se quiera reducir a una cuestión de orden público es no querer ver la realidad. Y esta, tozuda, va a a seguir existiendo.