Archivo de Marzo de 2014

El mundo real y una jodida alianza

Martes, 4 de Marzo de 2014

No es lo más popular, pero entre las cosas apropiadas, expoliadas o privatizadas está el ejército. La primera leva moderna se produjo en la Revolución Francesa y, a partir de ese momento, el de defender la soberanía nacional se incorporó a las cartas de derechos. La palabra nación resucitó como sinónimo de pueblo y el concepto de soberanía nacional se oponía al despotismo del trono y el altar, donde el territorio y sus gentes eran patrimonio de una élite. Después, las cosas han acabado donde han acabado.

Ese es el contexto de la famosa segunda enmienda norteamericana, la del derecho a portar armas. Al igual de la Convención Nacional de la Francia revolucionaria decía que “Desde este momento, y hasta que todos los enemigos hayan sido expulsados del suelo de la República, todos los franceses están en permanente requisición para el servicio de las armas”, los estadounidenses se dijeron: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”.

No es lo más popular, pero puede ser que el ejército y la guerra haya sido la expresión más concreta de los ideales revolucionarios. Por lo menos, de la igualdad. En los lugares por donde se extendió la modernidad, todo el mundo iba a la guerra; unos, a primera fila y otros, a segunda, pero todos morían y mataban. Todos sufrían lo que el conservador Michael Burleigh llama “el mundo real”, donde está excluida la frivolidad en la toma de decisiones porque todas, desde avanzar por el norte o aplazar a mañana la resolución de un código cifrado, tienen consecuencias graves.

Tras el 45, el ejército y las armas han sufrido un proceso de apropiación y, en algunos casos, privatización por parte del estado a través de la desaparición de las levas, la profesionalización y, en algunos casos, el uso de mercenarios, como era habitual en el mundo premoderno. No es una idea muy popular, pero es posible que esto esté en la raíz del desmantelamiento de la soberanía nacional, nación como sinónimo de pueblo, y en la recuperación de terreno por parte de la élite, que vuelve a poseer territorios y gentes. Esta idea necesita de un ensayista francés

La cuestión es que ese proceso también provoca la desconexión con el mundo real. Recuerdo un artículo donde se sostenía que los cuatro de las Azores hablaban con tanta ligereza de la guerra porque nunca habían visto ninguna. Esto es lo que ha sucedido en el último mes. Sin tener en cuenta las consecuencias, ni leer historia, la UE apoyó un cambio de gobierno violento en Ucrania. Era previsible que Rusia, que nunca ha salido del “mundo real”, realizaría movimientos, concretos y sin prisa, como corresponde a un país, casi, premoderno. La UE, donde parece que nadie mirar mapas, ni lee historia, no podía garantizar la defensa de ese cambio de gobierno, más allá de sanciones diplomáticas y económicas.

En sociedades ya desconectadas de ese “mundo real”, es complicado imaginar a un gobierno de la UE capaz de aguantar el goteo de ataudes. Rusia, sí. Mi amiga Eva Orúe me confirmó una percepción hace años: allí, la vida humana tiene un valor diferente. Rusia sí puede aguantar los ataudes que haga falta y llegará hasta donde quiera. No saldrá derrotada, como en la I Guerra de Crimea. Mejor dicho, llegará hasta donde necesite. Es probable que sea Moscú quien cobre el precio de ese 5% del territorio de Ucrania que China compró el pasado mes de septiembre. Rusia y China, el oso y el dragón, jodida alianza.

PD: En la UE, el regreso al “mundo real”, a la conexión del ejército con la sociedad, puede tener otras consecuencias. A un nivel práctico, un pueblo con costumbre de violencia no se dejaría expoliar con tanta facilidad. O sí, me dice la parte pesimista.

En defensa de González-Ruano

Domingo, 2 de Marzo de 2014

Un libro, El marqués y la esvástica, documenta el pasado infame del periodista César González-Ruano. La investigación de Garcia-Planas y Sala Rose demuestra que Ruano escribió artículos antisemitas por encargo del régimen nazi, traficó con salvoconductos y estafó a judíos que acabaron en los campos de concentración. En París, por ejemplo, ocupaba un lujoso piso del judío huido José Berheim. Una consecuencia de las revelaciones del libro es el cambio del premio que llevaba su nombre. El premio de periodismo González-Ruano, concedido desde 1975, es ahora el premio de Relato Corto Fundación Mapfre.

No es extraña la delectación que produce la memoria cuando es inofensiva y la repulsión que genera cuando toma cuerpo. El Congreso recuerda cada año el Holocausto en una celebración donde los españoles que murieron en los campos de concentración tienen un papel secundario, cuando no marginal. Es fácil llorar por el dolor ajeno.

La mejor metáfora sobre la memoria está en la película danesa Festen. Todos han hecho el esfuerzo de ir a la celebración del cumpleaños del viejo patriarca. La familia está conmocionada a causa del suicidio de una de sus hijas, que se ahorcó en uno de los baños. En los parlamentos de la comida, otro hermano revela que su padre abusaba de ellos durante el baño y que esa fue la razón del suicidio. Si se hubiera contado algo así del patriarca de otra familia, todos se habrían indignado, pero la relevación los hiere. Ese recuerdo no solo destruye el relato familiar y acusa a su base y nexo, sino que incrimina al resto en la infamia: sé que mirasteis para otro lado. El resto de asistentes lo lleva a un bosque cercano para darle una paliza, que es lo que se suele hacer en estos casos.

Es fácil hacer flotar la mierda ajena, pero las acusaciones son familiares: propaganda, expolio o apropiación. En España tuvo lugar la primera batalla de esa Segunda Guerra Mundial y provocó su mayor revolución social en cinco siglos. Pisos, lujosos o no, tierras, fábricas, tiendas, negocios, cátedras o clubes deportivos cambiaron de propietario. También, 140.000 desaparecidos y 30.000 niños robados, la apropiación de la vida y el expolio de la muerte. Para contextualizar el número, en Argentina hubo 500 niños robados y solo hay un país en el mundo con más fosas comunes por abrir: Camboya. También, hubo gente que traficó con salvoconductos y con medicinas.

España está llena de gente como González-Ruano y la Transición se basó en respetar su expolio, garantizar su impunidad y venerar su memoria a cambio de que hicieran una cesión parcial del poder. Escupir en la tumba de González-Ruano es un ejercicio frívolo si se mira como una historia ajena y solo adquiere sentido si se asume como propia, si se amplia a todos los gonzalez-ruano que hay, si se admite que España es un país hecho de esa materia prima y que el periodismo de hoy participa activamente de ella, defendiendo vivamente el olvido, la infamia y la impunidad.