Archivo de Noviembre de 2013

111 personas

Jueves, 7 de Noviembre de 2013

Entendí el desastre de Valencia hace tres años. Trabajaba en un acto deportivo en Alicante y le comenté al realizador en broma: puedes tomar un plano del palco para informativos porque el 90% están imputados en algo.

Pero la revelación llegó al día siguiente leyendo el Información. El titular decía: todos los implicados en la trama Brugal, uno a uno. 111 personas (44 imputados y 67 investigados). No se me ha escapado ningún número. Más gente que en Juego de tronos. Ni en la Italia de los peores tiempos. El reportaje reunía las pequeñas piezas que salían y daba una visión de conjunto. Y solo el caso Brugal. En la Comundad se superponían más tramas; más arriba, estaba la Gürtel o el que pillaba de los fondos de cooperación; en Castellón, Fabra.

Un año después hubo elecciones y nadie, o prácticamente nadie, perdió el puesto. Kant no era valenciano.

La ciudadanía fue incapaz de ver que la corrupción es dañina para la economía y acaba con el tejido productivo. Las empresas eficientes no son recompensadas porque todo funciona por comisión, los recursos para la corrupción se detraen de otras partidas y ese movimiento de dinero artificial crea burbujas. La corrupción pide el concurso de otros actores, como las cajas, para emprender nuevos proyectos de los que hurtar recursos y repartir comisiones. La gente suele confiar en el efecto migajas: si hay dinero por arriba, algo caerá.

Las dos cajas, el motor-colchón-desfribilador de una economía basada en pymes ya no están. Valencia se agarra al turismo, pero la mayor parte de la comunidad es de interior. Ahora, llegan las lágrimas, pero el reportaje estaba al acceso de todo el mundo. Solo había que leerlo o quererlo leer.

PD: Hoy, Expansión tiene un pequeño faldón: casi 150 imputados financieros.

Marhuenda refuta a Kant y explica a Lara Bosch por qué La Razón defiende la piratería

Miércoles, 6 de Noviembre de 2013

Kant no podía haber imaginado mejor metáfora para el imperativo categórico. Un tipo sentado frente a su ordenador con dos ventanas abiertas: filmin y seriesyonquis. Su deseo (no le importa el tiempo, ni la calidad) es pulsar la segunda porque la película le resultará gratis; puede pulsar ambas porque la ley no sanciona la descarga particular de material protegido; lo que no tiene claro es cuál debe pulsar.

A Lara Bosch, presidente de Planeta, como a otros muchos, le gustaría que la ley sancionara esa descarga, pero tal cosa necesitaría un sistema parecido al de la RDA, donde medio país controlara al otro medio. Pero, mejor aún, le gustaría que ese tipo tuviera claro qué botón debe pulsar, que la moral pública condicionara su ética personal y se viera obligado a adquirir el contenido protegido por derechos en lugar de la otra opción. Tal cosa también es imposible y él lo sabe porque lo promociona. Si Lara Bosch quiere que el tipo frente al ordenador tenga en cuenta criterios morales a la hora de tomar su decisión, él también tendría que aplicarlos.

Los tres verbos clave son quiero, puedo y debo; los tres conceptos: la voluntad, libre albedrío y la moral. Yo quiero hacer algo, no me ve nadie y no está sancionado por la ley, pero no lo hago porque existe una estructura de control social que tengo interiorizada. No es algo tan terrible; lo practicamos en cada cola que hacemos. Si esto no existiera en absoluto, no habría mossos para controlar al personal. Es algo que surge en el siglo XVIII porque, hasta entonces, era imposible el “no me ve nadie”. Dios existía y lo veía todo.

Kant dice, en cambio, que “toda la moral del ser humano debe poder reducirse a un solo mandamiento fundamental, nacido de la razón, no de la autoridad divina”. Para él, existen dos tipos de caminos: heterónomo, que es irreflexivo y obedece reglas impuestas por una autoridad exterior, y autónomo, cuando se utiliza la razón. El imperativo categórico es una obligación absoluta e incondicional, y en todas las circunstancias ejercería su autoridad, ya que sería autosuficiente y no necesitaría justificación externa. Es decir: solo me llevo del montón los periódicos que he pagado.

Desde hace algunos meses, Francisco Marhuenda, director de La Razón, refuta a Kant en cuanto tiene ocasión. Suele decir que la responsabilidad de los cargos públicos solo se establece cuando los tribunales pronuncian su sentencia definitiva. Es decir, Marhuenda es partidario del camino heterónomo, donde el hombre no es autónomo y obedece reglas impuestas por una autoridad exterior. Es decir, el espectro del quiero no lo establece el debo, sino el puedo. Hago hasta donde me sanciona el que aplica la ley. Y es algo que defiende en su periódico, cuyo editor es Lara Bosch.

El Presidente del Gobierno cobró por su actividad privada cuando ya tenía actividad pública. No es algo ilegal, sostiene Lara Bosch por boca de Marhuenda. El Presidente del Tribunal Constitucional escondió un dato fundamental de su vida pública en la comparecenca ante las Cortes. No es algo ilegal, insiste Lara Bosch. Correcto. Quiere esto decir que querían hacer algo y lo hicieron porque podían; el imperativo categórico, el pensamiento autónomo, la moral o el debo hacer no tienen cabida. Este esquema mental facilita la decisión del hombre frente al ordenador: seriesyonquis.

Ese modelo también fue el que permitió al PP recibir donaciones y distribuirlas en financiación de las campañas electorales y complementos a cargos públicos. Querían, podían y lo hacían. Y Lara Bosch está de acuerdo. Y a la hija del Jefe del Estado y a su esposo hurtar dinero público. Este caso es especialmente interesante porque casi todas las instituciones del estado se han puesto al servicio de un objetivo, que esas dos personas esquiven el cumplimiento de la ley. De Kant, ni hablamos. Y Lara Bosch está de acuerdo.

Pues punto. La opción está clara: seriesyonquis.

Alemania nos va a dar otra vez

Lunes, 4 de Noviembre de 2013

Hace justo dos años, nueve de noviembre de 2011, publicó Cinco Días:

Alemania se financia a coste cero gracias a la crisis de la deuda

La consecuencia de estos años de burbuja de liquidez hacia Alemania, gracias a su política de empobrecer al Sur, sale hoy en El Economista

El capital privado alemán supera el nuevo récord histórico de 5 billones

El diario lo llama “el dinero de las familias”, siguiendo el marco mental corporativo de considerar como de todos lo que tienen unos pocos (y de nadie lo que es de todos). La inferencia de esa premisa es que el interés del capital privado es siempre el mismo y lo que beneficia a “las familias” nos beneficia a todos. No hay que ser muy inteligente para entender que los intereses de la familia López no son los mismos que los de la familia Botín. Pues bien, hay mucha más gente de la que nos pensamos que no alcanza ese nivel de comprensión. Es gente que cree que pagar 20 euros menos de IRPF y pagar dos euros más en el abono transporte, un euro más en el peaje, cinco euros más en el IBI, cuatro euros más en la tasa de basuras, quince euros más en el recibo de la luz, siete euros más en medicinas, cuatro euros más en el gas y seiscientos euros más en la matrícula de universida del niño es algo muy positivo.

Es dinero de algunas familias porque, como bien indica la información. En 2005, había un 12,2% de personas en riesgo de pobreza; en 2011, 16,1. Intuyo que el dato habrá seguido creciendo.

La cuestión es dónde va ese dinero. Un faldón en la misma página afirma:

El ahorro disminuye en Alemania a niveles de 2002. Los bajos tipos de interés y la confianza en la economía, el motivo

[Ojo, la información también dice que “entre 2011 y 2013, la proporción de ciudadanos que no pudieron ahorrar por falta de recursos suficientes subió del 17 al 21,9 por ciento”. El cóctel alemán de desigualdad, precariedad e inmigración].

Los bajos de tipos de interés… Ahí está la cuestión. El tipo de interés está provocado que, en Alemania, haya crecido la inversión en vivienda, lo que nunca baja de precio, como saben todos los alemanes. Mucha liquidez, tipos bajos, inversión inmobiliaria… burbuja. A Alemania le conviene una subida de tipos de interés en la Eurozona para controlar la inflación y que el dinero vaya a depósitos, planes de pensiones conservadores, etc.

Sería una medida que volvería a destrozar al Sur, concretamente a España. Significaría una reducción, aún mayor, del crédito y, sobre todo, la subida de las hipotecas. También destrozaría a parte de esa Alemania jodida. La duda es en quién pensará el nuevo gobierno alemán.

Resumen de la conferencia política del PSOE

Domingo, 3 de Noviembre de 2013

psoe